La Maquinucha y El Alacrán, apuestas editoriales de Toledo | El Imparcial de Oaxaca
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La Maquinucha y El Alacrán, apuestas editoriales de Toledo

En sus últimos años de vida, el artista y activista zapoteco emprendió una editorial y un taller para la creación de publicaciones en lenguas indígenas


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Su nombre lo tomó de una expresión del fallecido artista plástico Francisco Toledo (1940-2019), cuando éste se refirió a la risográfica como una “maquinucha”. Era el año 2015 y el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) sumaba a su galería, biblioteca y tienda, una impresora adquirida por sugerencia de la entonces directora de la institución, Inari Reséndiz.

Desde entonces, la iniciativa editorial La Maquinucha ha pasado de ser una respuesta para la publicación de materiales didácticos en lenguas indígenas a una que abarca catálogos de exposiciones y artistas, carteles, calendarios, cuadernos para iluminar, entre otros productos.

La idea del sello editorial está ligada al taller El Alacrán, que opera en lo que hace varias décadas fue parte de la vivienda del artista y después, con la creación del IAGO, se convirtió en una sala de libros de literatura, luego en una cafetería y ahora en el taller del que surge una variedad de productos editoriales y de difusión, ya sea con la impresora risográfica o la prensa de tipos móviles Chandler, del siglo XIX.

Se buscaba realizar tirajes más económicos y no tan masivos como ocurría con editorial Calamus o Amigos del IAGO, que engloba a todas estas editoriales impulsadas por el autor, señalaba hace unos meses Sara López Ellitsgaard, hija del artista, sobre el sello de casi un lustro de vida. A este seguiría el taller El Alacrán, abierto como tal en 2016.

La Maquinucha Ediciones comienza a partir de la preocupación del artista Francisco Toledo por crear material didáctico en lenguas indígenas. También como respuesta propia ante su inconformidad por la venta de libretas de apuntes con portadas que a su parecer eran de culturas distintas a las del estado de Oaxaca.

“(Las libretas) fueron los primeros ejercicios que se hicieron en La Maquinucha, a partir de imágenes de (libros) del IAGO, por ejemplo, una de un xoloitzcuintle, que viene en Historia general de las cosas de la Nueva España, de fray Bernardino de Sahagún, y que se conoce como Códice florentino”, explica Paul Meixueiro, del área de difusión del IAGO.

Y aunque las libretas no lograron el gran impacto como el que tienen las de distribución comercial, Paul reconoce que sí llegaron a comunidades donde se hablan algunas lenguas indígenas, muchas de las veces con los talleres de enseñanza de zapoteco.

A esas producciones siguieron publicaciones con relatos de la tradición oral en lenguas indígenas, por ejemplo, en mixteco y zapoteco, dos de las 16 que se estima existen en el estado. Por ejemplo, el cuento en lengua tacuate de La Guacamaya (Kuentu Korráá), que recoge uno de los más de 100 relatos compartidos por el señor Antonio Luis Mateo sobre la tradición de Santa María Zacatepec. Además de juegos como el de Serpientes y escaleras, en zapoteco,o el memorama de Juguetes mexicanos, en lengua triqui.

“El principal impulso de La Maquinucha ha sido crear material en lenguas indígenas”, subraya Paul. Sin embargo, ahonda en que desde su fundación se han publicado catálogos o propuestas relacionadas con las exposiciones de artistas u organismos que han compartido su trabajo en la galería del IAGO. Entre ellos OaxacaCine, Darío Castillejos, Apolo Cacho, Orlando Velásquez, entre otros. En esa misma línea se han efectuado colaboraciones con otros autores como Alfonso Barrera y otros colectivos y autores que quieran publicar sus obras o generar catálogos.

A partir de las visitas guiadas de escolares, también se han generado nuevas ediciones de los cuadernillos Ilumíname, que siguió a los de la serie generados desde el Centro de las Artes de San Agustín, en torno a este recinto y el Palacio de Bellas Artes. Los más recientes son bajo la temática del Jardín etnobotánico y a propósito de dos instituciones más impulsadas por Toledo: el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo y el IAGO.

Pero La Maquinucha y El Alacrán han servido también para la difusión de las actividades del mes de las dos sedes del IAGO, así como las recomendaciones de sus bibliotecarios en torno al acervo. Se busca divulgar el acervo y las actividades de la biblioteca, pero muchas personas han conocido el trabajo de este taller a partir de estas publicaciones, detalla Meixueiro.

Y aunque ya no se publica, de La Maquinucha y El Alacrán surgió la revista El espulguero, que tuvo 10 números. También se han impreso calendarios con reproducciones de obras de la colección Toledo de gráfica o sobre especies de cactáceas amenazadas.

Entre sus últimas publicaciones está el cuaderno Animales de papel, de papiroflexia. Además del ejemplar Ilumíname, CFMAB-IAGO.

Jorge Escamilla, parte del equipo del IAGO y encargado del taller El Alacrán, comenta que una impresora risográfica permite hacer una especie de “serigrafía mecánica”, que usa parte de los principios de la serigrafía. Para ello se usa tinta de base vegetal y que funciona como un tórculo. Además de que a pesar de las restricciones, se han experimentado impresiones con papeles de tamaños distintos a los permitidos o con diseños que retan la parte del color.

Y junto a ello se desarrollan diseños propios o ajenos, en los que se emplea una prensa de tipos móviles o la combinación de esta con la risográfica. Los límites, como refiere Jorge, no existen en La Maquinucha, pues estos han sabido resolverse con trabajo y experimentación.

“Lo que sucedió con La Maquinucha es que comenzó con una máquina risográfica; ahora es con esta y una prensa de tipos móviles. Y aunque parece un inicio muy sencillo o equipo no tan complicado, se ha descubierto que tiene muchas posibilidades a la hora de imprimir”. Surgió a partir de la necesidad de hacer libretas, en cada ocasión en que ha surgido un proyecto en torno al IAGO o la obra de Francisco Toledo, se han podido tener respuestas a partir de La Maquinucha Ediciones, apunta Paul.


 

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