Entrevistas sin fecha: Juan Pablo Villalobos | El Imparcial de Oaxaca
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Entrevistas sin fecha: Juan Pablo Villalobos

“Hoy la notoriedad pública funciona de manera distinta”


Entrevistas sin fecha: Juan Pablo Villalobos | El Imparcial de Oaxaca
Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973).

Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973) a primera vista da la impresión de ser un hombre serio, lo cual contrasta con el personaje que en Twitter cuenta su día a día con ironía y humor. Luego de varios años sin pisar su patria debido a la pandemia, regresó a finales de 2021 para participar en distintas ferias del libro. Obras como Fiesta en la madriguera, No estilo de Jalisco, Yo tuve un sueño y La invasión del pueblo del espíritu respaldan su sólida trayectoria. El próximo marzo llegará a librerías su nueva novela Peluquería y letras:

Es interesante ver su cambio de imagen post pandemia ahora se ve más relajado, más en onda así con el cabello largo, ¿no cree?

—En realidad es un accidente de la pandemia. Las peluquerías estuvieron cerradas en Barcelona; tengo mucho pelo y me crece muy rápido, y al verme obligado a soportar mi crecimiento capilar descontrolado descubrí que me gustaba y además en redes sociales comencé a hacer bromas y la gente se ríe. Digamos comencé a crear un personaje… más allá de la broma, hay un personaje público que no tiene nada que ver con mi persona íntima, el personaje es el que escribe los tuits, da entrevistas, publica libros; luego hay otro, el que es padre, amigo, hermano, hijo y vecino. Y hay un desequilibrio entre si gana más el cómo quieres que te vean o como tú te sientes a gusto. A mí me parece que ahora me siento más cómodo así porque soy más yo en los dos sentidos.

¿Entonces cree lo que decía García Márquez que todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta?

—Es distinto, porque en el contexto en el que lo dijo García Márquez las instancias de legitimación pública funcionaban de una manera muy jerárquica, muy elitistas. Los famosos tenían que ser legitimados por esos medios. Pero ahora con las redes sociales la gente suele quejarse de lo que cualquiera opina, pero eso es la democracia, esa horizontalidad y capacidad que todos tienen de hacer públicas sus ideas, que antes no se podía. En el contexto de hoy me parece que la notoriedad pública funciona de manera distinta, gente que es simplemente chistosa consigue de pronto una difusión muy grande de sus ideas, sin necesidad de ser legitimado por los medios de poder.

¿Ahora el público legitima lo que quiere ver?

—Sí (y da un sorbo a su vaso de refresco, mientras espera la siguiente pregunta).

¿No le parece banal que lo primero que le pregunté fue de su pelo?

—Pues no sé (dice con voz desganada), no es tan banal tampoco para mí porque en todos mis libros he hablado un poquito o un mucho del pelo. En mi primera novela, Fiesta en la Madriguera (2010), el protagonista es un niño que es el hijo de un narco y está obsesionado con raparse porque dice que el pelo es un cadáver que llevamos encima. En Si viviéramos en un lugar normal (2012) hay un personaje que se llama el agente “greñas” y hay un tema sobre cómo lleva el pelo. En Te vendo un perro (2014) hay un chiste a raíz de García Márquez, que en uno de sus textos habla de una mujer que había muerto y que su pelo había seguido creciendo y lo relaciono con los bigotes de los revolucionarios enterrados en la Ciudad de México; entonces siempre ha estado ahí el tema del pelo como un elemento natural en mis libros, de hecho, el próximo libro que voy a publicar se llama Peluquería y letras.

No voy a pedirle a nadie que me crea (2016). / Yo tuve un sueño

Hace muchos años que vive en Barcelona, ¿era algo que tenía planeado o fue casualidad de la vida que lo llevó allí?

—No, no es una casualidad porque quise ir a vivir allí, pero no tenía el plan de quedarme. Iba a estudiar un doctorado; al final no lo terminé, pero conocí a la que ahora es mi esposa, allí nacieron nuestros hijos y acabamos formando una familia que no es ni de México ni de Brasil, sino de Barcelona porque la familia fue fundada allí, la vida te va poniendo en el sitio.

¿Recuerda la primera impresión que tuvo al llegar a Barcelona?

—Yo diría que todas esas primeras reflexiones son muy interesantes, porque son la mirada de las primeras veces y suelen ser muy literarias, buscamos a los escritores, esta mirada del niño, del extranjero, del migrante, el que no encaja y todas esas reflexiones las terminé escribiendo en No voy a pedirle a nadie que me crea (2016) donde los personajes principales son mexicanos y en sus diarios están mis primeras miradas de esa Barcelona.

Mucha de la literatura contemporánea ocupa esta mirada marginal, ¿no lo cree?

—A mí me parece que la literatura siempre tiene que buscar un sitio desde el cual narrar, que no sea justamente aquel que defiende y representa los valores hegemónicos de su tiempo, creo que uno siempre tiene que marcharse hacia la marginalidad, permanentemente.

¿Tiene un sitio desde el que Juan Pablo Villalobos narra?

—Sí, yo cada vez estoy obsesionado con que uno escribe desde un lugar que es casi físico, que no es el del autor, sino el del narrador de esa historia, una figura que debe tener muy claro desde donde está narrando la realidad y es un asunto de distancia. Para mí mis libros son un experimento con la distancia, “ver muy de cerca o muy de lejos”, en ambos casos el efecto puede ser de malentendido. Creo que la literatura funciona modulando qué tan lejos o cerca estás de lo que quieres narrar, para mí no hay una respuesta, todo depende lo que quieres contar en ese momento.

Pero, en general, la distancia narrativa suele ayudar, ¿no?

—Sí, pero también en la distancia puede haber un problema, si se vuelve demasiado cínica, anula las emociones o los sentimientos que creo deben de estar en la escritura, una literatura exageradamente distante y fría tampoco me interesa; creo que hay que jugar con los tonos narrativos de manera que uno no sea tan monocorde ni que aquello no interese porque está muerto.

@Urieldejesús02