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Columna

Estilo Joven: Tres voces del periodismo

Lecciones sobre la libertad de expresión


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Primera lección

Tres recuerdos, tres lecciones sobre periodismo con voces que debemos recordar. Miguel Ángel Bastenier falleció el 27 de abril, era una de las voces más cercanas parar todos quienes querían aprender periodismo, no a escribir, sino a escribir periodismo. Para el editor y articulista de El País había dos tipos de periodistas, “el que escribe rápido y el que no es periodista”.
Como periodista, uno sabe que ser definitivo es un objetivo lejano, casi imposible, pero sabe también que cada línea debe alcanzar a ser determinante, a cambiar el curso de los acontecimientos. Sabe que juega a cada momento con la verdad, con una verdad que dura 24 horas y debe renovarse de inmediato. Si un escritor busca la inmortalidad ésta es la vía “más equivocada”. Con la libertad de expresión como bandera principal, el periodismo libra una batalla para diferenciarse en la sociedad de la información.

“Hay una guerra legítima entre ambas partes, entre comunicación e información. En la comunicación no hay una etiqueta que diga que eso que te llega es o no es de fiar. La información es lo que llega a través de organizaciones que se dedican profesionalmente a ello. Si perdemos esa batalla, el periodismo lo tiene complicado”, dice Bastenier.

Bastenier formó periodistas, generaciones, desde la redacción y desde las aulas. El periodismo era para él una de las formas más grandes de acercarse al conocimiento, leer periódicos de joven, escribió, “es una educación y visión del mundo”.

Había, sentenciaba, cuatro jinetes del apocalipsis periodístico: la declaracionitis, el oficialismo, la hiper-politización y el desconocimiento del mundo exterior.

 

Segunda lección

 

La segunda voz. Javier Valdez fue arteramente asesinado en su ciudad, que relató y reveló, el pasado 15 de mayo. Fue una de las voces que con mayor fuerza enfrentó a uno de los peores enemigos de la prensa en México, la censura del crimen organizado, en su autobiografía dice: “He sido periodista estos 21 años y nunca antes lo he sufrido y gozado con esta intensidad, ni con tantos peligros. Donde vivo, Culiacán, Sinaloa, es un peligro estar vivo y hacer periodismo es caminar sobre una invisible línea marcada por los malos, que están en el narcotráfico y en el gobierno, un piso filoso y lleno de explosivos. Esto se vive en casi todo el país. Uno debe cuidarse de todo y de todos, y no parece haber opciones ni salvación, y muchas veces no hay a quién acudir”.

Pensar en el narco, acusaba, era “paradójico y parece una broma macabra, pero uno como periodista debe hacerlo a la hora de escribir una nota y eso hace válida aquella expresión de que el narco manda en las redacciones: pienso en él, en el capo de moda, el poderoso, el que controla la ciudad, a la hora de escribir, en si va a mandarme un ramo de granadas en respuesta a la historia que salió publicada.

“Es una forma de jugar el juego: escribir una parcela de infierno en lugar de guardar silencio, porque el silencio es complicidad y muerte”.

 

Tercera lección

 

Otra lección, una de un periodista inmortal, Ryszard Kapuściński, fallecido el 23 de enero de 2017, sobre la razón de ser de este oficio. “¿Por qué se cuentan historias? ?Para pasar el rato? A veces. ¿Para informar? ?Para decir algo que no se ha dicho todavía? Sí, a veces sólo para ganarnos el pan de cada día o para hacer que la gente entienda lo afortunada que es, dado que hoy la mayor parte de los relatos son trágicos”.


 

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