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Arte y Cultura

Mónica Lavín: En el arte, no creo en la paridad de género

Para la escritora, el que las mujeres se expresen en las artes, permite que sus congéneres puedan sentir la libertad para decir lo que piensan y sienten


  • Mónica Lavín: En el arte, no creo en la paridad de género
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En el último año y hasta hace unas semanas, algunas escritoras mexicanas se han unido en colectivos para denunciar prácticas machistas en el mundo editorial y la falta de oportunidades para incursionar o desarrollarse en él. La Feria Internacional del Libro del Zócalo (Ciudad de México) es un ejemplo de esta manifestación.

Por esto días, su homóloga en Oaxaca ha vuelto a poner el tema sobre las mesas de discusión para el que se conformó un comité de programación y en una edición que destaca al menos un 65 por ciento de presencia de autoras. Mónica Lavín es una de las escritoras que en esta fiesta literaria comparte Todo sobre nosotras (Planeta, 2019), una novela que se sumerge en la amistad de cuatro mujeres de 60 años, quienes al no reunirse en más de tres décadas reviven los lazos que las han unido, y con ello el recuerdo de Renata, la amiga que falleció y de quien, a la par de redescubrirse, van conociendo más.

Lavín habla sobre este libro, pero también de su camino en la literatura y cómo nota los esfuerzos por visibilizar el trabajo de las autoras en las artes.

“Me parece muy importante el verbo que usaste que es visibilizar. Yo siempre he dicho que todo lo que hagamos por visibilizar lo que estamos haciendo, a las mujeres que se están dedicando a las diferentes esferas del arte, de la expresión y de cualquier expresión es muy importante y creo que hay un buen momento para que como la manifiesta la FIL Oaxaca se logre. Hay un reclamo y FIL Oaxaca lo ha entendido”, apunta la autora de Yo, la peor y Las rebeldes.

Para Mónica, el que las mujeres se expresen en la literatura, la pintura u otras artes, permite que sus congéneres puedan sentir la libertad para decir lo que piensan y sienten. O al menos así lo ve con las protagonistas (Carla, Nuria, Alejandra y Renata) de su más reciente novela, quienes se han creado su propio lugar en el mundo.

A la par de ello, reflejan a mujeres de una generación como la suya. En su caso, reconoce que no ha vivido ni sentido la falta de oportunidades como las que denuncian autoras de Mujeres juntas marabunta. Sin embargo, es consciente de que por ser mujer la sociedad dicta ciertas cosas para ella, y que eso puede hacer que las mujeres se autocensuren.

“Pero yo tuve la fortuna de vivir en un ambiente familiar en donde jamás se nos dijo que por ser mujeres no se nos ocurriera tal cosa. Jamás se usó ese discurso, entonces viví pensando que no era un discurso que me iba a obligar a que por ser mujer no iba a practicar basquetbol” u otra cosa. Por eso nunca pensó que debía pelear por un lugar, ni siquiera en la literatura.

Aunque, explica, sí observa que en este arte las mujeres no han sido muy visibilizadas en la crítica o en la divulgación de lo que escriben. “Faltan voces críticas, para bien o para mal, para decir que lo que escribe fulana no vale la pena o sí, pero que hagan visible. La indiferencia es lo peor que puede pasar”.

 

¿Cómo percibe la denuncia de Mujeres juntas marabunta y que en ferias como esta se haga un compromiso con la paridad de género?

En el caso del arte, yo no creo en la paridad de género ¿O en dónde metemos a los transexuales, a los homosexuales, cuál es la paridad de género? Yo creo que tenemos que tener un lugar por nuestro talento y trabajo. Lo que no se vale es bloquear mujeres por ser mujeres.

Los reclamos pueden ser justos, pero no siempre, explica la autora, pues en el caso de concursos no porque participen pocas mujeres sea forzoso tenerlas como finalistas. “La obra tiene que hablar por sí sola”.

En cuestión de jurados para becas como las del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y demás sí debe haber diversidad e incluso participación de varias generaciones. “Tiene que haber una pluralidad porque puede haber hombres y mujeres, pero que pertenecen a un grupo y entonces ya no hay pluralidad de visiones”.

 

A veces se habla de mujeres como algo homogéneo, pero en novelas como esta última, observamos a una diversidad y que no siempre encajan en lo que se espera de ellas o cánones, ¿cómo construye a estas mujeres?

Me gusta la idea de que las mujeres no son un bloque homogéneo. No hay una sola idea de lo que es feminidad, feminismo o mujer y creo que el espíritu de la novela es la complejidad. Aquí el reto era hacer mujeres de la misma edad, pero de un mismo sector y oportunidades semejantes, que cada una ha decidido su camino. Pero cómo tienen un relación con el mundo, las ideas, con sus cuerpos, con sus voluntades, con el amor y el desamor, la maternidad, totalmente diversa, compleja y contradictoria, como somos todos.

Hay complicidades y diálogos, detalla, pero al mismo tiempo fragilidad y fortaleza, como cualidades que se notan en Sor Juna Inés de la Cruz, una mujer que ve como ejemplo de una mujer en la adversidad, que encuentra una manera de que su talento sea reconocido. No sin enfrentarse a los frenos impuestos por parte de los hombres que notan su fortaleza como un peligro para ellos.

 

Las protagonistas de Todo sobre nosotras son mujeres de seis décadas, de una edad que se suele pensar como una en la que se acabó la vida de las mujeres, de que han agotado las ideas o las experiencias del amor o la sexualidad.

Este libro también quiere romper el cliché, así como quieres quitar el estereotipo de la mujer, que quién sabe cuál es, quiere quitar el estereotipo de la mujer de cierta edad como si ya no hubiera futuro o como si ya tuviera otra relación con su cuerpo que hay que tener a esa edad. Tiene todos los dilemas de la juventud, pero colocados de otra manera. Se vuelven chiquillas y creo que eso hace la amistad, te vuelve a reflejar, a traer todas las épocas y te permite ser como eres, te permite un diálogo fecundo, uno que se puede decir y nombrar. Toda la parte del deseo, de la sensualidad y sexualidad, ¿por qué se tendría que perder?


 

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