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Opinión

Editorial

Oaxaca ingobernable

 

Algunas voces reconocen que los problemas de bloqueos carreteros, toma de oficinas y de casetas de cobro, marchas y movilizaciones, obedecen a la apatía de las diversas dependencias del gobierno estatal en resolver demandas y peticiones. Otras, opinan que la extorsión y el chantaje de organizaciones y dirigentes, deben tener una respuesta drástica, pero que además, dadas las nuevas reglas para otorgar apoyos económicos a comunidades o grupos sociales, no debe otorgarse ni un peso más a quienes dicen representarlas. Lo que sorprende con estos aberrantes métodos de presionar al gobierno y afectar directamente a la ciudadanía, es la apatía del primero para poner orden y usar, de ser necesario y de acuerdos a los protocolos, la fuerza.
Pero en Oaxaca existen dos fantasmas cuyos coletazos siguen afectando a una sociedad inerme y mantienen a las autoridades atadas a viejos mitos: el movimiento del 2006-2007 y el caso de Asunción Nochixtlán, del 19 de junio de 2016. Ambos han propiciado la impunidad con la que se desenvuelven organizaciones y dirigentes. Nadie los toca. Pueden secuestrar, lastimar, herir, poner en vilo a la ciudadanía, atracar, asaltar en carreteras, extorsionar y otros, sin que nadie, absolutamente nadie, los llame a cuentas. Lo que prevalece en el gobierno, desde los últimos años de Ulises Ruiz hasta lo que lleva el gobierno de Alejandro Murat, es el miedo para aplicar la ley.
Es evidente que muchos grupos y organizaciones han encontrado en dicho miedo la justificación para cometer las peores bajezas; los atropellos más detestables en contra de la sociedad civil. Un ejemplo es el bloqueo que, por asuntos de corte doméstico, pusieron si mucho veinte vecinos de San Francisco del Mar. Amén del viejo conflicto que tienen entre Pueblo Nuevo y Pueblo Viejo, este grupo huave vive en permanente conflicto. Tomaron como bandera esta situación para otras demandas como la renuncia del presidente municipal o la petición de una clave para una escuela que está bajo control del Sindicato Independiente de Trabajadores de la Educación de México (Sitem). Dicho mecanismo de chantaje y presión sirvió para cobrar derecho de peaje a pasajeros, transportistas y automovilistas. La pregunta es: ¿Han investigado las autoridades este hecho, que constituye un delito? Con certeza no. Esto es: cualquier hijo de vecino que no quiera trabajar o ganarse la vida con decoro, puede atracar en carreteras sin recibir castigo.

 

Cambios indispensables

A una semana de que el gobernador Alejandro Murat rinda ante el pueblo oaxaqueño o entregue al Congreso del Estado su III Informe de Gobierno, tal parece que los demonios andan sueltos. Desde el lunes de esta semana, las protestas, bloqueos y movilizaciones se han exacerbado. Todos piden solución a sus demandas, pero tal parece que los funcionarios se han refundido en sus oficinas y nadie da una respuesta. El pasado miércoles, organizaciones como el Consejo para la Defensa de los Derechos Indígenas (Codedi), que encabeza el delincuente impune Abraham Ramírez, junto con otro membrete, Consejo para por los Derechos del Pueblo (Codep), bloquearon el crucero al Aeropuerto. Éste se mantuvo.
Mientras ello ocurría, militantes del Movimiento Agrario Indígena Zapatista (Maiz), la franquicia con la que Omar Esparza, viudo de Beatriz Cariño, muerta en 2010, en una emboscada en Copala, tomaron la caseta de Huizto y un grupo de presidentes municipales, manejados por dicha organización bloqueó Ciudad Judicial, secuestrando prácticamente a los empleados de dicho complejo administrativo. Las fotografías de los mismos, escapando por bardas y alcantarillas se volvieron virales, haciendo aparecer a Oaxaca como territorio de impunidad e ingobernabilidad. No faltaron los transportistas en el Istmo de Tehuantepec, cuyos habitantes estuvieron asimismo como rehenes el día anterior, con al menos ocho bloqueos carreteros.
Esta situación ha creado un ambiente de hartazgo. He ahí el por qué, en los corrillos políticos, en los cafés y restaurantes se habla de los necesarios cambios que debe hacer el gobernador Alejandro Murat, al reconocer que el equipo con el que hoy gobierna ha fracasado en mantener la paz y el orden. Y eso que no hablamos del tema de la seguridad, que es otro boleto. La insistencia en el tema de la gobernabilidad es justamente lo que ha mantenido a Oaxaca en el atraso y el rezago. Nadie querrá invertir o traer su dinero a la entidad, habida cuenta de este desorden y anarquía que prevalece, pero sobre todo el miedo a aplicar la ley. No se entiende la gobernanza al pretender trascender en la historia política sin haber que se condujo la entidad solamente con diálogo y nunca con la ley en la mano. Como decimos antes, a los oaxaqueños nos siguen pegando los fantasmas del pasado, los cuales han generado un miedo cerval para actuar como lo mandata la ley.