Un ballet que rompe barrerras
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Arte y Cultura

Un ballet que rompe barrerras

Alejandro Agüero Guzmán, bailarín cubano de ballet, habla de su trayectoria en la danza, y que ha desempeñado también como docente

Un ballet que rompe barrerras | El Imparcial de Oaxaca
FOTO: CORTESÍA

En Cuba, de donde es originario el bailarín Alejandro Agüero Guzmán, aproximarse a la danza, especialmente al ballet, se da como algo común, a ver los programas que de este se transmiten en la televisión. También por las funciones que se desarrollan en los grandes escenarios como el Gran Teatro de La Habana o en las calles de la isla. De los años ochenta y noventa, cuando eran pocas las personas que se hacían con boletos para las presentaciones, ha habido un gran cambio. Incluso, hay grandes filas cuando comienza la venta de boletos para las presentaciones.

En parte, esa transformación se dio con el trabajo de Alicia y Fernando Alonso, quienes llevaron “el ballet de punta a punta de Cuba”, como lo expone Agüero. El bailarín, quien se formó con estas figuras de la danza, y ahora está en México para seguir contagiando el gusto y el profesionalismo hacia el ballet, percibe que en el continente aún falta mucho para que este arte tenga la misma valía que en la isla.

Él, por ejemplo, lo comenzó a practicar formalmente a los nueve años. Aunque desde más pequeño, según le contaba su madre, imitaba a los bailarines que veía en la televisión y era claro que se dedicaría al ballet. Claro, también tenía el ejemplo de su hermana, quien se ha inclinado por la danza.

Si bien en su país natal ser bailarín es tan común como querer ser médico o bombero, además de casi tener ganados el respeto y admiración de la gente, quien fuera docente en la Escuela Cubana de Ballet nota prejuicios en el continente. Tanto por asociar esta danza con las mujeres como por creer que es un arte que no dará “para vivir”.

 

FOTO: CORTESÍA

“El latino siempre tiene muchos prejuicios, en general por su historia, porque fuimos conquistados, marginados; no solo el mexicano, también hubo prejuicios en Cuba (en torno al ballet), pero Cuba se abrió más inteligente porque Alicia Alonso y Fernando Alonso llevaron el ballet de punta a punta de Cuba, lo llevaron para los campesinos, para que todo el mundo lo conociera”, explica el bailarín sobre una expresión que ya al mexicano Isaac Hernández (Premio Benois de la Danse 2018) le ha tocado escuchar. Que el ballet es para las mujeres.
Desde la ciudad de Oaxaca, donde está desde hace unas semanas como profesor, Agüero enfatiza que “ese prejuicio tendrá que cambiar”.

“El ballet lo que tiene es que se ve refinado, no es porque sea homosexual, sino tiene una historia, surgió en Italia (…) y pasó a Francia al reinado de Luis XIV y él le daba la importancia a todas las artes, principalmente al ballet clásico, que entonces era ballet de salón y lo bailaban los príncipes, las cortes inglesa o francesa, española o italiana”.

Esa historia del ballet dio pie a un estilo, “por eso cuando ves a un bailarín lo ves refinado”, porque “nuestro estilo, aparte de la técnica, es llevado a una época”, cuando los príncipes mostraban esa altivez, añade quien se ha desempeñado como primer bailarín y ejecutado este en Italia, Inglaterra y México.

 

FOTO: CORTESÍA

Y junto al destierro de esta idea, aprovecha para quitar otra, ligada a que como en varias artes, no se ve como una profesión que dé sustento.

“No es que no te dé para vivir, el problema es que somos muy selectivos y de 100 niños llegan 20 a bailar en grandes compañías”, detalla quien desde los 24 años comenzó como docente y desde entonces busca impulsar a nuevos talentos, como el mexicano Enrique Bejarano, con quien trabajó de 2017 y hasta parte de este año.

El ballet, agrega, “es de las carreras más caras que hay, pero a la vez, cuando eres bailarín profesional, es una de las que más te da en aspectos de economía porque llegas a donde no llega cualquier artista, llegas a bailar para príncipes, reyes, millonarios. Te da todas las posibilidades económicas, te abre las puertas a todo lo demás”.

De ahí su trabajo en la docencia, una vertiente que aprendió primero como alumno de Fernando Alonso y Alicia Alonso, los creadores de la Escuela Cubana de Ballet. Después, ya como bailarín profesional, con Loipa Araujo, José Manuel y Lázaro Carreño, Carlos Acosta, Marianela Boa, Goyo Montero, entre otros, en proyectos donde ha conocido la diversidad de la disciplina: ya sea clásica, neoclásica o contemporánea.

“Me han dado mucho y he recibido mucho de ellos profesionalmente; y de ahí parte todo lo demás de la docencia”, sostiene quien es tajante al decidirse por practicar el ballet desde la enseñanza y la ejecución en piezas como las que espera montar mientras siga en el país, en Guadalajara o Aguascalientes.
“Voy a seguir en las dos cosas, porque ambas me gustan. Cuando tenga que dejar de bailar, para mí va a ser normal, porque amo ser maestro y amo enseñar lo que aprendí”.

 

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