Francisco Toledo, a un año de su muerte | El Imparcial de Oaxaca
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Arte y Cultura

Francisco Toledo, a un año de su muerte

A un año de la muerte del maestro Francisco Toledo, sigamos recordando y manteniendo su legado


Francisco Toledo, a un año de su muerte | El Imparcial de Oaxaca

“Hay personas, como el maestro, que inspiran e influencian generaciones completas, ya sea de forma creativa o despiertan en ellas un interés por continuar las causas que encabezó”.

Para Sara López Ellitsgaard, presidenta de la asociación civil Amigos del IAGO y del CFMAB, recordar y mantener el legado de Francisco Toledo (17 de julio de 1940-5 de septiembre de 2019) implica causas como la preservación del maíz nativo, la preocupación por las lenguas originarias, la conservación del medio ambiente y del patrimonio, así como el fomento cultural.

Este 5 de septiembre, se cumple el primer aniversario de la muerte de Toledo, un autor que se asumió originario de Juchitán de Zaragoza y que se percibió como una “revoltura” de sus facetas: artista plástico, promotor cultural, defensor del maíz o activista. O un creador que se identificó con el artista suizo Paul Klee, con un escarabajo de África que iba arrastrando su arte o con la literatura de Franz Kafka. También una persona a la que le preocupaban la injusticia, la inseguridad en México o los atropellos a los derechos humanos.

“Ahora nos toca el turno a nosotros, como colaboradores y como oaxaqueños, continuar trabajando para apoyar a los jóvenes artistas, generando talleres, adquiriendo o donando libros para nutrir bibliotecas de la ciudad y las comunidades, así como continuar los proyectos del maestro”, señala López Ellitsgaard, también hija del autor que amplió su arte al diseño. 

Frente a este primer aniversario, directores de algunas de las instituciones que fundó han coincidido con Sara. La mejor manera de recordarlo es seguir con sus proyectos y legado, relatan por separado Daniel Brena, del Centro de las Artes de San Agustín (CaSa); Hazam Jara, del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), y Fausto Nahúm, del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo (CFMAB).

SOBREVIVIR EN UN ESCENARIO INCIERTO PARA LA CULTURA

¿Cuáles son los retos del IAGO a un año de la muerte de Toledo? Hazam Jara reconoce que “la pérdida de alguien como el maestro Toledo siempre deja un hueco muy grande”. Afortunadamente, explica, el que siempre haya sido visionario con sus instituciones permite que sigan y sobrevivan a la emergencia sanitaria que atraviesa el país por el Covid-19.

“Seguimos recibiendo donaciones de libros, de piezas de arte para aumentar el acervo (Colección Toledo/INBAL). Continuamos con talleres, presentaciones, exposiciones. Tratamos de seguir adelante aun cuando la situación de la contingencia sanitaria ha cambiado nuestras formas de llegar a los públicos”, cuenta el director del instituto fundado en noviembre de 1988 como una pequeña biblioteca.

Aunque el IAGO fue donado en 2015 al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), Jara expone que parte fundamental de su funcionamiento recae en la asociación civil que preside López Ellitsgaard. “Amigos del IAGO y del CFMAB nos apoya a todas las instituciones para realizar más actividades y ahora nos hemos unido más como institutos, también aglutinados por la asociación”.

Fausto Nahúm, director del CFMAB, confirma lo dicho por Jara sobre el legado de Toledo, quien fuera el cuarto de los siete hermanos que procrearon Francisco López Orozco y Florencia Toledo Nolasco. “En general, el legado del maestro es muy grande”. Pero al hablar del CFMAB, que entre sus instituciones es la que se mantiene independiente, “básicamente él puso todo: el espacio, su casa, y con la colección que ya tenía inició la que se ha incrementado poco a poco”.

Hasta ahora, se estima que la colección Toledo de fotografía abarca más de 100 mil piezas.

“Su legado en ese aspecto, el tangible, es muy grande, es todo el centro y lo que ha conformado, sus exposiciones, lo que se ha hecho con toda la gente que ha pasado a sus talleres, actividades, conferencias, y la biblioteca de fotografía que, aunque físicamente no se encuentra en el centro está en el IAGO, es algo que nos ha ayudado bastante para tener al alcance libros a los que es muy difícil acceder”, comparte Nahúm acerca del espacio que en este mes cumple 24 años.

La fotografía fue una de las pasiones de Toledo, quien incluso dejó algunas piezas como una serie de autorretratos. Gerardo Martínez, pintor y grabador, y quien por varios años ha trabajado con la colección de gráfica Toledo/INBAL, señaló en julio que “antes de decidirse por la pintura y el grabado, (Toledo) quería ser fotógrafo”. 

Sobre esto, Fausto Nahúm considera que la inclinación de Toledo por este arte se mantuvo siempre. “Varias de las exposiciones que se hicieron en todos estos años han sido con base en propuestas del maestro”. Eso permeó, además, en todas las formas en que se dedicó a él, y con las que incluso motivó los intercambios o donaciones de otros artistas para acrecentar los acervos del CFMAB.

“A lo mejor por eso, me imagino, dejó al centro de cierta forma independiente, por ese cariño que le tenía a la fotografía”.

El CaSa, otra de las instituciones creadas por Toledo, aún tiene un amplio camino por recorrer. Fundada en marzo de 2006, ahora enfrenta el panorama del Covid. Aunque para Daniel Brena, su director, la fortaleza del centro y trabajo es sólida. Incluso, ha ampliado sus alcances, por ejemplo: a través de los Premios CaSa de creación literaria en lenguas indígenas impulsados desde 2011 por el fallecido autor.

En el año de su fallecimiento, este galardón abarcaba cinco lenguas originarias. En el actual, contempla ocho idiomas de Oaxaca, además de otros galardones como el de Premios Casa infantil y el Emiliano Cruz, que reconoce el impulso a las lenguas originarias.

Frente a la incertidumbre que para los premios se pensó tras la muerte del autor, sobrevino el apoyo de otros artistas que se sumaron con donación de obra para los ganadores. Además de que, como refiere Brena, las dependencias gubernamentales aumentaron sus aportaciones para las convocatorias, lo mismo que el respaldo de la asociación Amigos del IAGO y del CFMAB.

Desde este último ente, Sara López Ellitsgaard subraya que Francisco Toledo “siempre trabajó de forma desinteresada y con el fin de poder apoyar o generar oportunidades nuevas”. Pero también trabajó “de la mano de muchas personas que creían en su visión y en que se pueden crear espacios culturales que nos permitan a todos conocer artistas, escritores, fotógrafos, músicos, cineastas y un sinfín de materiales de investigación de todas partes del mundo, así como poner al alcance del público espacios que permitan un acercamiento mayor a nuestra propia cultura y tradiciones que nos forman como comunidad”.


 

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