El valor del dinero mexicano | Opinión
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Opinión

El valor del dinero mexicano

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Estamos tan acostumbrados a que cualquier grupo anule la actividad de una ciudad, escudado en las banderas de sindicatos, organizaciones no gubernamentales, minorías y hasta porque un perro orine la banqueta del vecino, cualquier pretexto es bueno para “tomar la ciudad”, yo apoyo el respeto a los derechos y a expresar públicamente las necesidades que tiene el pueblo, pero siento que los integrantes de la CTM y Sección 22 de la CNTE sólo actúan como grupos de choque que no ven ni sus intereses gremiales.

Con actos vandálicos coartan impunemente la libertad de tránsito de la mayoría de los ciudadanos, por esto me cuestiono cada vez más para qué ha servido la historia. México es un país que se ha forjado con sangre, sudor y mentes brillantes, y ¡por supuesto! con muchos políticos con discapacidad sentimental y nula empatía por la ciudadanía. Por personas que usan las necesidades de los mexicanos como parte del discurso campañero, y ya que pasan las elecciones, pues a ver qué se pueden cacomixclear, como el cacomixtle, primo del mapache que a veces roba y así lo hacen en los puestos de la administración pública, a veces “toman de más”.

Es muy cuestionable el actuar de los líderes de estos grupos, que son los únicos que realmente se benefician, porque los borregos de sus agremiados sólo obedecen las perversas ideas de sus representantes, esos que sí viven en la opulencia, que a veces sí son detenidos y a veces sentenciados, esos dirigentes que comen y brindan con los políticos que ofrecen dádivas por el voto, mismas que los agremiados no ven.

Por ejemplo, con la publicación de la investigación hecha por el Consorcio Internacional de Periodistas con el nombre “Paradise Papers”, en la cual se revelaron algunos nombres de personajes y de las compañías que sirven de mampara para las grandes fortunas que no pagan impuestos en paraísos fiscales.

Salieron a relucir nombres de mexicanos políticos, líderes y administradores públicos en los últimos sexenios, mismos que tienen residencia en México, que trabajan en México, que sus fortunas se han amasado en estas tierras y que ahora evaden impuestos y ganancias a través de empresas creadas en paraísos fiscales como Malta, Islas Caimán, Bermudas y otros más.
Como el fenecido Joaquín Gamboa Pascoe que fue el tercer líder de la CTM, al suceder a Leonardo Rodríguez Alcaine, quien, a su vez, relevó al primer líder de la central obrera Fidel Velázquez, en fin, cómo es posible que un representante de los pobres agremiados haya hecho una fortuna a costa de ellos, y del erario público porque fue político y obtuvo curules, como priista.

Resultó que dejó una suculenta cuenta de más de 15 millones de dólares, misma que salió apenas, y por supuesto no estaba en México, no pagó impuestos esta herencia, la cual se hizo con el sudor de los obreros, quienes han muerto en la pobreza y este líder y otros más en la opulencia, como los dirigentes cetemistas en Oaxaca y en todo el país.

Es cierto que tener dinero en el extranjero no es un delito, el problema es que los mexicanos que salieron a relucir justifican la presencia de sus fortunas en empresas y bancos en paraísos fiscales, pero cuando reciben ingresos y ganancias que disfrutan en México, no pagan impuestos.

Nombres como Alejandro Gertz Manero, exfuncionario de gobierno panista, se declaró el no saber que era el vicepresidente de una empresa en las Islas Caimán o el principal impulsor de los tecnócratas mexicanos, Pedro Aspe Armella, el cual se puede ver en Oaxaca de manera cotidiana.

El señalamiento principal es que no pagan impuestos del dinero que entra a sus cuentas en el país, aunque lo triangulen y hagan depósitos menores en muchas cuentas para que el fisco no haga su trabajo, así como lo hace con la clase trabajadora que sí paga impuestos, los cuales sirven para los presupuestos federales de los programas de los que también disfrutan los evasores.

Pareciera que se repiten los esquemas coloniales y del siglo XIX, México es mágico, les da mucho a pocos y les da muy, pero muy poco a la mayoría de sus habitantes. ¿Habrá solución?