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Voces, ecos y secretos: El Naranjo crece; la memoria de Carlos Fuentes, también

Carlos Fuentes, todo un personaje que, ahora en su ausencia, cabalga impulsado por el eco de su obra y de la memoria colectiva


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El Naranjo (Alfaguara/2022), libro cuyo hilo conductor es la semilla de un árbol emblemático

Como lo dijo Elena Poniatowska en su columna del pasado domingo: “El fenómeno Carlos Fuentes se inició en 1958 con La región más transparente, aunque antes, en 1954, apareciera un anticipo en Los días enmascarados”. Hijo de diplomáticos, amigo de artistas e intelectuales, escritor de novelas fundamentales, fiestero, cautivador… todo un personaje que se supo edificar a lo largo de casi 84 años de vida y que ahora en su ausencia cabalga impulsado por el eco de su obra y de la memoria colectiva.

Este parece ser el año de Carlos Fuentes, pues se conmemoran 50 años de su ingreso al Colegio Nacional y 10 años de su repentina partida. Cuenta su viuda Silvia Lemus que un día antes de morir se sentó a trabajar en la planeación de una novela sobre “el baile del centenario”, pues es bien sabido que Fuentes era partidario de aquella frase de Oscar Wilde: “El talento es 10% inspiración y 90% transpiración”.

Su hija Cecilia Fuentes Macedo, aunque no fue incluida en los diversos homenajes, también contribuyó en mantener viva la memoria del autor de Terra Nostra, pues ha vivido su propio proceso de reivindicación a la figura de su padre, sobre todo después de publicar su libro Mujer en papel, las memorias inconclusas de su madre, la actriz Rita Macedo, primera esposa del escritor.

Entre tanto, Alfaguara —casa editorial de Fuentes— se ha sumado reeditando los títulos más importantes del autor, ediciones definitivas, con portadas de Alejandro Magallanes, especialmente diseñadas para la ocasión. A mis manos llegó un ejemplar de El Naranjo (Alfaguara/2022), libro cuyo hilo conductor es la semilla de un árbol emblemático, que cruza el mar y lleva al lector por cinco relatos largos que remiten a la madre, no a la real, sino a la hipotética que originó nuestra cultura, la esencia, los engaños, injusticias y perdiciones sobre las que sembró el México mestizo que aún intentamos comprender.

Obsesiones constantes en su literatura; el país que intentó describir y esos actos perniciosos a los que a menudo recurrió literaria y literalmente, forjando una personalidad clave en su éxito y consagración. Nace en Panamá en la misión diplomática de sus padres; en sus primeros años vive en Uruguay, Quito y Brasil, donde conoce, aún infante, a Alfonso Reyes, que en su adolescencia sería su gran faro para abrirse paso en el mundo de la literatura ¡Vaya que supo cómo caminar!

Hace unos días, en un homenaje en la UNAM, su amiga la escritora argentina Luisa Valenzuela lo recordó diciendo: “A Carlos lo formó la geografía que recorrió con sus padres embajadores; era un hombre de mundo y fascinante”.

@Urieldejesús02


 

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