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Opinión

Editorial

Un aniversario más

 

Hoy se celebra en nuestro país el 34º aniversario de uno de los siniestros más terribles de que se tenga memoria: el sismo del 19 de septiembre de 1985, que devastó la ciudad de México, con miles de muertos y otros tantos desaparecidos. Según los expertos, desde tiempos inmemoriales no se había sentido un siniestro de magnitud 8.1 grados. Dicha tragedia dejó una huella profunda entre los mexicanos. La reconstrucción fue lenta y extenuante. Semanas después se seguían encontrando cadáveres de víctimas y hasta personas que habían pasado ese tiempo entre los escombros, como fue el caso de niños recién nacidos en el Hospital General de México. La tragedia unificó a los mexicanos en uno solo. La solidaridad de la sociedad civil superó cualquier expectativa oficial. El gobierno quedó totalmente rebasado. El sismo de 1985 dejó una huella profunda. Contra la fuerza de la naturaleza nuestra lucha es insuficiente y aunque los sismos no se pueden prever, hay que tomar precauciones. A partir de ahí se dio cuerpo a los organismos de protección civil y a los simulacros, que reflejan el qué hacer en casos de desastre. Han pasado 34 años de dicha tragedia y poco hemos aprendido de dicha lección.
Justo cuando se celebraban los 32 años, el 19 de septiembre de 2017, un sismo de 7.1 grados volvió a cimbrar el centro de la república, empezando por la misma capital, que una vez más pagó una elevada cuota de vidas. Otros estados como Morelos, Estado de México y Puebla, también resintieron los efectos. Si en 1985 el movimiento telúrico se había sentido a las 7 y fracción de la mañana, el de 2017 fue al filo de las 13 horas, cuando millones de empleados, trabajadores de diversas ramas, etc., estaban en sus oficinas; los niños y jóvenes en sus escuelas. En Oaxaca los efectos de dicho siniestro fueron simplemente menores a los del desastre que dejó el temblor de 8.1 grados del 7 de septiembre de ese año. Hoy se han programado simulacros con los cuales tanto las autoridades como los organismos civiles intentan de manera desesperada evitar pérdida de vidas. Es necesaria y urgente la creación de conciencia colectiva en materia de prevención de desastres naturales o al menos saber qué hacer. Las autoridades, sin embargo, han sido omisas en la revisión de las condiciones generales de trabajo, para detectar vacíos en la protección, como rutas de evacuación, comités internos de protección, salidas o escaleras de emergencia, entre otros.

Condiciones de seguridad: ¿Cuáles?

Se ha convertido prácticamente en una institución, realizar las ceremonias de izamiento y arrío de bandera, en el marco del mes de septiembre, también conocido como Mes de la Patria. Al alimón de dependencias federales y estatales, participan asimismo organizaciones de la sociedad civil, clubes de servicios, empresas privadas y otros, con un solo objetivo: promover el respeto y reconocimiento a nuestros símbolos patrios, hoy tan olvidados por las nuevas generaciones y modelos extrenos. Las ceremonias iniciaron el pasado día primero y se mantendrán hasta el fin de mes. El nivel de soslayo a nuestros valores nacionales ha llegado a tal grado que incluso las calles, que antes lucían con banderitas y motivos septembrinos, hoy lucen sobrias y sin lucir los colores patrios. Hace algunos años se difundían spots de radio y televisión y hasta se motivaba al ciudadano común a adornar las fachadas de sus casas, sus ventanas o vehículos, con banderitas, rehiletes, sombreritos, etc., con la sana intención de promover el respeto y veneración por los símbolos nacionales. Y el olvido y apatía subyacen en el mismo gobierno estatal. Llegó el día primero de septiembre sin que los balcones de palacio de gobierno lucieran como es propio de estas fechas.
En Oaxaca, en mucho ha contribuido a ese abandono de nuestros valores patrios, el fanatismo y la pésima educación que han impartido los mentores de la Sección 22. Hay que recordar que fue escándalo nacional una escuela en la comunidad de San Lucas Quiaviní, Tlacolula, en donde los maestros enseñaban cantos y consignas de la revolución socialista y no los símbolos nacionales. He ahí el por qué en esta tribuna editorial y desde hace mucho tiempo, hemos insistido en fortalecer la enseñanza del civismo, de la historia patria y desechar todos aquellos valores que nos son ajenos. Ello no implica hacer a un lado la historia mundial o la existencia de personajes y hechos que han forjado un hito en el devenir histórico del Europa, Estados Unidos u otros países o continentes. Hay ahí también valores, pero no podemos sustituir con nada lo que es nuestro. Los héroes nacionales, los íconos de la Independencia, La Reforma, La Revolución, etc. La base pues, debe ser nuestra historia patria y ninguna más. En este mundo global no podemos soslayar el estudio de otros hechos que han forjado parte de la historia del mundo, pero el eje, la raíz –como sugirió una vez José Martí- es la historia de nuestros pueblos.