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Na’ Rosita: Se cayó la barda, pero yo sigo de pie

Doña Rosita demuestra que su fortaleza es más grande que la tragedia.


Na’ Rosita: Se cayó la barda, pero yo sigo de pie | El Imparcial de Oaxaca

Rosa Victoria de la Cruz, mejor conocida como “Na’ Rosita” el pasado jueves, por un momento, llegó a pensar que había llegado la hora del juicio final.

La mujer cuyo rostro fue pintado en una de las paredes de las casas que hoy lucen derruidas tras el sismo de 8.2 grados, no da crédito a lo que vivió junto a su esposo la media noche del 07 de septiembre.

El suelo tronó, todo se movía como olas del mar, las tejas caían y la puerta de nuestra pieza (dormitorio) se atoró y no pudimos salir pronto, explica con angustia.

Apenas unos metros adelante de su hogar, la fuerza de la naturaleza hacía de las suyas con otras casas que cayeron como si fueran de papel.

Pese a lo ocurrido aquella noche la mujer de 76 años, no se detiene cuando de trabajar se trata. Su avanzada edad no es impedimento para acudir a ofrecer sus productos al mercadito de la Estación.

Como lo ha hecho desde hace medio siglo, recolecta las frutas y verduras de su pequeño huerto y enfila hacia su puesto.

Hace unos meses, el colectivo BinniCubi “nuestros abuelos, nuestras raíces”, rindieron un tributo a los ancianos íconos de la población Istmeña y pintaron sus rostros en las paredes de la comunidad.

Su mural en fondo negro, contrastaba con la luz de su rostro y la fuerza de su expresión, pero la media noche del jueves pasado, la casa en la cual había sido pintado su cara cedió ante el brusco movimiento de la tierra.

“Yo les digo a mis hijos y conocidos que se cayó la barda, pero yo sigo de pie y mientras tenga fuerzas voy a seguir trabajando para componer mi casa”, dice como una muestra de su entusiasmo.

La mujer dedicada al comercio en el mercado local afectado por el sismo, no ha recobrado su actividad normal, las vendedoras tradicionales de pescado y verduras se consuelan entre sí y dan ánimos para seguir adelante.

Sus cuatro hijos (Carmen, Carlos, Josefina y Mario) le insisten cada mañana para que no acuda a la vendimia, las réplicas constantes generan incertidumbre no sólo en la familia, sino en toda la comunidad.

“Ahorita no hay venta, como yo, mucha gente del pueblo no ha ido a trabajar y el dinero no hay, entonces tenemos que salir a buscar el pan”, dice con alegría y una franca sonrisa.

“Están vendiendo las despensas en 35 pesos”

El Barrio Pescador, está ubicado en la parte baja de Unión Hidalgo justo al lado sur de la vía del tren, donde a diario mujeres ofrecen comida, agua y productos de la región.

El número 276/ 00 14 71 marcado en una de las paredes que todavía se sostiene de pie, es la esperanza que tienen para que las autoridades los apoyen a reconstruir.

No obstante algo les molesta cuando hablan de los supuestos apoyos enviados por el gobierno.
Juanita Cruz, ama de casa y cuya casa también se desplomó el día del sismo revela lo que muchos han decidido callar.

“Están vendiendo las despensas en 35 pesos y dicen que están bien surtidas, cómo pueden aprovecharse de la desgracia de la gente y más cuando saben que no tenemos dinero para pagarlas”, expone.

El presidente municipal Wilson Sánchez Chévez trata de forma despótica y grosera a la gente damnificada por el sismo y no baja la ayuda humanitaria para todos.

“Hay quejas sobre los actos del presidente, en los cuales denuncian los paisanos que están guardando las despensas y colchonetas en casas particulares o bodegas y darles un uso político“, denuncia.

La madre de tres hijos y dedicada al hogar clama al gobierno para que no condicionen o politicen los apoyos.
Hoy ha constado la fuerza y voluntad de la sociedad civil, misma que ha canalizado y entregado despensas y agua sin ningún interés político.

“No queremos que jueguen con nuestra necesidad y que el otro año nos pidan el voto para algún candidato, a cambio de una despensa destinada a los damnificados del sismo”, sostiene.

En Unión Hidalgo como en otros 41 municipios de la región del Istmo de Tehuantepec el panorama es desolador, la ayuda fluye despacio y no hay certeza sobre los apoyos y mecanismos de reconstrucción.

 


 

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