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Trenes y… trailers

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Demos algunas definiciones (Salvat/Uno, Diccionario Enciclopédico Básico, Barcelona, España, 1986): TREN: Conjunto formado por una serie de vagones y la locomotora que los arrastra// Directo: El que une a dos puntos sin necesidad de transbordar// Expreso o rápido: El que sólo se detiene en algunas estaciones y marcha a mucha velocidad// Mixto: El de viajeros y mercancías.

Vagón: Cada uno de los coches de un tren// Locomotora: Máquina que montada sobre ruedas y movida por vapor, electricidad o motor de combustión interna, arrastra los vagones de un tren: consta de un generador de energía, con excepción de los movidos directamente por electricidad (que toma la energía del exterior), de un sistema de transmisión para convertir la energía en trabajo mecánico y de dispositivos de regulación y control para el gobierno del vehículo.

TRÁILER: Camión especialmente diseñado para poder transportar contenedores// Contenedor: Embalaje metálico, grande y recuperable de dimensiones internacionales, para el transporte de mercancías// Caja metálica, de fácil transporte en un camión, en la que se depositan los cascotes de las construcciones.

Embalaje: Acción o efecto de embalar o empaquetar. Acondicionamiento externo de la mercancía para ser enviada al destinatario.

Como pueden darse cuenta mis amables lectores, la que suscribe vota por el uso del TREN como vehículo de transporte, tanto de pasajeros como de carga, pues no interfiere con el avance en carretera de automóviles, autobuses, motocicletas y otros vehículos, cuyos conductores corren grave peligro al descarrilarse un tráiler.

En un acertado editorial del diario El País (17 de abril/2016, p. 5), titulado: “Tren, mercados y tecnología”, se lee: “Uno de los lugares más comunes de la política del siglo XX era aquel cliché, elaborado bajo la presión perentoria de infraestructuras al final de la Guerra Civil española, que rezaba “el ferrocarril vertebra la economía nacional”.

Pues sí, – continúa el editorial – el tren vertebra los territorios, pero hay que ir más allá para comprender su importancia en el momento actual. El ferrocarril tiene un valor ambiental (es menos contaminante que otros tipos de transporte aunque no hay que olvidar que la vertebración tiene como contrapartida que segmenta y encajona el territorio a través de vías que actúan como alambradas de la colonización en el western) y otro, importante, comparativo, puesto que tiene más capacidad de viaje y traslado que el transporte por carretera {…} El tren es una apuesta inversora razonable; tiene una presencia elevada en el transporte y en los próximos años deberá aumentar. Ahora bien, sería un error dejarse llevar por el entusiasmo de la retórica de la modernidad asociada a la alta velocidad. Los proyectos de transporte no se deben entender como instrumentos de “modernización” a cualquier precio; exigen cálculos complejos de costes para determinar su rentabilidad económica y social {…}

Hay que tener cuidado con el entusiasmo al que arrastran algunos símbolos de la modernidad. El ferrocarril tiene valor como transporte del presente, sobre todo de mercancías; la retórica sobre el futuro suele ser el prólogo del despilfarro. En cuanto a la disputa sobre la liberalización, la disposición recomendable es la prudencia. Algo que no se dice con la suficiente frecuencia es que el tren, sea para acoger viajeros (lo cual, agrega esta articulista, debería ser su razón principal) o para transportar productos, presenta todavía un amplio margen de innovación tecnológica {…}

Los accidentes causados por tráilers han cobrado importancia en los últimos dos meses: en El Sol de Puebla, leemos que hubo cuatro (nota de Gerardo Campos), “con saldo de 24 lesionados, solamente en el Valle de México: en el primer caso, en el municipio de Ixtapaluca y tras cuatro horas de trabajos se reabrieron todos los carriles de circulación de la autopista Puebla-México, luego de que un tráiler se estrellara contra siete autos en la caseta de cobro, dejando un saldo de nueve personas lesionadas, cinco de ellas de gravedad {…} De igual forma un pesado tráiler que circulaba a alta velocidad en el Circuito Exterior Mexiquense, se volcó a la altura del kilómetro nueve a la altura del municipio de Tultitlán; con saldo de cuatro personas lesionadas, con el propio conductor del camión (sic). El accidente como ya es costumbre en esta arteria de cuota de alto costo económico, causo una fuerte congestión vehicular con afectación para cientos de usuarios. En las últimas horas de este martes otro tráiler más se estrelló contra una caseta de cuota, también bajo el argumento de presuntamente quedarse sin frenos, esta ocasión en la caseta de Zurumucapio en la autopista de cuota Zirahuen-Uruapan.

Es justo mencionar que los conductores de tráilers son, como cualquier trabajador digno de serlo: buenos choferes, amables, solidarios…, aunque, seguramente, no todos. Mi esposo y yo, viajando por esta tierra nuestra tan querida, alguna vez sufrimos un percance, como el de que el auto sufrió una descompostura y nos quedamos en lo alto de las Cumbres de Acultzíngo (bajando a Orizaba, Ver.). Un conductor de tráiler, detuvo su vehículo y se ofreció a llevarme hasta donde hubiera un taller de confianza (él conocía algunos), en las afueras de la ciudad. Yo subí, con nuestra pequeña hija de cuatro años, mientras mi esposo se quedaba en el auto (no podíamos prever cual decisión sería la mejor y optamos por ésta). La niña fue feliz viajando en un tráiler y lanzaba exclamaciones como: “Mira mami, que alto se ve desde aquí” y otras. El amable conductor que se llamaba Efraín, arregló con un conocido suyo, dueño de un taller muy grande, que nos llevara en su auto y vería la forma de arreglar el nuestro allá arriba. No era muy grave el problema y echó a andar el auto y bajó el mecánico en el suyo, atrás de nosotros por si volvía a pararse. Este recuerdo se quedó en nuestra más honda estima.

Al estar escribiendo la que suscribe esta entrega, veo en El Universal de hoy, 8 de agosto, la fotografía de un jovencito de 16 años, y la cabeza de la nota, del reportero Max Aub, dice: “Sobrevive al tráiler de la muerte; sale del coma”. Se trata de Brandon Martínez, quien sobrevivió al encierro en la caja de un tráiler en San Antonio, Texas, y despertó del coma. Él es uno de los sobrevivientes de los 39 migrantes que viajaban en ese transporte pesado que costó la vida a 11 personas. Su increíble experiencia se cuenta con detalles en el diario ya mencionado. Y… hay también un tierno detalle: “Brandon, a pesar de su corta edad, tiene un pequeño hijo de dos meses en su natal Aguascalientes y en algún momento ha manifestado su deseo de traerlo consigo, al igual que a la madre del niño”.