Vuelven a tomar fuerzas las intensiones separatistas en Cataluña
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Vuelven a tomar fuerzas las intensiones separatistas en Cataluña

El movimiento separatista ha ido llenando de listones amarillos muchos espacios de pueblos y ciudades de aquella región, como una manera de reivindicar su demanda.


Vuelven a tomar fuerzas las intensiones separatistas en Cataluña | El Imparcial de Oaxaca

Era un día perfecto de verano en la costa de Barcelona. Día de agosto soleado y con el mar en calma. El repentino sonido de una avioneta obligó a los vacacionistas a mirar a lo alto. Una pancarta gigante con el lema “¡A quitar lazos amarillos!”, se desplegó en el cielo.

El mensaje no tenía nada que ver con una campaña publicitaria ni con una acción para concientizar sobre alguna enfermedad rara. El mensaje era político. Su objetivo era animar a los ciudadanos a retirar de las calles el símbolo que el independentismo catalán ha convertido en icono de su protesta en contra de lo que consideran un “injusto” encarcelamiento de sus líderes, detenidos en octubre de 2017, tras una declaración unilateral de independencia por parte del entonces gobierno catalán.

Desde aquel momento, el movimiento independentista ha ido llenando de listones amarillos muchos espacios de pueblos y ciudades de media Cataluña. Calles, plazas, puentes, escuelas, fachadas de edificios públicos y muchos monumentos son hoy el soporte perfecto para hacer valer su protesta.

EPISODIOS DE TENSIÓN

En sentido opuesto, quienes defienden que Cataluña siga formando parte de España se propusieron retirar estos símbolos para “limpiar” el espacio público. La consecuencia de esta controversia social, que ha ido subiendo su nivel de agresividad, es que en las Últimas semanas se han producido diversos episodios de tensión entre estos dos colectivos enfrentados.

Más allá de habituales cruces de acusaciones, algunos insultos y manifestaciones contrapuestas, el incidente más destacado sucedió el pasado 24 de agosto en  el parque de la Ciutadella de Barcelona, cuando una mujer fue agredida enfrente de su familia por un hombre que, presuntamente, le propinó un puñetazo porque se encontraba retirando los polémicos lazos.

Por otra parte, diversos colectivos sociales antiindependentistas han formado también las autodenominadas “Brigadas de limpieza” que, buscando el refugio de la noche, han realizado campañas de retirada de listones amarillos en algunos pueblos y pequeñas localidades de la provincia de Girona, una de las áreas donde la idea de la independencia recoge más simpatías.

BLOQUES ANTAGÓNICOS

Como era de esperarse, la tensión ciudadana se ha trasladado también al ámbito político y, como suele suceder en estos casos en Cataluña, cuando los políticos de ambos bloques abren la boca, sube la tensión social. El presidente catalán, Quim Torra, habló de que existen brotes “fascistas” en contra de los lazos amarillos y, además, pidió a la policía catalana que actúe contra los “grupos agresivos”.

Al mismo tiempo, Albert Rivera e Inés Arrimadas, líderes del partido antiindependentista Ciudadanos, encabezaron una simbólica campaña de retirada de lazos amarillos en el municipio catalán de Alella, cercano a Barcelona, para evitar lo que, en su opinión, significa una ilegal “ocupación” del espacio público.

Partidarios y detractores de los símbolos amarillos se acusan mutuamente de poner en riesgo la convivencia en una sociedad cada día más dividida en dos bloques antagónicos: a favor y en contra de la independencia.

UN DEBATE ABIERTO

Como toda “guerra de símbolos” para dominar la narrativa visual dominante en el espacio público, la polémica de los lazos amarillos en Cataluña abrió un debate sobre el uso de esta iconografía independentista en las calles.

El catedrático de derecho constitucional de la Universidad de Barcelona, Xavier Arbós, considera que retirar lazos amarillos “como gesto político es algo tan propio de la libertad de expresión como colocarlos”.

No piensa igual el portavoz de la asociación Juezas y Jueces por la Democracia, Joaquim Bosch, quien cree que “quien no esté de acuerdo con ese símbolo puede poner otro diferente, pero no retirarlo”, ya que eso muestra “una menor calidad de la libertad de expresión”.

“ARMA ARROJADIZA”

Por su parte, la periodista Lola García, directora adjunta del diario catalán La Vanguardia, reconoce que no es asunto sencillo, “adentrarse en este debate es como atravesar una ciénaga: imposible salir limpio”, escribió hace unos días. Aunque reconoce que el derecho a la libertad de expresión está siendo utilizado por ambos bandos, cada día más enfrentados, como “arma arrojadiza”.

Para el profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Pompeu Fabra, José Luis Martí, poner y quitar símbolos políticos en el espacio público no institucional sólo nos puede llevar a “un debate pobre y un espacio público deteriorado”. Para el profesor en Cataluña y en España existe “un conflicto político de primera magnitud”, pero asegura que entrar en una guerra de símbolos no va a colocar a nadie en una mejor situación para resolver el conflicto.

LABERINTO POLÍTICO Y SOCIAL

Para el escritor y columnista catalán Antoni Puigverd la presencia de lazos amarillos es “invasiva para los catalanes que no comulgan con las tesis independentistas”. Pero valora que el listón no es una reivindicación convencional, sino que muestra “el desconcierto, la impotencia y la humillación” que ha causado en una parte de la sociedad catalana el encarcelamiento de los líderes independentistas.

Más allá de las campañas a favor o en contra de los lazos amarillos, el laberinto social y político de Cataluña se cronifica cada día que pasa. La división entre los dos bloques avanza. ¿Significan los lazos amarillos una fractura definitiva de la sociedad? Nadie se pone de acuerdo para responder a esta pregunta. Sobre todo, nadie se atreve a decir si los dos bloques antagónicos volverán a ser capaces de hilvanar juntos “un nuevo tiempo de lo vivible”, esa bonita idea de la filósofa catalana Marina Garcés.


 

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