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Opinión

Editorial

La forma es fondo

 

La apertura del gobierno mexicano al depuesto presidente de la República de Bolivia, Evo Morales, en momentos tan delicados para la vida política del país, hace suponer la vigencia de una diplomacia de pacotilla o utilería. Más aún, la exigencia del gobierno mexicano para una reunión urgente de la Organización de los Estados Americanos (Oea), bajo el supuesto de que la caída de Morales fue propiciada por un Golpe de Estado, orquestado por las fuerzas armadas de dicho país, soslayando que uno de los principios más importantes de la Política Exterior de México es, justamente, la autodeterminación de los pueblos y la no injerencia en asuntos que competen a la ciudadanía de otros países.
De inmediato se pusieron en entredicho los oficios del llamado gobierno de la Cuarta Transformación, al retirarle la pensión a los ex presidentes de la República, pero sí admitir a alguien que ni es mexicano, ofrecerle asilo político y aún enviar un avión de la Fuerza Aérea Mexicana para su traslado a nuestro país. La pregunta es: ¿y la política de austeridad? Un caso similar se dio con el traslado del cadáver del cantante José José, para lo cual fue utilizada una aeronave militar. Todo ello está plagado de contradicciones, de verdades a medias y simulación. En política decían los que construyeron parte importante de la historia de este país, la forma es fondo. Los principios de la política exterior mexicana, la que construyeron diplomáticos como Matías Romero, Ignacio Mariscal, Isidro Fabela, Gilberto Bosques, Genaro Estrada, Luis Padilla Nervo o Alfonso García Robles, entre otros notables, no es para estarla pisoteando o creyendo que los principios pueden ser violados o vulnerados por el poder en turno. Eso es ignorancia supina.
Haber hecho el circo, maroma y teatro para el traslado de Evo Morales y familia, no es algo para echar las campanas al vuelo. Es un oficialismo pernicioso, tendencioso y vulgar. Opinar o lanzarse en acusaciones y denuestos contra las Fuerzas Armadas de Bolivia, señalando cuestiones que sólo competen a los bolivianos, es una injerencia perniciosa, que da pena ajena. Sabemos que nada podemos esperar ni del Senado de la República ni de la Cámara de Diputados, en donde priva la torpeza y la ignorancia. Pero es la sociedad civil la que hoy juzga. La lección de lo que ha ocurrido en el país sudamericano es una llamada de atención a los gobiernos populistas de América Latina.

Mantener parásitos

¿Cuánto debería destinar el gobierno de Oaxaca para mantener la ambición y las exigencias de más de 400 organizaciones sociales y las que se acumulen en los próximos meses, las cuales han vivido de la limosna oficial con el ardid de que representan a comunidades, campesinos, obreros, mujeres, agricultores, indígenas, etc.? Suponemos que cientos o miles de millones de pesos. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha dicho una y otra vez, que los apoyos económicos que otorgará su administración serán directos y no a través de intermediarios, que rasuran el citado apoyo y lucran con el mismo. La pregunta es: ¿Porqué se sigue aplicando la política clientelar, incluso con militantes del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que golpean al gobierno con la izquierda, pero con la derecha piden recursos, obras y otras prebendas?
El gobierno de Alejandro Murat debe decir ¡basta!, a tanto chantaje y presión de dichos grupos. De una vez por todas acotar ese cáncer social e impedir que ese crecimiento de organizaciones y grupos de presión se convierta algún día, en un factor insostenible, desde el punto de vista presupuestal. Sólo en los últimos dos o tres años el directorio de vividores se ha multiplicado. Ninguno aporta nada positivo al estado ni al pueblo. Se han convertido en una industria muy rentable y brutal, deteriorando el orden y la paz social; la economía y la gobernabilidad. Que se entienda, Oaxaca no puede más. Es irresponsable destinar recursos a manos llenas a sabiendas de que no llegarán a los legítimos destinatarios. Es síntoma de mal gobierno seguir manteniendo con dinero público a una casta maldita de falsos redentores sociales.
En diversos foros, organismos de la sociedad civil, empresarios, comerciantes, empleados de gobierno y otros, se han pronunciado por cortar de una vez por todas, cualquier apoyo a través de dirigentes. Que ese recurso se destine a obras prioritarias, que no las hay. A programas sociales, que quiten banderas a esos vividores. No existe un programa de tal envergadura en este gobierno, que esté destinado a abatir los índices de pobreza y pobreza extrema. Y es que la sangría de estos parásitos es infame. Pero jamás se acabará en tanto se les siga dando a manos llenas del magro presupuesto estatal. Ni un peso más señor gobernador, a esas lacras que perviven de los recursos públicos de los oaxaqueños. No más industria del chantaje. La ley es lo que hay que privilegiar