“Saber que están ahí tus miedos, pero que no te van a frenar es la satisfacción más grande”: Igor Ramírez García-Peralta | El Imparcial de Oaxaca
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“Saber que están ahí tus miedos, pero que no te van a frenar es la satisfacción más grande”: Igor Ramírez García-Peralta

Igor Ramírez García-Peralta ha escrito una novela difícil de clasificar. Es desgarradora, erótica, cruda, una vorágine de las pasiones humanas, que navega por ese sentido de pertenencia que todos compartimos,…


“Saber que están ahí tus miedos, pero que no te van a frenar es la satisfacción más grande”: Igor Ramírez García-Peralta | El Imparcial de Oaxaca

Igor Ramírez García-Peralta ha escrito una novela difícil de clasificar. Es desgarradora, erótica, cruda, una vorágine de las pasiones humanas, que navega por ese sentido de pertenencia que todos compartimos, pero que pocos se atreven a reconocer. Es, pues, una novela con la que más de uno se sentirá identificado. Conversamos sobre Ese horrible deseo de pertenecer (Planeta/2021) con el autor nacido en Cuba, crecido entre México y Alemania, y que ahora se encuentra radicando en Ibiza, España:

Al terminar de leer el libro me quedé con la impresión de que a veces tener todo no es suficiente, porque tu protagonista, a los ojos de los demás, tenía “todo”, pero algo le faltaba…

—Es curioso que lo digas; yo, desde el punto de vista de León, nunca lo habría interpretado así, y es muy fuerte. Efectivamente, hay muchas veces que tenemos todo y no nos damos cuenta. Creo que la novela va mucho sobre eso, una búsqueda que todos tenemos, en distintas intensidades, en distintos momentos de la vida, pero sí, efectivamente tenerlo todo no es la clave, creo que lo importante es hacer las paces con los monstruos que llevamos dentro, solo eso nos puede dar paz y tranquilidad.

¿Te dio paz escribir Ese horrible deseo de pertenecer?

—Fue una catarsis sin duda alguna. Acabé la novela el año pasado; yo creo que me tardé unos 34 años en escribirla; hay mucho de mi vida ahí, pero no deja de ser una novela, no es una autobiografía.

¿Como escritor, viste quizá la oportunidad de quitar o corregir cosas de tu vida en la ficción?

—Un poco las dos cosas. Desde muy pequeño hay dos preguntas que siempre me han molestado: el nombre, que es lo más normal que dices, pero es como darle poder a la otra persona al saber tu nombre, y el otro tema es de dónde vienes, de dónde surges… el poderte inventar eso me parece el ejercicio más elemental de libertad. Obviamente, para cuestiones legales tienes que decir dónde naciste y todo eso, pero para el resto te puedes inventar lo que quieras, y de cierta manera la novela te permite eso, no hay obligación con los hechos verídicos.

¿Qué cosas ha inventado Igor Ramírez García-Peralta de sí mismo?

—Muchas (se ríe), desde pequeño hay cosas que invento, que de vez en cuando suceden, es como pretender que siempre has pertenecido, las inseguridades siempre las tenemos, pero las vamos dominando en la vida.

¿Por qué crees que es tan importante el sentido de pertenencia para el ser humano?

—Creo que va muy vinculado con la necesidad de sentirse amado, de sentirse de algo o de alguien, quizá es la manera más básica de demostrarlo, el amor va después, pero es esa necesidad de establecer un vínculo, de sentirnos parte de, es algo completamente humano.

¿Recuerdas la primera vez que sentiste esa necesidad de pertenecer?

—Sí, desde muy pequeño. En la película Todo sobre mi madre, Almodóvar habla que los hijos de las madres solteras, siempre tienen una madurez precoz y creo que va por ahí; no soy hijo único, sí, 8 años menor que mi hermano y compartía esa soledad de mi madre que me obligaba a tener una madurez quizá un poco prematura.

Hay una parte del libro donde preguntan a León a quién se parece y responde “a mí mismo”…

—Eso es verdad (dice emocionado), yo no me acuerdo, pero a mi madre le fascina, me la dice y le encanta, que alguna vez de pequeño me preguntaron si me parecía más a mi madre o a mi padre, yo contesté a mí mismo (ríe).

¿Y cómo eres tú mismo? ¿Podrías definirte?

—Te lo puedo decir con mucha serenidad, tengo una forma de vida particular, vivo en el norte de Ibiza, de una manera bastante aislada, con mis animales y vivo en paz conmigo mismo. Alguna vez un amigo me dijo que para pasar un invierno en Ibiza tenías que haber necesariamente hecho las paces con tu pasado, y yo ya he transcurrido aquí varios inviernos y nada… soy una persona que cambia mucho, me gusta retarme, últimamente los retos han sido dos: me he descubierto una parte atlética y la otra es cazar miedos, entenderlos y deconstruirlos.

Casi al final de la novela, el protagonista escribe una carta a su niño de 12 años y al adulto de 35. ¿Siguiendo este ejercicio, qué le dirías a tus ‘yo’ del pasado?

—Esa parte dudé en algún momento si dejarla o no. Esas cartas están bastante apegadas a los sentimientos reales y hay algo por ahí que le dice León pequeño al adulto, y es que, espera que haya aprendido a ser buena compañía para sí mismo y es una cosa que sin duda la he logrado. Satisfacer el deseo de pertenecer es una cosa que va por épocas, de repente, sin darte cuenta, está ahí de nuevo, es una constante que creo que nos pasa a todos, pero sin duda alguna soy una buena compañía para mí mismo… tardé en aprenderlo.

En las últimas páginas dices que los monstruos internos hay que aprender a quererlos. ¿Qué es lo que más te costó aprender a querer de ti mismo?

—Aprender a aceptarte como eres, con todo lo que vienes, con tus enormes inseguridades, la manera en la que nos auto boicoteamos. Cuando estás en la soledad absoluta es cuando tienes ahí todo junto en un magma denso tus miedos y te puede detener y hacerte decir no puedo más o logras seguir adelante, ese momento para mí, es algo que intento llevar a todos los aspectos de mi vida, ver tus monstruos, saber que están ahí, pero que no te van a frenar, es una batalla constante, pero una vez que lo logras es la satisfacción más grande.

@Urieldejesús02