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Tiende el Ejército la mano al Istmo, Oaxaca

5 mil elementos castrenses han estado en pie de lucha dando alimentos, víveres y resguardo a miles de damnificados desde el pasado 7 de septiembre cuando un sismo de 8.1 grados devastó la región


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El Istmo de Tehuantepec está militarizado, 5 mil 635 elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional recorren las calles de 41 municipios todos los días, pero esta vez no hay voces de oposición y crítica, sino de agradecimiento y solidaridad. Con la orden presidencial de ser la única autoridad responsable de entregar víveres, alimentos, agua, colchonetas, ropa, lonas-todo tipo de apoyo- las fuerzas castrenses han tomado, como en cada emergencia, el papel de primer respondiente, de mayor auxilio en la zona de desastre.

La base aérea militar de Ciudad Ixtepec se ha convertido en el punto neurálgico del apoyo que viene a Oaxaca de todo el país, desde Baja California, desde la Ciudad de México, de las delegaciones de la Cruz Roja. Las latas de atún, las botellas y latas de agua potable, los pañales, el papel de baño que se ha acopiado se encuentra aquí. Hasta ayer, el Ejército había entregado 355 mil despensas en los municipios damnificados de la región, muchas a través de los 31 albergues que administra –la Marina instaló siete más- en donde la comunidad se ha unido a los militares para preparar alimentos, limpiar terrenos, montar casas de campaña y hasta cortarse el cabello.

Ayer el comandante de la VIII Región Militar, Alfonso Duarte Múgica, junto a representantes de la organización Derechos Humanos Internacional, realizó un recorrido por cuatro albergues municipales en donde supervisó las condiciones en que operan, el número de personas atendidas, el abasto de víveres y sus carencias.

La visita de Duarte sorprende a la comunidad de Santa María Petapa, reunida toda alrededor de una primaria donde aterriza el helicóptero. “Nosotros vimos el helicóptero y corrimos”, dice una señora que pregunta quién viene.

-Es el comandante de la VIII Región Militar, el que coordina el apoyo del Ejército, -le responde uno de los acompañantes, que le pregunta: ¿la han tratado bien los militares?

-Muy bien, no hay ninguna queja.

Tras unas palabras de aliento “todos, damnificados y no damnificados deben recibir apoyo”, les dijo a los pobladores, el comandante sigue su camino. Otra señora, Agrícola Aguilar, cuya casa está “venteada” y tuvo que refugiarse en el albergue municipal, acompaña al mando en su recorrido de vuelta al helicóptero mientras le agradece el alimento y el techo que les han dado.

Al comandante se le pregunta si la crisis en el Istmo de Tehuantepec ayudará a que la población se reconcilie con el Ejército.

“No es reconciliación”, responde, “el Ejército siempre ha estado ahí cuando hay problemas graves, toda aquella persona que ha necesitado nuestro apoyo lo ha recibido”.

Las fuerzas armadas han sido un apoyo vital aun para las autoridades federales, ayer, durante su recorrido un secretario de Estado se comunicaba insistentemente vía telefónica con mandos militares para solicitar al comandante Duarte le facilitara una aeronave para realizar un recorrido; a su regreso al cuartel, lo esperaba la titular de Sedatu, Rosario Robles, con quien sostuvo una reunión de coordinación.

Seguridad, orden y comodidad

Entre los 38 albergues que instalaron la Sedena y la Marina en la región, el de Ixtaltepec es uno de los más confortables. Cuenta con áreas de comedor, dormitorio, aseo personal, recepción de víveres, atención médica e incluso de lavandería, juegos infantiles y un resguardo para mascotas.

El teniente encargado de este albergue explica los principios de operación: seguridad, orden y comodidad. “La más importante es la primera, sin ella las otras dos no existen”, asegura.

En su interior un grupo de ingenieros del Instituto Politécnico Nacional cavó una zanja que permite desahogar el exceso de agua generada a consecuencia de las lluvias. Las personas albergadas encuentran también apoyo de doctores y enfermeros voluntarios y de Unicef.

Su capacidad es para mil personas, pero puede extenderse a 4 mil. Actualmente hay aproximadamente 820 personas. Algunos habitantes de esta comunidad han optado por el éxodo hacia otras ciudades como Veracruz o la capital del país.

La situación, aunque en menor número de personas, se repite en los albergues de Chihuitán, que atiende aproximadamente a 400 personas, Guichicovi, con alrededor de 30, y que mantiene comunicación con agencias a través de las autoridades, y Niltepec.

Los albergues, asegura el comandante Duarte, serán esenciales en la etapa de reconstrucción del Istmo, cuando las personas deban dejar definitivamente las casas que hoy aún resguardan.

Descarta confrontación

Los alimentos, llegan incesantemente a la bodega de la base aérea de Ixtepec, donde puñados de universitarios voluntarios esperan su turno para ser “llamados a servir” junto a los elementos del Ejército. Las despensas –que de acuerdo con la estimación oficial se han repartido en tres ocasiones a cada familia damnificada desde el pasado 7 de septiembre- se siguen entregando casa por casa y, pese a que autoridades municipales han comenzado a hacer acopio de víveres y lonas para participar de la repartición de apoyos, el comandante descarta confrontarse con los ediles de la región.

“Es una instrucción presidencial”, enfatiza, “el presidente es nuestro comandante supremo, existe la orden de que solo las fuerzas armadas son las encargadas de distribuir las despensas”. Si las autoridades de Juchitán han decidido abrir una nueva vía para la entrega de víveres, asegura, será respetuoso de la autonomía municipal y no habrá intervención de las fuerzas armadas.

 


 

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