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Fuga de talentos

“He visto a las mejores mentes de mi generación trabajando en un call center”, así inicia el poema de Miryam Hache, el cual retrata al igual que lo hizo “Aullido”…


“He visto a las mejores mentes de mi generación trabajando en un call center”, así inicia el poema de Miryam Hache, el cual retrata al igual que lo hizo “Aullido” de Allen Ginsber, en 1956,  la cruda realidad en la que vivimos muchos jóvenes, pues en la constante batalla de la existencia, dejamos todas energías anímicas, cada día es un esfuerzo mayor debido a las exigencias para desarrollarnos en sociedad, y aunado a ello, las pocas oportunidades de empleos especializados por falta de experiencia, discriminación, y bajos salarios muchas veces nos ponen contra las cuerdas.

Respecto a las estadísticas en Oaxaca, en el año 2017 según datos del INEGI, de 989 mil jóvenes de 15 a 29 años de edad en el estado, 37, 582, se encontraba en desocupación laboral, 1.7 por ciento arriba de la media nacional. Otro factor que vulnera la juventud es el trabajo en la informalidad, en virtud que un 84.4% labora en estas condiciones, y de mayor manera quienes tienen una nivel de escolaridad básica, quienes representan un 72.8% del total. De la misma forma, un 21% recibe como pago un salario mínimo, mientras que un 25.3% recibe más de uno o hasta dos salario mínimo, sin embargo de manera desproporcional un 34.5% no recibe remuneración económica, es decir 12, 777  jóvenes que no tienen ingresos económicos aunque trabajen. De acuerdo a la misma encuesta, el sector juvenil que trabaja principalmente lo hace en el sector de servicios, sector agropecuario y comercio. Lo anterior genera, una situación alarmante en la población juvenil, en razón que al no encontrar trabajo en su campo de estudio, la mayoría tenga que tomar empleos que no les permite progresar en su formación profesional.

Los jóvenes vivimos una transición de adolescentes a adultos responsables, muchos de nosotros pasamos por una nueva construcción de valores y de moralidad, y en el proceso en constantes ocasiones nos sorprendemos con pensamientos sobre ideas que intentamos erradicar, como la intolerancia, la homofobia, el machismo, entre otras. Compramos libros que acumulamos porque entre el entretenimiento en redes sociales, el internet, la escuela, el trabajo y la familia, pocas veces leemos. Guardamos contenido académico, fotos de diapositivas, exposiciones, artículos de investigación, documentales, que escasas veces volvemos a abrir. Sostenemos relaciones amorosas que como decía Bauman, son líquidas, no nos comprometemos y si lo hacemos, es a medias.

Somos una generación sin tiempo, que corre, porque la juventud es virtud, porque la juventud es progreso, es innovación, Pero, ¿es que de verdad la juventud es virtud o solo una condición social?. Somos parte de las generaciones que el sistema económico ha hecho competitiva, dejando de lado la cooperación, somos hijos del sistema educativo repetitivo, memorizado, al que no le interesa que se desarrolle nuestro sistema cognitivo, al que solo le importa tener trabajadores que produzcan sin oportunidad de explotar nuestro talento, un sistema para el que si no cumplimos las expectativas, fracasamos.