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Opinión

Contingencia ambiental

Editorial

 

 

Si bien la paraestatal Petróleos Mexicanos (PEMEX) ha sido un aliciente importante para la generación de empleos en la ciudad y Puerto de Salina Cruz, ha sido asimismo, un látigo permanente de contaminación y contingencias ambientales. Los derrames de crudo de las boyas instaladas en el Océano Pacífico han sido constantes y han afectado todo el entorno que rodea a dicho puerto.

Comunidades enteras han sido afectadas por los constantes fluidos de petróleo crudo y combustóleo, dando al traste con la pesca ribereña y la industria de la sal. Los vecinos de Salinas del Marqués cerraron esta semana la entrada a la Refinería “Antonio Dovalí Jaime”, como medida de presión para que la paraestatal retire de inmediato la mancha de crudo que sigue afectando la flora y la fauna de la zona.

Hace al menos tres meses, la contingencia que se desató a raíz del incendio en dichas instalaciones provocó un daño ambiental irreparable, pues gases tóxicos se diluyeron en el aire y afectaron la salud de miles de pobladores istmeños. Hay que recordar que en uno de los muchos casos de siniestros en los que se ha visto involucrado PEMEX, ha habido decesos, como fue el caso de la ruptura de un ducto de amoníaco a la altura del paraje “Chivaniza”, cerca de Matías Romero, hace el menos tres años, cuando se registró una explosión que dejó varios muertos.

La protesta de los vecinos de Salinas del Marqués y otras comunidades vecinas del puerto, no es fortuita. Son sus fuentes de supervivencia las que están en riesgo; es su trabajo y la subsistencia de sus familias. Además, PEMEX debe hacerse responsable de los daños y afectaciones que a menudo ocurren por negligencia, por abulia o por la falta de mecanismos de control para evitarlos. Sin duda alguna el problema seguirá hasta en tanto no se apliquen correctivos de parte de las autoridades federales que se dice, protegen el medio ambiente, como en el caso de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Procuraduría Federal para el Medio Ambiente (PROFEPA), que hasta el momento no han dicho “ni esta boca es mía”, con este asunto de polución de las aguas del Pacífico mexicano que, como ya hemos dicho, sirven de supervivencia a miles de pescadores ribereños y prestadores de servicios turísticos que tienen sus negocios en las playas. Hay que hacer algo de manera urgente, antes de que perdamos por negligencia ese rico filón natural para explotar.

Fuera de la realidad

Al revisar los resolutivos de una de las últimas asambleas estatales representativas del magisterio mal llamado democrático, muchos tenemos la certeza de que dicho gremio no sólo ha perdido la orientación sino el sentido de la realidad. A once años de distancia siguen insistencia en el castigo al ex gobernador Ulises Ruiz; en su trillado tema de libertad a quienes llaman “presos políticos”, incluyendo los que están en penales federales acusados de secuestro y que fueron detenidos en flagrancia; el castigo a los responsables de los hechos de Nochixtlán, desde luego lavándole las manos a quienes dispararon sobre los policías. Estos planteamientos en momentos cuando existen al menos cuatro regiones de la entidad totalmente devastadas por sismos y lluvias, suena a indolencia, a torpeza, a estupidez. En dicha asamblea representativa se volvió a discutir el trillado tema de la Reforma Educativa; a negarse a recibir en las escuelas a los maestros de nuevo ingreso que aprobaron la evaluación; a insistir en los pagos. Pero nada del regreso a clases, de la ayuda a los damnificados; de su participación en las tareas de reconstrucción. Se trata pues de un pseudo movimiento democrático que –como lo hemos dicho en otras ocasiones- sólo busca preservar sus privilegios y confort; sus vicios y mañas.

Asemejan enfermos mentales en su soliloquio; sujetos que han perdido el sentido de la realidad y se aferran a ideas del pasado. Entes que son incapaces de ver en su entorno y darse cuenta la situación de pobreza lacerante, sobre la cual se volcó la naturaleza. Hay entre el magisterio incongruencia, dicotomía ideológica, desfase de la realidad. Es común escuchar que son defensores del pueblo y de sus causas, aunque no se sepa a qué pueblo y a qué causas se refieran. Lo que sí es evidente es su acendrado fanatismo; su orfandad en ideas actuales; su inclinación a repetir como loros consignas que ya no cuajan en estos tiempos.

Es evidente que se enfrascan en sus discusiones y resoluciones sin siquiera voltear a ver que Oaxaca no es la misma entidad de siempre; que el gobierno tiene otras prioridades; que todo aquello que tenga que ver con educación no es atributo de los gobiernos locales. Pero es tal su pobreza ideológica, su falta de sentido común, de fanatismo, que siguen arando sobre el mismo surco trillado. Hay veces que es necesario compadecer a los maestros. Están perdidos.