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Policiaca

¡Claman justicia para joven asesinado!

Un estudiante del CBTA 230 de San Lorenzo Cacaotepec, Etla, murió apuñalado cuando le robaron su celular
por Jacobo Robles

A un año de la muerte de Salvador Adán, de 18 años, estudiante del Centro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario (CBTA) número 203 de San Lorenzo Cacaotepec, Etla, familiares y amigos claman justicia.

El asesinato ocurrió la mañana del 17 de febrero del 2016, cuando Salvador se dirigía a su centro de estudios, durante el trayecto fue atacado, degollado y apuñalado. Una de las lesiones le perforó el corazón, otra, el pecho.

Según informes de la policía, Salvador Adán, a las 06:40 horas salió de su domicilio ubicado en la calle Hidalgo número 15 de la agencia Trinidad de Viguera, pues iría a tomar clase, ya que cursaba el sexto semestre en la especialidad Agropecuaria.

Tras despedirse de su papá, el estudiante se enfiló a su escuela.

Se presume que el joven, al caminar en la prolongación de la calle Francisco I. Madero, paraje La Joya, a unas cinco cuadras del CBTA número 203, fue interceptado por al menos dos maleantes, quienes lo amagaron con filosas navajas.

Al parecer, los hampones le exigieron su teléfono celular, uno marca Samsung, tipo Galaxi.

Sobre el crimen, el agente del Ministerio Público en el sistema de justicia penal anterior inició la averiguación previa al respecto y ordenó a la AEI se avocara a la investigación de lo ocurrido hasta esclarecerlo, así como dar con la identidad y paradero de los homicidas.

A un año de lo ocurrido los familiares indicaron que tras las investigaciones se hablaba de dos personas señaladas como los presuntos responsables del asesinato.

Uno de ellos está tras la rejas y el otro, al saber de la captura de su compañero emprendió la huida y hasta el momento no se sabe su paradero, por lo que pidieron a la Fiscalía General del Estado continuar la investigación hasta encontrarlo y ponerlo tras las rejas.

Abundaron que el asesinato del estudiante ayudó a establecer el modus operandi de algunos de los ayudantes en líneas de camiones urbanos.

Familiares al investigar por su cuenta descubrieron que éstos a través de un teléfono celular se mandan avisos entre cómplices para describir a la víctima, qué teléfono, laptop o joya lleva consigo y el lugar a donde se dirige.

Con facilidad las víctimas son interceptadas y despojadas de objetos de valor, dinero en efectivo y en algunas ocasiones, son asesinadas.

Se estableció que en escuelas de la zona opera una banda de cholos, la mayoría de los integrantes laboran en camiones de pasaje como chalanes y se reúnen para planear sus fechorías.

Indignados, los familiares y amigos exigen justicia tras el primer año luctuoso del estudiante asesinado.