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Unicel: entre la conciencia ecológica y el golpe a la economía en Oaxaca

La iniciativa de la prohibición del uso de unicel en la capital sigue en la congeladora.


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El auge de la conciencia ecológica llegó a Oaxaca, y desde el Cabildo capitalino la regidora de Salud Pública y Vialidad, Leslie Jiménez Valencia, presentó la iniciativa para prohibir que los negocios de venta de alimentos y bebidas sirvan sus productos en recipientes y empaques de unicel.

Aprobada la iniciativa en la sesión de Cabildo del dos de septiembre, se esperaba que no pasara de octubre para que la modificación al  Artículo 16 del “Reglamento para el funcionamiento de establecimientos comerciales de Oaxaca de Juárez” fuera publicada en la Gaceta Municipal y el Periódico Oficial del estado, sin embargo, sigue en periodo de gracia.

La iniciativa ha sido aplaudida a nivel estatal y nacional por ecologistas y personas con interés en cuidar el medio ambiente, sin embargo, del otro lado de la moneda se encuentran los comerciantes de estos productos y los vendedores de alimentos y bebidas, quienes sin duda se verán afectados en la disminución de las ventas.

Aunque ningún inspector o supervisor del Ayuntamiento ha llegado a los establecimientos a informar las nuevas disposiciones, los comerciantes se han enterado por las noticias y redes sociales y están haciendo el esfuerzo por comenzar a cambiar los envases de unicel por otros tipos de materiales, como cartón y papel.

Un gasto que afecta la ganacia

Los comerciantes hacen un esfuerzo económico porque los platos, vasos y domos de unicel son más baratos que los de otros materiales, y al comprar e introducir estos invierten más en el empaque, lo que en realidad les genera un gasto, que han tratado de subsanar aumentando el precio de lo que venden.

Doña Luisa, quien vende bebidas calientes en el mercado “Benito Juárez Maza”, asegura que es una iniciativa que afecta a los comerciantes. Ella tomó la decisión de sustituir el vaso de unicel por uno de cartón, gastando más y adquiriendo menos unidades.

Ese cambio la obligó a aumentar dos pesos en cada vaso de chocolate, café o atole, provocando inconformidad en sus consumidores, lo que la hace pensar en volver a manejar el unicel hasta que no se haga oficial la reglamentación.

Unicel, la opción económica

“El unicel lo usa la gente porque es económico”, asegura una comerciante de desechables y bolsas plásticas, con más de 40 años de vender el producto en el mercado “Benito Juárez Maza”.

Sin ser mayorista, asegura que aun vendiendo por cajas la ganancia es mínima. Sus principales compradores son los vendedores de tamales, esquites y tacos, quienes usan vasos de unicel que, por un paquete de 25 unidades pagan ocho pesos, en comparación con los de carton, que cuestan 50 pesos por 50 unidades.

La mujer comerciante dice estar consciente del problema de generación de basura, sin embargo, piensa que la solucion a la “enfermedad” está en otro lado, no en prohibir el uso de este material, que en consecuencia afecta a este tipo de comercios.

El consumo por practicidad

La propietaria de otro negocio de desechables y artículos para fiestas infantiles, ubicado en la calle de Las Casas, asegura que su venta no ha descendido, sin embargo, conoce de la prohibición para los comerciantes de alimentos y, pretende, cuando sea inevitable, introducir producto de cartón.

Dueña del negocio y el local, dice no tener miedo de que el giro ya no sea rentable, sin embargo, asegura que sus ventas no han descendido.

En su opinión, el uso indiscriminado del unicel se debió a la comodidad para llevar los alimentos. Rememora que con anterioridad a la existencia del unicel, todo consumidor llevaba un recipiente al momento de comprar, sin embargo, cuando surgió el material desechable, tanto comerciantes como consumidores se acostumbraron rápidamente a él por su practicidad.

El poder adquisitivo también ha influido, según la opinión de la microempresaria, pues el unicel, a diferencia de materiales como el cartón, es más económico. Estimó que para que las personas se acostumbren a no usarlo para servir o empacar los alimentos, pasará al menos un año.


 

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