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Opinión

El hombre y su palabra

Sin planeación no habrá transformación

 

La renuncia de Carlos Urzúa en la Secretaría de Hacienda –tal vez la Secretaría más importante– refleja una de las principales debilidades de este gobierno: la planeación. El ex secretario señaló en su carta de renuncia que “en esta administración se han tomado decisiones de política púbica sin el suficiente sustento”. Al día siguiente de la renuncia, en la conferencia mañanera, López Obrador confirmó las discrepancias con Urzúa; una de las más importantes fue el Plan Nacional de Desarrollo (PND).
El PND es el documento rector de cada gobierno, ya que orienta el quehacer de los trabajadores del sector público, en él se establecen los objetivos prioritarios, las estrategias y los indicadores que permiten evaluar el cumplimiento de los objetivos. En esta ocasión fue evidente que se habían redactado dos planes, el primero lo hizo el presidente y el segundo hacienda; el primero carecía de los elementos que exige la ley de planeación –diagnóstico general, ejes, objetivos, estrategias e indicadores de desempeño– y el segundo sí cumplía con lo requerido; el primero fue aprobado por el Congreso como documento base, mientras el segundo se mantuvo como Anexos.
Según el presidente, el PND que propuso Urzúa tiene las mismas características que los documentos realizados en las administraciones anteriores y eso no reflejaba la supuesta etapa de transformación en la que se encuentra México; en cambio, el documento hecho por él sí lo hace. La realidad es que el texto de López Obrador es un reparto de culpas, tanto al modelo económico neoliberal –sobre el cual se ha distanciado en el discurso, pero en los hechos no– como a los presidentes que ha tenido el país; también es un documento de muy buenas intenciones, pero objetivos poco realistas. Por poner un par de ejemplos, se plantea alcanzar tasas de crecimiento económico del 6 por ciento y erradicar la pobreza extrema; tales objetivos son muy ambiciosos y ¿quién no los quisiera?, sin embargo, los problemas estructurales del país son de tal magnitud que en 6 años no se les pueden dar la vuelta. Por eso deben establecerse diagnósticos, objetivos y metas coherentes. En contraste, en el documento de Anexos se busca que para 2024 el número de personas en condición de pobreza se reduzca en 20 millones, mientras que en pobreza extrema sea en 5 millones.
En un gobierno que se dice de izquierda, la planeación no debe ser calificada de neoliberal, al contrario, ésta debe estar más presente que en las administraciones anteriores; sin embargo, es algo que se ha omitido, parece prevalecer la improvisación y la idea de pasar a la historia a través de los megaproyectos, aunque éstos tengan implicaciones ambientales o no sean redituables económicamente, me refiero al Tren Maya y la refinería de Dos Bocas en Tabasco, respectivamente.
Por otra parte, una cancelación importante en política pública, y sin argumentos, fue la del programa Prospera, si bien no logró erradicar la pobreza, sí hay evidencia de que la población marginada mejoró su acceso a servicios de educación y salud; tal programa inició en el gobierno de Carlos Salinas y se mantuvo hasta con Enrique Peña Nieto, pero para este gobierno, con tal de que no quedara indicios del pasado, se decidió ya no darle continuidad. Borrón y cuenta nueva. No debería ser así, sí hay elementos que fueron útiles en los sexenios pasados, entonces vale la pena darles continuidad.
López Obrador debe dejar de lado el papel de candidato y empezar a ser pragmático; debe sentarse con su gabinete y escucharlos. En este tiempo, los ministros han tenido pocas intervenciones públicas, siempre es el presidente el que marca la agenda en temas que él desconoce, pero sus secretarios no. El caso más destacado corresponde al ámbito económico, el cual le pertenecía a Urzúa, ahí López Obrador ha declarado que la economía va “muy bien” y que él “tiene otros datos”; recientemente, salió a decir que aunque no hay crecimiento económico, sí hay desarrollo. Pero no mostró evidencia.
La oportunidad que el electorado le otorgó a AMLO no debe ser desperdiciada. Después de tantos años para que por fin estuviera en el poder una fuerza distinta, ésta podría pasar a la historia por la falta de planeación, coordinación y mala ejecución de sus políticas públicas. Estos primeros siete meses han dado muestra que no bastan los discursos y buenas intenciones. La renuncia de Urzúa es un llamado de atención a la 4T, aún es tiempo para recomponer y trabajar con base en argumentos sólidos.