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Opinión

Mis dos centavos

¡Las están matando!

 

Dos mujeres asesinadas y una adulta mayor violada, así va la semana en Oaxaca, entidad donde desde el 30 de agosto de 2018 la secretaría de Gobernación emitió la Alerta de Violencia de Género para 40 municipios de la entidad, entre ellos, Oaxaca de Juárez, Santa Lucía del Camino, Santiago Pinotepa Nacional, San Pedro Mixtepec, Santa María Huatulco, Tuxtepec, Loma Bonita, Salina Cruz, Juchitán de Zaragoza, entre otros.
Es decir, desde el año pasado, el gobierno del estado tenía la obligación de fortalecer medidas de seguridad, de justicia y reparación y de prevención.
Incluso hubo un llamado desde el Congreso Local para apremiar estas acciones, toda vez que día con día, los diarios daban a conocer más historias de niñas y mujeres violadas y asesinadas.
A pesar de las manifestaciones de grupos feministas, las instituciones encargadas de procurar justicia, hacen mutis ante el aumento de víctimas de violencia.
Pareciera cumplirse al pie de la letra lo que dijo Octavio Paz “México, como gran parte de las naciones latinoamericanas, diseñó sus instituciones para ocultar la realidad, no para transformarla”.
Y es que, a pesar de las denuncias, los avances no se ven, ni en la procuración de justicia, ni en las acciones de prevención que busquen transformar los patrones socioculturales que producen y reproducen violencia.
De acuerdo a declaraciones del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública Federal, una mujer es víctima de un delito cada 26 minutos en Oaxaca, es decir, las mujeres no pueden estar segura ni media hora.
Y a pesar de ello, vimos una serie de calificativos sobre las manifestaciones de las mujeres en Ciudad de México y Oaxaca, en mayor medida por hombres y con discursos tan absurdos como “a nosotros también nos están matando”.
¡Cuánta falta hace educar con perspectiva de género!
“Apoyo su lucha, pero así no”, “son violentas”, “qué me digan, ¿cuántas mujeres revivieron con esas pintas?”, ¿es en serio? Prefieren ver los edificios sin gritos de auxilio, a exigir justicia a las instituciones encargadas de brindarla.
Alguna vez, el académico Lawrence Harrison dijo que “la cultura es un obstáculo para el desarrollo de países latinoamericanos”, una frase sin duda con una gran carga de racismo, pero a la vez, tan cruda para explicar lo que vivimos en nuestro país.
En México, el clientelismo, el corporativismo político, esas décadas sumidos con un partido en el poder, afectaron severamente nuestra percepción sobre derechos y libertades.
No es posible hablar de una gobernabilidad democrática en nuestro país, cuando los gobiernos no consideran las formas de participación y representación social, cuando las demandas que exigen las mujeres, no son consideradas por las instituciones.
¿Entonces? Queda la lucha, las marchas, las manifestaciones necesarias para poder generar ese cambio cultural que la sociedad necesita, pues mientras las personas no conozcan sus derechos fundamentales no se puede hablar de una vigencia del estado de derecho.
La ciudadanía —dice Pedro Salazar Ugarte— es el último bastión de vigilancia del uso de los recursos públicos y las decisiones de los gobiernos, y pues… ¡a darle!
A impulsar, promover una ciudadanía activa, que participe, que exija.
Para que ese civismo que inundó las redes sociales cuando se pintaron las paredes en Ciudad de México, cuando la manifestación se llenó de glitter, para demandar justicia.
Si hay indignación por esas manifestaciones, mayor debe ser la protesta por las muertas, las desaparecidas, las violadas, aquellas que no pueden hablar, esas que se han convertido en un número, una estadística para el gobierno, pero que sigue doliendo hasta el alma para sus familias.
Como rezaba un clip de video de El País, se pueden acabar las lágrimas, pero nunca la sed de justicia.
Gobiernos, ¡despierten! Que la sociedad está cansada, pero no para luchar.
@argelrios