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Columna

Estilo Joven: Borges, el infinito

Borges es la fortaleza que alivia el vértigo de la “sociedad de la información” contrapuesta con la vida de la lectura, el conocimiento y la sabiduría.


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Borges acaba con la carrera inconsciente hacia el infinito por conocerlo todo porque él lo sabe todo y ese todo lo lleva a conocer más.

Borges, qué habría dicho de ese inacabable entusiasmo por publicar todo en las redes sociales, por el ánimo interminable de tomar selfies que enmascara la necesidad de hacerse siempre presente en el mundo, dejando al mundo en segundo término.

Borges es todas sus metáforas, es las ruinas circulares y es la biblioteca de Babel y la casa de Asterión y es también el Aleph.

Borges escribió: “Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales”. Hablaba de Asterión, pero hablaba de él. Él es quien nunca sale de su casa, que es el universo.

Borges es “ese objeto secreto y coyuntural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo”.

Borges, ¿Por qué causó tanta sorpresa que un presidente pronunciara mal su nombre? ¿No es un alivio saber que hay puertas que aunque estén siempre abiertas un idiota nunca va a cruzar?

Borges, se ha puesto de moda, sobretodo en Buenos Aires, criticarlo, desdeñarlo, ningunearlo incluso, por autores que olvidan (o desconocen) que el mito de la muerte del padre es 100 siglos más viejo que ellos y que Borges lo conoce mucho mejor. A él, no logran tocarlo.

Borges, en su albacea, su viuda, pienso, encontró una pequeña forma para hacer de su vida Disneylandia. Gracias a María Kodama sabemos que en su cumpleaños prefería escuchar The Wall de Pink Floyd, que el Cumpleaños feliz. ¿De qué nos sirve eso?

Borges, como todo buen juego de dobles y espejos, es a la vez el ser más erudito del mundo y a la vez ser el responsable de la creación del mayor número de personas enajenadas desde la televisión. Todos aman a Borges porque hay que amar a Borges (aún sin haberlo leído)

Borges, su lectura, también tiene una cara displicente. Todo el mundo cita a Borges porque Borges es más que universal, es infinito.

Borges, escribió Carlos Monsiváis, todos seguiremos leyéndolo “y repitiendo sus respuestas famosas, a Borges, clásico de la ironía y la continua transgresión del respeto a los vivos en el presidium y a los muertos en el mausoleo (o al revés)”.

Borges puede señalar los errores de Shakespeare. Entre gigantes se observan del mismo tamaño. “Si entendemos negrura por oscuridad, el verso de Shakespeare es falso”.
Borges perdió la vista, pero nunca fue ciego. Ese lento crepúsculo empezó (esa lenta pérdida de la vista) cuando empecé a ver. Se ha extendido desde 1899 sin momentos dramáticos, un lento crepúsculo que duró más de medio siglo, contó en el Teatro Coliseo en 1980.

Borges, en un viaje con su esposa a Egipto, en un lugar en el que olían tensión y riesgo, le dijo a María: “No nos preocupemos, disfrutemos este momento antes de que nos maten”.


 

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