El recuerdo es como un nido en el cual te puedes acorrucar, Leta Semadeni | El Imparcial de Oaxaca
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El recuerdo es como un nido en el cual te puedes acorrucar, Leta Semadeni

La poeta suiza Leta Semadeni presentará en la FIL de Guadalaja su novela Tamangur, una historia que describe el peso del alma, lo anhelos y las evocaciones. “Escribo de forma impulsiva y no planeo cómo serán los personajes”.


El recuerdo es como un nido en el cual te puedes acorrucar, Leta Semadeni | El Imparcial de Oaxaca

“El anhelo tiene garras pequeñas y puntiagudas que te obligan a mantenerte siempre en movimiento”, afirma la escritora Leta Semadeni (Scuol, Suiza, 1944) en su novela Tamangur, que presentará el 1 de diciembre en la Feria Internacional del Libro Guadalajara. En esta historia la autora narra cómo una abuela le enseña a su nieta a lidiar con la pérdida de su abuelo, hermano y padres.

Leta Semadeni es una de las poetas más importantes en Suiza y reconocida por escribir en dos idiomas: alemán y romano (vallader). Por primera vez la autora está de visita en México para promocionar su primera novela Tamangur, ganadora del premio literario más importante en Suiza: National Swiss Award 2016.

A su vez, esta obra que fue traducida al español por Claudia Cabrera y editada por La Cifra Editorial será un primer acercamiento de los mexicanos a la creación de Semadeni.

Tamangur es una novela breve de 73 capítulos en donde el corazón de una abuela hace que su nieta aprenda que Tamangur es el lugar donde su abuelo y su hermano muertos descansan, pero también es una anciana que le enseña el peso del alma, del anhelo y los recuerdos.

“La abuela es quien le ayuda a la niña cómo manejar la pérdida de su hermano y ausencia de sus padres, y también a manejar el dolor. Lo hace de una manera no pedagógica, no es que le está dando lecciones, lo hace simplemente con su vitalidad, con su alegría de vivir, con su gusto por la comida y con las cosas más cotidianas”, precisa la Semadeni.

La autora define al personaje de la abuela como una mujer sin filtro y valiente, que admira aún su cuerpo desnudo en el espejo y siente celos del primer amor de su esposo.

“Creo que en el caso de la abuela su comportamiento no tiene que ver con su edad, simplemente tiene que ver con que es una mujer muy fuerte, tiene una fuerza interior muy grande, es una mujer sin filtros, valiente, alegre y le da gusto muchas cosas en la vida”, indica.

—¿Qué son para ti los recuerdos?

—El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados. Eso es una cita del poeta alemán Jean Paul y creo que es cierto, el recuerdo es una especie de paraíso porque nosotros mismos podemos crear ese mundo. Aunque el recuerdo también está alejado de la realidad es como un nido al cual te puedes replegar o acurrucar para calentarte”, comenta la autora.

—En la novela se dice que el alma pesa 21 gramos…

—Con el alma pasa igual que con los libros. El alma puede ser muy chiquita, 21 gramos, y en esta historia lo que aparentemente pasa es algo chiquito, es algo cotidiano, nada espectacular pero es en la trama interna, en el alma de las personas, donde realmente está pasando todo. Era importante plasmar que debajo de la superficie de la simple cotidianeidad pasa el drama y la vida.

Otro personaje de la novela es el abuelo, que cuenta historias para que su nieta entienda la soledad y despierte su imaginación. “A través de estas historias la niña supera esa soledad absoluta que siente, este trauma que la agobia. Con las historias uno puede crear su propio mundo porque cuando ya no le temes a la soledad, eres libre”.

Semadeni plasma a través de la abuela la siguiente frase: ¡Qué sería del humano sin odio!, refiriéndose a la incertidumbre que siente la protagonista hacia una chelista y primera novia de su esposo.

“En el libro no estoy hablando del odio destructor, devastador, sino de ese odio pequeño y cotidiano que todos sentimos y conocemos, no somos ángeles, a todos nos resulta familiar ese odio chiquito”, destaca la autora.

—¿Por qué crear una novela de mujeres?

—En realidad me di cuenta de eso hasta que Tamangur salió impreso, no fue intencional. Pasa muchas veces en la escritura porque es algo intuitivo, escribo de forma impulsiva y no planeo cómo serán los personajes. Mi proceso de escritura es como hacer un pastel sin receta: abro el refrigerador y veo qué hay, lo pongo en la mesa y pienso en qué tipo de pastel puedo hornear con eso.