La Casa del Laurel | Opinión
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Opinión

La Casa del Laurel

Sendero

 

 

El conocido guía de turistas Eduardo Lescas Díaz inició hace meses una tarea de investigación y rescate de información en torno de la trayectoria que ha tenido el Seminario Pontificio de la Santa Cruz de Oaxaca a lo largo de la historia, desde que ocupó el lugar donde se encuentra actualmente el edificio central de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, luego de ser fundado en 1661 por el obispo dominico Tomás de Monterroso, hasta que se pasó a la calle de García Vigil, esquina con Humbolt, y ahora se encuentra en la zona de Hacienda Blanca.

La vida de esta institución está vinculada a los diversos acontecimientos históricos del país, que le han afectado y por ello se ha visto en la necesidad de mudarse en diferentes ocasiones, salvaguardando en todo momento valiosos libros y documentos, que lo hacen poseedora de una las principales bibliotecas de Oaxaca.

Al autor del libro que llevará por título La casa del laurel, le nació la idea de trabajar en esta obra, que ya está muy avanzada, debido a que no se le ha dado el seguimiento debido y se cuenta solamente con referencias de pocos autores, entre ellos el sacerdote e historiador José Antonio Gay, y en su quehacer cotidiano como guía de turistas se ha encontrado con personas que tienen inquietudes de conocer la historia del seminario, del cual es también egresado, donde se formaron hombres de la talla de Benito Juárez, aunque afectó después a la iglesia con las Leyes de Reforma.

Don Tomás de Monterroso construyó la primera sede del obispado y el seminario con recursos propios y un préstamo de la Corona Española, patrimonio que quedó asentado en la cédula del 12 de abril de 1673 y la bula del papa Inocencio XI, la misma actitud que observó años después el primer arzobispo de Oaxaca, don Eulogio Gregorio Clemente Guillow y Zabalza, quien se convirtió en un gran reformador, benefactor y constructor de espacios para la iglesia, con una relación cercana con el presidente Porfirio Díaz, egresado también del seminario de Oaxaca.

El guía de turistas señala que el primer edificio del seminario tuvo una larga vida en los siglos XVII, XVIII y XIX. Si bien es cierto que lo construyó un obispo y predicador dominico, perteneciente a una orden religiosa, su administración pasó más tarde a manos de los sacerdotes diocesanos durante el período del coadjutor y sucesor de don Eulogio Guillow, monseñor José Othón Núñez y Zárate. El lugar donde se encuentra ahora el edificio central de la Universidad fue considerado el más apropiado por estar a unos pasos de la sede de la autoridad eclesiástica, el edificio que sirvió como escuela, oficina postal y del PRI, entre otras funciones, y ahora lo ocupa una extensión de la Universidad Nacional Autónoma de México.

El seminario funcionó en el ahora edificio universitario hasta 1860 y comenzó a dar tumbos para encontrar un lugar permanente. No había por dónde, ya que todo estaba cerrado y en ruina por los terremotos. El colegio se instaló en el viejo convento de los betlemitas, junto al santuario de Guadalupe, que había sido hospital, leprosario y asilo para mendigos. Ahí funcionó hasta décadas recientes el internado general Ignacio Mejía y actualmente la escuela secundaria para trabajadores.
Pero la persecución no paraba y en 1916 dejó este espacio y se pasó a un costado del templo baleado de San Felipe Neri. El gusto les duró muy poco porque en 1927 la presencia callista los ahuyentó y los alumnos tomaron clases en casas particulares de los barrios de Xochimico y Trinidad de las Huertas o en algunos templos como San Felipe Neri y el Carmen alto.

En el período de Núñez y Zárate el seminario ocupó una casa de las religiosas del Divino Pastor, igualmente un caserón de Tlalixtac de Cabrera y el exconvento de san José donde está el centro escolar Solar Infantil; es con don Fortino Gómez León, en 1942, cuando el seminario llega a un espacio propio en la calle de García Vigil 702, donde los trabajos de construcción y rehabilitación estuvieron a cargo del canónigo José Santa Cruz, todo un señor de la arquitectura. Un frondoso laurel dio sombra durante muchos años a los moradores, era un símbolo de la grandeza de la naturaleza. Pero ya no está.

A pesar de tener casa propia, el peregrinar siguió y el colegio está ahora en la zona de Hacienda Blanca con una gran extensión de terreno, que puede retener por muchos años a los ocupantes. ¿Será posible?