Asaltos al día |
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Opinión

Editorial

Asaltos al día

 

Ya no es novedad ver en las redes sociales escenas muchas veces grabadas por cámaras de seguridad, de asaltos en tiendas o afuera de los bancos. La duda es: ¿cómo se enteran los ladrones de quién lleva o no dinero? Porque los robos no son de cantidades pequeñas sino de grandes sumas. Las víctimas que han salido de las sucursales bancarias, son perseguidos por los delincuentes hasta que los despojan de su dinero. No son ocasionales. Son directamente dirigidos a quien lleva efectivo. Sin embargo, se advierte una total parálisis de las autoridades para investigar este delito. En los últimos meses se han contabilizado decenas de robos y no hay, de parte de la autoridad, una explicación o medidas de prevención sugeridas para evitar dicho ilícito. Todo mundo se encoge de hombros o simulan actuar, cuando la ciudadanía está cierta de que la delincuencia sigue avanzando en un clima de impunidad. Los asaltos a casas habitación van al tenor asimismo, al clima de inseguridad que se vive en la capital y han puesto en evidencia a las autoridades municipales que tal parece que ni sufren ni se acongojan con esta realidad que les pega de lleno, mostrando su incapacidad.
En ciertas regiones del estado, los asaltos carreteros se han vuelto otro capítulo de la inseguridad. Entre Tehuacán, Puebla y la Mixteca oaxaqueña, justo en ese espacio en donde no hay comunicación y señal de celular, se han cometido decenas de ilícitos. Camiones y tráileres que transportan mercancías u otros, son despojados de su carga, la cual es llevada a sitios en donde los delincuentes la venden posteriormente. Para aquellas unidades provistas de equipo de rastreo, los ladrones se han preparado para ello y llevan consigo inhibidores de señales satelitales para que sus hurtos queden a buen resguardo. Antes eran las pipas cargadas de combustible presas fáciles de los delincuentes, ahora no, ante la vigilancia que ejerce sobre este tipo de transporte la Secretaría de la Defensa Nacional, pero las bandas delictivas siguen en la búsqueda de cuestiones más rentables. Hace poco más de una semana centenas de transportistas de camiones pesados realizaron una protesta en el crucero de Viguera para exigirle al gobierno mayor seguridad y que realicen acciones enérgicas para acabar con la delincuencia. Nadie acusó recibo de dicha demanda, lo que implica que la inseguridad sigue haciendo estragos entre la ciudadanía.

Preocupante deterioro

Ante la abulia de las autoridades tanto estatales como municipales para atender el preocupante deterioro de nuestro Centro Histórico, plagado de ambulantes, alcohólicos, indigentes y menesterosos, pero sobre todo, por la destrucción paulatina de nuestro patrimonio cultural, grupos de la sociedad civil han decidido tomar las cosas por su cuenta. Hace unos días trascendió que en el marco del Club de Periodistas de Antequera, se habría creado una fundación con el propósito de devolverle a nuestra ciudad su señorío ancestral. Es sintomática la abulia gubernamental para darle una solución al comercio en la vía pública. Los organismos de seguridad han detectado cuestiones de peligro en los puestos que han infestado todo el centro de la ciudad, como la venta de estupefacientes y productos ilícitos. Se sabe asimismo, que los sindicatos del transporte, “Libertad”, “14 de junio”, la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM) y lo que queda de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), tienen sus tentáculos en el comercio en la vía pública y no precisamente con asuntos ligados al transporte. He ahí el por qué dichos comerciantes se asumen intocables.
Lo que preocupa a miles de citadinos es el notable deterioro de la imagen de nuestra capital. Es impresionante la forma en la que hemos ido perdiendo espacios que antes servían para el solaz y el esparcimiento de las familias oaxaqueñas. El zócalo de la capital y la Alameda de León fueron por muchos años y durante casi todo el siglo XX, sitios a donde se paseaba los fines de semana. Los adultos mayores, jubilados y pensionados, se pasaban largas horas del día materialmente matando el tiempo en las bancas de dichos lugares a veces para reunirse con sus amigos y contemporáneos. Hoy, dichos lugares están a reventar de puestos de venta de toda clase de baratijas. Ya no hay espacios ni para sentarse. De igual manera ha ocurrido con el andador turístico ubicado en la calle Macedonio Alcalá. Hoy luce plagado de mendigos, vendedores de diversos productos, vendimia que se prolonga hasta Santo Domingo. Nuestro principal atractivo arquitectónico y colonial no luce como antaño, sino que hoy se ve materialmente invadido por el ambulantaje. Lo que nos sorprende como ciudadanos es que el gobierno de la ciudad no haya movido un solo dedo para resolver el problema. He ahí la participación de la sociedad civil.