Jorge Martínez Gracida Bribiesca, 85 años de fructífera vida
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Jorge Martínez Gracida Bribiesca, 85 años de fructífera vida

EL CONNOTADO NOTARIO, ESCRITOR Y COLUMNISTA DE EL IMPARCIAL DE OAXACA CELEBRA UN AÑO MÁS DE VIDA

Jorge Martínez Gracida Bribiesca, 85 años de fructífera vida | El Imparcial de Oaxaca

TEXTO: URIEL DE JESÚS SANTIAGO VELASCO
FOTOS: RUBÉN MORALES

Nacido en la ciudad de Oaxaca el 1 de febrero de 1935 en el seno de una familia de abolengo histórico y cultural, don Jorge Martínez Gracida Bribiesca es un connotado notario y escritor que por casi medio siglo ha prestado su pluma para narrar el quehacer cotidiano de la ciudadanía por medio de sus columnas semanales en diarios como Oaxaca Grafico y EL IMPARCIAL DE OAXACA en el que – por décadas– ha publicado domingo a domingo su opinión bajo el seudónimo de Aristóteles García Mori. Reconocido por su trayectoria política, fue de 1971 a 1972 presidente municipal de Oaxaca de Juárez. Más tarde se desempeñó como director de promoción y servicios turísticos de México, entre otros cargos que lo han llevado a ganar el reconocimiento y respeto de la sociedad oaxaqueña. Un viajero nato que asegura haber conocido los 32 territorios de la República Mexicana y los territorios de las 16 etnias indígenas del estado de Oaxaca, terruño del que emigró a muy temprana edad y al que regresó para establecerse y encontrar su pasión de vida: la escritura. Este andar lo ha llevado a publicar tres libros Obsesión por Juan Rulfo y otros autores (2004), La moneda de Dios, diez cuentos fantásticos (2007) y Tomás Apóstol y los amantes de tanibaana (2016) novela con la que integra la geografía y las etnias de Oaxaca a la literatura. Escritor tardío, notario, aficionado por la cultura, esposo, padre, abuelo y amigo, en la fi gura de don Jorge Martínez Gracida Bribiesca caben muchas facetas, algunas de ellas poco conocidas, sobre ellas platicamos en entrevista exclusiva para El mejor diario de Oaxaca:

¿Cómo fue la niñez de Jorge Martínez Gracida? —Como todo niño, me gustaba hacer caricaturas, me

gustaba hacer cuentos, desde entonces daba por la narrativa, pensaba como todos los niños de la época en ser bombero, en ser aviador, etc.

¿Cómo era la ciudad de Oaxaca? —Tranquila, todo lo hacías caminando, las señoras todas iban al mercado a hacer su plaza, todas iban al mercado, no había supermercado, no había tiendas departamentales de cualquier tipo, era una vida provinciana sumamente tranquila, no había otra palabra.

¿Recuerda las escuelas a las que asistió? —Sí, desde luego la Abraham Castellanos, el Colegio Israelita de México, el Colegio Franco-Español, porque nos mudamos a Ciudad de México a la muerte de mi padre; luego las secundarias, la secundaria 10 y la secundaria 21, la Escuela Nacional Preparatoria, fui preparatoriano, estudie ciencias biológicas y vencí el primer año de medicina pero abandoné la carrera.

¿Qué es lo que estudia cuando abandona la carrera de medicina? —Me pasé a contabilidad, realicé un año en esa carrera también en Ciudad Universitaria, de la Ciudad de México, en esa época estaba desorientado y me dediqué mejor a trabajar. Trabajé con una tienda departamental muy conocida que me mandó por toda la República y finalmente como gerente por allá de 1965 o 1969 me trajo a Oaxaca; entonces me di cuenta que había estado “perdiendo el tiempo”, y me puse a estudiar, revalidé mi bachillerato en ciencias biológicas a humanidades, me lo revalidó el director de la prepa, don Fernando Gómez Sandoval –que luego fue gobernador– y me metí a leyes, pero ya grande, yo le llevaba 10 o 15 años a todos los alumnos de la época, terminé la carrera de leyes y aquí estoy.

Usted también hace una carrera política en la ciudad… —Ya fue posterior, ya siendo abogado, tuve amigos dentro del partido político dominante en la época y me metí casi por azar, por inclinación y empecé a tener puestos en esa actividad, desde los primeros hasta algunos más elevados, por ejemplo, en el Comité directivo estatal ocupé todos los puestos, desde director juvenil hasta presidente del comité directivo estatal.

 

¿Y la escritura en qué momento llega a su vida? —En el momento en el que tuve contacto con el Oaxaca Gráfico de don Eduardo Pimentel, empecé a escribir artículos, en algún momento me nombró director y poco tiempo estuve al frente del periódico, ahora que le hicieron un homenaje no pude ir, pero me mencionan y hay fotos en donde yo estoy con él.

Usted fue presidente municipal ¿Qué fue dirigir la capital en aquellos años? —En aquella época pues no había marchas, no había bloqueos, no había topes, dirigir la ciudad era sencillo relativamente, los grandes ingresos del ayuntamiento eran las 4P, plazas, panteones, parquímetros y prostitución, no había otro ingreso, no había partidas federales de quien sabe cuántos millones que tanto problema causan. Era un presupuesto reducido, no tenía policías, tenía un

pelotón de inspectores municipales y nada más, y aun así en mi gobierno logré construir el observatorio municipal, construí el primer centro comercial de Oaxaca, el Centro Comercial Reforma, construí un rastro que luego se convirtió en centro canino, construí el Panteón Jardín en terrenos de Huayápam y algunas otras obras, todo con créditos de los que ahora el señor gobernador está buscando para hacer obra.

¿Qué les dice a las nuevas autoridades que toman y tomarán el rumbo de la capital oaxaqueña?  —Algo muy sencillo, primero que quieran su ciudad; segundo, que trabajen, y tercero, que sean honestos.

¿Cómo es que llega a escribir en EL IMPARCIAL? —Hay una anécdota que yo escribí cuando murió el tío de los Fernández Pichardo, don Manuel, él era linotipista; yo lo conocía y una vez estando en el Oaxaca Gráfico se rompió un tubo de la vieja prensa plana y se nos echó a perder ese rodillo. Yo me atreví ,porque conocía a don Manuel –aunque éramos de diferente periódicos– a pedirle que me prestara un rodillo. Estando él en el linotipo, seguramente pensó ‘hay viene a pedirme un rodillo para que salga el periódico de la competencia’. Se me quedó mirando, se levantó, fue por un rodillo y me lo dio. Luego me explicó que lo hizo no por el periódico ni por mí, sino por los voceadores que se iban a quedar sin ingreso si no salía al siguiente día el periódico.

¿De dónde nace este seudónimo de Aristóteles García Mori?  —Es un nombre sino literario, periodístico, por Aristóteles, un filósofo que me gusta mucho; García por ser el apellido materno de Benito Juárez García, y Mori, el apellido paterno de Porfi rio Díaz Mori. Entonces Aristóteles García Mori es un nombre ultra oaxaqueño con el que fi rmo mi columna de los domingos.

¿Ahora cómo es la vida cotidiana de Jorge Martínez Gracida?  —Tranquila, de casa a la oficina, de la oficina a la casa, el cine, lectura con aumento. Afortunadamente, con las computadoras ya puedo leer porque te aumenta los caracteres, es otra de las cosas que me quitan aburrimiento porque mi gran distracción ha sido leer, tengo una biblioteca como de tres mil ejemplares y creo que he leído todos desde hace 60 o 70 años que comencé.

¿Cuál es su fi losofía de vida? —Vivir, vivir es maravilloso, estuve a punto de morir hace unos meses y ahora que sigo vivo veo cosas que antes no veía, como la gente que es la vida. ¿A estas alturas de su vida cómo describiría a Jorge Martínez Gracida? Como un escritor y escribano normal, afi cionado a la cultura, de buena fe, honesto –si es que cabe la honestidad en la actividad humana– y felizmente casado, amante de familia, una persona normal.

¿Qué le dice esta persona normal a las nuevas generaciones? —Que estudien y que se preparen porque viene una época mercantilista muy fuerte; además de invitarlos a que hablen, se comuniquen y entonces no sé si les va a cambiar la vida, pero se van a dar cuenta del gran tema que es la gente.