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Opinión

¿Quiénes abogan?

 

Reza un latinismo Ubi societas ubi ius, Ubi ius ubi societas (donde está la sociedad está el derecho, donde está el derecho está la sociedad), bajo este aforismo, la responsabilidad de interpretar las normas jurídicas recae en las abogadas y los abogados.
La educación jurídica en las universidades, tiene su génesis en la baja Edad Media, entre 1088 y 1160. Fue la Universidad de Bolonia, la primera en abrir aulas para la enseñanza del derecho. Siglos más tarde en la Nueva España, la enseñanza jurídica comenzó en el año 1553, fueron las Facultades de Cánones y Leyes de la Real y Pontificia Universidad de México, las primeras que abrieron una cátedra jurídica.
Como cada año, el 12 de julio se conmemora el día de la abogada y del abogado. Esta fecha fue instituida desde 1960 por el entonces presidente de la República Adolfo López Mateos, para remembrar la función social que desempeñan las personas expertas en Derecho.
De acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española, la palabra abogado proviene del latín advocatus, que quiere decir aquella persona que brinda asesoramiento jurídico en procesos judiciales y administrativos. Ángel Ossorio y Gallardo, hace una distinción entre licenciado en derecho y abogado; describió al primero como aquella persona que posee título de licenciado en derecho, pero no aboga ante los tribunales; mientras que describe al segundo quien con el título de licenciado en derecho se encuentra abogando ante los tribunales.
Como en toda licenciatura universitaria, los planes y programas de estudio deben ser acordes a las necesidades que reclama la sociedad. Las y los profesionales en derecho deben contar con herramientas teóricas y procesales que les permitan resolver los problemas a los que se enfrentan las personas en el día a día.
Al igual que otras profesiones, la licenciatura en derecho, ha perdido prestigio debido a las prácticas negativas de quienes “ejercen” el conocimiento jurídico. Casos como la función desempañada por quien “representó” a Antonio Zúñiga, protagonista de la película “presunto culpable”, este pseudo-abogado con cédula profesional falsa, no realizó una defensa adecuada, siendo una de tantas razones que ocasionaron que “toño” permaneciera en la cárcel acusado de un delito que no cometió.
¿Cuántos “presuntos culpables” tendremos en México que por una deficiente representación jurídica, son privados de la libertad o sufren un perjuicio en el patrimonio? Las personas de a pie, cuando se enfrentan a un problema jurídico lo que buscan es un profesional en derecho que los represente con ética y honestidad.
Por ello, resulta imperioso que en las escuelas y facultades dedicadas a la enseñanza del derecho, existan dos variables en las aulas: una está relacionada con la presencia en el currículo de la asignatura “ética jurídica”; por otro lado, bajo la premisa que los valores no se enseñan sino que se practican, el papel del abogado como docente tiene una alta responsabilidad como ejemplo de las y los futuros profesionales del derecho.
Si el estudiantado aprende derecho en aulas holísticamente diseñadas, mediante las cuales, los fundamentos teóricos se consoliden con el aprendizaje de prácticas honestas, muy seguramente la o el futuro abogado postulante o servidor público, se conduzca con ética y probidad al ejercer esta noble profesión.
Me uno a los festejos por el día de la abogada y del abogado, muchas felicidades. Ante lo desprestigiada que está la abogacía, nos corresponde dignificarla con nuestra ética cotidiana, sin importar la senda donde nos encontremos: como servidor público, como abogado postulante, como asesor jurídico, como docente, como padre y madre que ama su profesión, porque así como lo sentenció Eduardo Couture: “Trata de considerar a la abogacía de tal manera que el día en que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proponerle que se haga abogado (décimo mandamiento del abogado).
Al final usted tiene la mejor opinión…
Twitter: @EduardoBizuet