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Opinión

Pacto Oaxaca

 

¿Qué es el Plan Oaxaca firmado el 14 de agosto pasado en el Centro de Convenciones de esta entidad en Santa Lucía del Camino? ¿En qué consiste? ¿Cuál será su andadura? ¿Cómo y con qué se compromete cada una de las partes?
¿Cuál es su ruta crítica? ¿Cuál será el impacto en el desarrollo social y económico de la zona? ¿Cuál es la diferencia entre este Pacto y las políticas de desarrollo social que es responsabilidad de cada gobernador y de la federación? ¿Cuál su diferencia con los Planes anteriores?
La Real Academia de la Lengua define “Pacto” como “Concierto o tratado entre dos o más partes que se comprometen a cumplir lo estipulado” y que es una “Cosa estatuida por un pacto”. Así que el Pacto Oaxaca firmado entre 9 gobernadores de estados del sur-sureste, empresarios de distintas cámaras de comercio, el CIDE y el gobierno federal es eso: un convenio que se supone ineludible. Pero ¿será?
Al evento al que convocó la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) llegaron para comprometerse en la “creación de oportunidades de inversión a fin de fortalecer esta región del encadenamiento con otras entidades el país… Y por el que se propone compartir información entre todos los actores involucrados, promover el desarrollo industrial, económico, la inversión en infraestructura y en el sector turístico”.
Al hacer uso de la palabra el gobernador de Oaxaca, dijo: “Ahora sí vamos por el desarrollo” y que lo ocurrido ese día ahí “marcará un hito en la historia de México: Porque unidos, con su visión, somos invencibles” le dijo al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Palabras melosas, sin duda.
Y así, en medio de una multitud aportada por el gobierno oaxaqueño, se llevó a cabo un evento que es un catálogo de buenas intenciones que busca fortalecer una zona del país en la que el presidente de México ha mostrado particular interés. Lo cual no es una novedad.
De hecho a lo largo de los años, la problemática de la región sur-sureste ha sido motivo de distintos planes, proyectos, propuestas, estudios, que buscaban su desarrollo y crecimiento. Ya desde el gobierno del presidente Porfirio Díaz se hablaba de desarrollar esta zona; él mismo ordenó la conexión, vía tren, al resto del país y formó polos de producción.
Y así durante distintos gobiernos. Lo más reciente fue “uno de los proyectos de desarrollo regional más ambiciosos” -se dijo- de la administración de Enrique Peña Nieto; el de las Zonas Económicas Especiales (ZEE), que nació en el 2016 “con el objetivo de cerrar la brecha económica y social que existe entre el sur-sureste y el resto del país”. Nada nuevo bajo el sol, pues.
Por supuesto esto lo saben los empresarios que asimismo atestiguaron aquel proyecto. Lo dijo el miércoles 14 de agosto pasado Manuel López Campos, presidente de la Concanaco: “ya ha habido varios intentos por el desarrollo del sur-sureste, por lo cual no se puede fallar en este nuevo intento”. ¿Por qué fallaron los otros intentos, como fue el caso de las ZEE?.
Eduardo Sojo, vocero del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) dijo que el desarrollo económico de la región no se corresponde con el tamaño de su población” [La región cuenta con el 28% de la población nacional pero sólo el 18% del PIB].
El presidente de México que acudió con distintos integrantes de su gabinete afirmó que “es un acto de justicia buscar el desarrollo económico del sur-sureste, una parte de México que ha sufrido abandono sistemático por parte de la Federación”…
Y así, ese día, se desgranaron una cauda de buenas intenciones con las que hacen suponer que esta vez sí será, como ocurrió antes, y antes, y antes… ¿Por qué esta vez sí tendría que ser?
Por lo pronto, el Pacto Oaxaca no deja en claro en qué consiste la propuesta, cuál es la estrategia definida para crearlo, cómo y con qué participará cada una de las partes firmantes. No se percibe metodología, estructura de plan de trabajo; acaso se menciona una Agenda con cuatro puntos estratégicos, se dijo ahí y que, a la lectura son de otro modo, lo mismo.
“Apoyar a la microempresa y el emprendimiento surgido desde la base de la sociedad; realizar proyectos estratégicos impulsados por el estado; facilitar la inversión privada mediante la simplificación de los trámites fiscales, la no creación de impuestos nuevos ni el aumento de los actuales y la observación de un Estado de derecho así como atraer la inversión extranjera”
Como se ve, la idea de la federación es atraer inversiones y darles todas las facilidades burocráticas y fiscales. ¿Y cuál será el beneficio para los grupos sociales de las entidades? ¿Cómo impactarán estas inversiones en la economía de cada uno? ¿En qué focos de desarrollo serán ubicados estos capitales sin impactar la ecología ni las formas culturales y sociales?… Falta saberlo.
En todo caso, llama la atención lo dicho por el gobernador de Oaxaca: “Ahora sí vamos por el desarrollo”. ¿Antes no? Está a casi tres años de su gobierno y ¿qué ha hecho en este aspecto?
¿Qué ha hecho Murat para sacar de la pobreza a la entidad y, sobre todo a las comunidades más rezagadas del desarrollo estatal y nacional? Una entidad con el 67% de sus 4 millones de habitantes viven en pobreza y un millón de los cuales vive en pobreza extrema y en donde 7 de cada 10 habitantes vive de la economía informal sin beneficios sociales.
¿Y qué hay de cada una de las entidades cuyos gobiernos firmaron este Pacto Oaxaca?
El Pacto Oaxaca es un acuerdo para la inversión privada. Es un convenio con los empresarios a los que tanto se acusó de ‘traidores de la patria’ y a los que hoy se convoca para formar parte de la solución de quebranto económico en el país… ¿lo hacen sin intereses , sin enganche y sin fiador?
En fin. Ya está firmado el Pacto Oaxaca. ¿Qué sigue?