Rocío González recibe homenaje póstumo
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Arte y Cultura

Rocío González recibe homenaje póstumo

La autora juchiteca falleció en abril; este domingo, las poetas Guadalupe Ángela y Natalia Toledo recordaron sus aportes y la amistad que las unió

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Las cifras

1962

año en el que nació en Juchitán de Zaragoza

56

años tenía la poeta Rocío González cuando falleció

24

de abril de 2019, fecha en la que murió

1998

ganó el premio literario Benemérito de América

En febrero de este año, sus amigos le organizaron un homenaje para celebrar sus 35 años de trayectoria. Pero la poeta Rocío González no pudo asistir por cuestiones de salud. Un par de meses después, la autora de Neurología 211, Azar que danza y Ángeles en vilo falleció en la Ciudad de México. Este domingo, fue homenajeada en la edición 39 de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO).

Su obra, amistad y relevancia literaria fueron esbozadas desde la inauguración de la feria, cuando la poeta Natalia Toledo (subsecretaria de diversidad cultural de la Secretaría de Cultura) se refirió a ella como “una gran escritora oaxaqueña, a nivel de muchísimas otras que están en todos los aparadores” de la fiesta literaria.

Este domingo, las alusiones a su obra continuaron en el homenaje que condujeron Natalia Toledo y la también poeta Guadalupe Ángela, así como Ollin Vásquez. Esta última, retomó parte del texto escrito por los 35 años de trayectoria de González, en el que destacó su valía como profesora, como amiga, como poeta y, ahora, como filósofa. Pero también como una autora con gran maestría “en la creación de figuras que nosotros como lectores necesitamos descubrir”.

“Una de las penas que marcó la escritura de Rocío fue la muerte de su hermano Amadeo, quien fue una influencia esencial para su formación literaria. Veremos a Amadeo en varios textos, como una imagen de la pérdida de lo que más amamos, quizás por eso algunos críticos literarios consideran a Rocío una poeta confesional, que toma como leitmotiv sus experiencias personales”, externó Guadalupe Ángela ante un foro semivacío.

Para Guadalupe, quien la conoció como maestra en 1996, en un taller de la Casa de la Cultura Oaxaqueña, Rocío era una poeta y filósofa del lenguaje, de la vida, sus dolores, de la enfermedad e incluso de la muerte. “Podría decir que su ausencia nos deja un vacío, pero más bien Rocío nos deja llenas y llenos de ella”.

A sus palabras, se sumarían las de Natalia Toledo, que la recordó como la primera persona a quien le mostró sus poemas para que le diera una opinión. Por eso, en el espacio donde ahora se celebraba su vida y obra, se daba “una eternidad de gracias por ello”.

Pensar en Rocío, agregó, “es pensar en su hermosa sonrisa, en su solidaridad sin límite, sin hora. En su voluntad de negra, en su sabiduría temprana que la acompañó hasta el último momento”.

Natalia perdió de forma sucesiva a tres personas, a tres pilares de su vida. Así se confesó ante un público que supo cómo esas despedidas fueron la de su madre, su padre (Francisco Toledo) y su amiga Rocío González.

A Rocío, “media hora antes de que dejara de respirar sobre esta canica de barro acuosa, le llamé por teléfono y por fin pude despedirme. Le dije que la iba a extrañar, que ya no me daría la vida para formar otra amistad tan profunda como la nuestra”.

La poeta oaxaqueña Rocío González falleció el 24 de abril, a los 56 años de edad, en la Ciudad de México. Nació el 29 de octubre de 1962, en Juchitán de Zaragoza, Oaxaca; por varios años y hasta su muerte radicó en la Ciudad de México. Estudió la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas y la maestría en Literatura Mexicana, en la Universidad Nacional Autónoma de México.

En 1998 ganó el premio literario Benemérito de América, que otorga la UABJO, por su libro Las ocho casas. Con el volumen Lunacero obtuvo, en 2002, el Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa.

Sus textos aparecieron en publicaciones como Paraíso de Fisuras (1992), del cual fue coautora junto a la poeta juchiteca Natalia Toledo. Asimismo, en revistas y publicaciones como Blanco Móvil, El Latinoamericano Internacional, El Nacional Dominical, Guchachi’ Reza y Ojarasca. También fue becaria del Instituto Nacional de Bellas Artes. En 2004, fue jurado del Premio Netzahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas.

Su último libro Literatura zapoteca, ¿resistencia o entropía?, en el que planteó varias reflexiones en torno a la escritura en este idioma, a partir de cuatro autores binnizá (zapotecos).

 

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