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Ilícitos, a la alza
por Editorial Imparcial

Todo apunta a que la seguridad pública no es una prioridad para el gobierno estatal, al juzgar la serie de asesinatos, asaltos y otros cometidos la semana anterior. Martes y miércoles hubo al menos tres ejecuciones: un degollado en Tuxtepec, un joven asesinado en el crucero de La Experimental, a unos pasos de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) y otro en Huajuapan.

La semana pasada, justo cuando los vecinos inconformes con las elecciones en Santa María Atzompa hacían de las suyas, al cerrar los accesos al Cerro de "El Fortín" y las vialidades de esa zona, las corporaciones policiales encontraban a menos de 300 metros entre sí, dos cadáveres. Un par de días antes, un sicario, presuntamente miembro de un grupo criminal, con al menos tres ingresos a la Penitenciaría Central, asesinó a un agente de homicidios de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI).

La madrugada del viernes anterior, un guardia de seguridad de conocido antro de vicio, fue ultimado. Los propietarios del negocio pretendieron ocultar los hechos, no obstante las diligencias judiciales. Se trata solamente de algunos hechos, pero hay muchos más que han ocurrido en otras partes del estado, como los homicidios en Pinotepa Nacional y en el Istmo de Tehuantepec, que sólo forman parte de las estadísticas.

Lo que ha ocasionado una gran indignación es que los asaltos en plena vía pública se han multiplicado. Los robos a cuenta-habientes de bancos; a los pagadores de nómina y otros, se han dado con una impunidad lesiva.

Se trata de bandas de asaltantes que han llegado a Oaxaca a hacer de las suyas y otros raterillos locales. Si bien es cierto que según informes oficiales el robo de vehículos no ha disminuido pero en cambio se han recuperado un porcentaje importante, ello no obsta para reconocer que las bandas siguen operando.

Hay que reconocer que se han dado golpes importantes, pero hay mucho aún qué hacer. Es penoso por ejemplo, que haya trascendido que el sistema de video-vigilancia de la ciudad, esté prácticamente inservible y que ni siquiera la destrucción de las cámaras haya tenido un castigo ejemplar, pues los maestros vándalos como Othón Nazariega Segura o Efraín Picazo Pérez, ya fueron prácticamente exonerados de cualquier responsabilidad penal o civil.

No ha sido fortuita nuestra insistencia en que en Oaxaca la impunidad campea y quien delinque siempre sale bien librado de los cargos. Lo que preocupa es que cada vez con más crudeza, la inseguridad cobra en nuestra entidad, carta de naturalización, sin que haya castigos ejemplares.