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Fernando J. Múñez: Autor de una cocinera que le ha dado la vuelta al mundo

Luego del indiscutible éxito que ha tenido su primera novela La cocinera de Castamar (Planeta/2021), el escritor español Fernando J. Muñez ya está más que acostumbrado a las maratónicas sesiones…


Fernando J. Múñez: Autor de una cocinera que le ha dado la vuelta al mundo | El Imparcial de Oaxaca

Luego del indiscutible éxito que ha tenido su primera novela La cocinera de Castamar (Planeta/2021), el escritor español Fernando J. Muñez ya está más que acostumbrado a las maratónicas sesiones de prensa; sin embargo, alejado de la monotonía, responde a mis preguntas con cierto temple risueño y con el nerviosismo de un autor debutante.

Quienes disfrutan de leer y ver plataformas de streaming, seguramente conocen ya esta historia por la serie, que se adentra en la vida de Clara Belmonte, una muchacha madrileña del siglo XVIII, cuyos dotes culinarios la llevan a hacerse cargo de una de las principales casas de España. Ahí conoce al duque Diego de Castamar, y entre ellos va surgiendo una relación que trasciende las clases sociales; no obstante, este no es un clásico cliché, al adentrarse en la novela el lector estará ante una prosa casi epistolar y muy descriptiva, que pone énfasis crítica en temas como el machismo, las decisiones femeninas, la homosexualidad, la venganza y la intriga, haciendo de este un viaje largo y memorable por la España palaciega:

Clara Belmonte es un personaje que comunica muchas cosas a través de su cocina ¿Tú como escritor qué comunicas a través de tus libros?

—Me interesa que el lector, cuando entre a la novela, se sienta transportado a los esquemas sociales, mentales, costumbres y formas de hacer las cosas de aquella época. Como autor, de alguna forma aspiro a que mis novelas terminen inspirando, transformando, cambiando, porque ahí está el poder de la literatura. Y entre todas esas cosas que entretenga.

Quizá ya te lo han dicho, pero Castamar tiene muchos halos de cinematografía…

—Escribía desde que era muy niño, y otra parte mía se desarrolló en los productos del cine, más desde la publicidad, pero la técnica cinematográfica te diría que es la misma. Yo ya tenía ese bagaje visual y de alguna forma también está a la hora de escribir. Me interesa que los personajes estén en una atmósfera y que los espacios tengan cargas de significado. La cocina de Clara Belmonte, en sí misma, es un universo lleno de especias de colores y para ella tiene un significado casi de seguridad, porque ella no puede salir al exterior por su agorafobia. Hay escritores que son mucho más abstractos que otros, y yo soy más visual.

Clara no puede salir de su cocina por su enfermedad, pero hay muchos que hacen suyo un espacio y se vuelve como una zona de confort de la que no salen, ¿no crees?

—Lo que más miedo nos da a los seres humanos en términos generales son los cambios, y los cambios bruscos más. El área de confort de Clara es la cocina, es un sitio que controla, donde sabe que no está expuesta, porque entiende lo que va a ocurrir. Esto yo creo que les pasa a casi todos los seres humanos, pero la vida es incontrolable en realidad.

¿Y tú como escritor tienes una zona de confort literaria?

—No me gusta quedarme en una zona demasiado tiempo. Sí hay algunas cosas que tengo claras a la hora de escribir, como el tipo de narrador que utilizo, que nunca aparece, pero está inmiscuido en los personajes, no quiere decir que no pueda escribir con otro tipo de narrador, podría escribir en primera persona, un narrador testigo, omnisciente, pero este es una zona en donde yo me siento a gusto.

¿Al escribirlos cómo le haces para entender a tus personajes?

—Yo parto de la base, yo no hago una escaleta previa, no planteo absolutamente nada, tengo en la cabeza lo que quiero contar y a partir de aquí escribo. Uno crea a los personajes, pero al final ellos son los que mandan. Al final el propio personaje tiene un umbral de posibilidades, pero sabes que esto no lo puedes saltar porque destruyes al personaje. Soy como un capitán de barco que lleva el tiempo, pero no sabe a dónde va.

Me gusta que en la novela retratas muy bien la sociedad piramidal del siglo XVIII, desde entonces muchas cosas han cambiado ¿Pero crees que algo de eso permanezca?

Compararnos con el siglo XVIII es difícil porque la estructura mental que sustentaba esa pirámide es completamente diferente a la nuestra; por poner un ejemplo, se entendía que debía de haber un rey, si no había un rey era peligro. Ahora nosotros vivimos en una república, y aunque hay reyes ellos no gobiernan. Las sociedades actuales son más o menos estables, cuanto más clase media tienen, entre más diferencias haya entre ricos y pobres, más inestable será. Ahora sigue habiendo clases, porque vivimos en un capitalismo que es un excelente generador de riqueza, pero a la vez un malísimo distribuidor de la misma.

En la novela tienes personajes femeninos con muchos matices, algunas son fascinantes…

—Porque al final en la novela todas las mujeres, sin importar la posición social, están en la cuerda floja por ser mujer. La estrategia de supervivencia de cada una de esas mujeres es diferente, en el caso de Clara, la cocina; en el de la señorita Amelia, conseguir un marido, y en el de doña Sol Montijo ¡matar a su marido para ser libre! (risas).

Cuando sale la serie, el éxito de la novela se dispara ¿Qué significó esto?

—La serie fue la tercera más vista en Netflix a nivel mundial, y entró en 60 países. Para una serie que tiene presupuesto limitado, que de repente llegue algo así es maravilloso. El éxito no deja de sorprender, no lo esperas y siempre te pilla de improviso. La serie está hecha para tele espectadores y no para lectores, a mí me interesaba que estuviera rodada bien y, en ese sentido, pues estoy contento.

¿Es difícil seguir cuando se logra un éxito así en una primera novela?

—Pasan dos cosas, mi nueva novela que ha salido en mayo (Los Diez Escalones) tampoco tuve mucho que pensarle, porque ya la estaba escribiendo cuando lancé la cocinera. El éxito lo relativizo bastante, porque creo que al final son cosas que no son controlables, simplemente ocurren o no ocurren. A la novela le ha ido bien en España, quienes han leído Castamar ya están buscando mi siguiente novela; posiblemente los de la editorial están con el ojo puesto a ver qué pasa, cómo reaccionan los lectores. El escritor —al final— yo creo que debe escribir lo que le nazca. Soy el mismo escritor antes y después.