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Arte y Cultura

Pablo Esteban, dos raíces dos países

Con una carrera vertiginosa este pintor plantea su presencia entre la tierra en la que nació y en la que desarrolló su técnica


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Hay un término en holandés que traducido al español es “luz de agua”, un tipo de luz prístina que cubre los amaneceres de los Países Bajos, “es algo que te impacta”. Esos amaneceres, más fríos, son una de las principales diferencias que encuentra entre Oaxaca y Holanda Pablo Esteban Rijlaarsdam, quien prepara la exposición Dos países dos raíces, que se inaugura el próximo en la galería VagaMundo.

Pablo nació en la Ciudad de México y su familia emigró a Holanda cuando tenía 10 años. Ahí estudió la licenciatura en diseño, que al concluir abandonó “porque se usaba mucha computadora” y él pretendía iniciar la búsqueda de su lenguaje pictórico.

El sol lo hizo volver a Oaxaca, más que como un elemento de inspiración, como una fuerza para la técnica. “El sol y el calor que tenemos aquí permite los bastidores de gran formato, permite que seque todo tipo de técnicas, permite mucho más la experimentación, Oaxaca es un lugar donde uno puede jugar”.

Hay otro elemento que le permite desarrollar de mejor forma su pintura: el público. “No son tan serios, el oaxaqueño es más accesible a la obra que el holandés. Al holandés muchos de mis cuadros le dan miedo”.

Su trayectoria en Oaxaca, donde lleva viviendo cuatro años y medio, fue veloz. En cinco meses tuvo 10 exposiciones individuales. En el Museo de los Pintores Oaxaqueños, en La Calera, en CU, en la Biblioteca Pública Central. Quedó marcado como “El Holandés Errante”. Su obra ha viajado más que él: a Singapur, China, Holanda, Estados Unidos, en Bassel. Su año de inicio fue 2012.

Una de las exposiciones más importantes que ha presentado es la del Centro Cultural del México Contemporáneo, donde en seis salas exhibió 110 obras. “Fue una gran retrospectiva”, asegura. “Eso me dio a conocer que estoy viviendo un sueño, estoy trabajando en lo que quiero lograr, que es trascender en el arte, no tanto vender. Un artista debe crecer en su estilo, debe seguir una búsqueda, en el arte siempre hay búsqueda”.

Pintar en la tierra de Van Gogh

De Van Gogh, el cuadro que le ha marcado es “Un par de zapatos” “porque encuentra la belleza por donde sea, en sus zapatos, algo que nadie pensó en retratar él lo tomó, un autorretrato de él mismo”. El autor de “Girasoles”, agrega, era un hombre sensible hacia la naturaleza, “eso es algo que trato de hacer, que cuando veas el aire y el pasto sí los sientas, que veas ese movimiento, el sol la luz. Cuando veo un cuadro de Van Gogh yo siento exactamente eso que el trata de traducir del lenguaje de la naturaleza, a veces un lenguaje de destrucción pero siempre en constante movimiento”.

En la pintura, asegura, no hay inspiración, “hay adicción”. “Uno siempre tiene la necesidad de estar creando, si no no está completo”.
–¿En la libertad del artista intervienen las necesidades del galerista, un artista voltea a ver qué vende cuando pinta?

No. No debería estar presente en el artista porque al arte no le importa el dinero, al arte lo que le importa es la expresión. Muchos jóvenes piensan que para vender tienen que hacer arte decorativo, pero ahí caes en un error, una obra tiene que ser honesta y la honestidad solo la logras cuando no piensas en el dinero.

Dos países dos raíces se inaugura en la galería VagaMundo e próximo 15 de julio. Son 30 piezas de Pablo Esteban entre papeles objetos y bastidor creadas entre 2016 y 2017. En varias de estas piezas aparece el autor, como en La barca de los locos, donde se pintó con un pincel en mano. “Es un viaje, uno va con sus monstruos, con sus ideas, va a un viaje desconocido que es el destino, y uno emprende ese viaje contra muchos obstáculos, ese es el mar que está golpeando la barca”.


 

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