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Opinión

Editorial

Un alto costo

 

Por fortuna, el amago o amenaza del presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, de gravar las exportaciones mexicanas con mayores aranceles si México no despliega una política más enérgica para acabar con la migración de Centro y Sudamérica a la Unión Americana, fracasó, salvo que el costo que nuestro país debe pagar es muy alto. La migración, y aquí lo hemos dicho, es un fenómeno mundial. Toda política que se encamine a detener a los que buscan un mejor destino será un atentado a los derechos humanos, cuestión bastante arraigada en nuestro país. Es decir, desplegar a miles de efectivos de la Guardia Nacional sólo para evitar que la porosa frontera sur siga como una entrada permanente de los migrantes procedentes de Guatemala, El Salvador, Honduras y otros, no será tarea fácil, pues se tienen que instrumentar mecanismos de fuerza, los que ha negado de manera reiterada el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Un factor adicional es la permanencia de los migrantes que han pedido asilo político en los Estados Unidos en el país, podría generar verdaderas crisis humanitarias, que ya hemos visto en otros países.

Aunque la suspensión de las presiones arancelarias sean de manera definitiva y en virtud de los resultados que dé nuestro país, es evidente –insistimos- en el alto costo político que habrá de pagar México. La migración, podemos anticipar, buscará nueva rutas, otras vías. En el trayecto terrestre de la misma figura Oaxaca. Es necesaria una coordinación interinstitucional para detener los flujos migratorios que se dan en autobuses, trenes y tracto camiones de manera ilegal. Las garitas del Instituto Nacional de Migración son insuficientes para evitar que miles y miles de indocumentados crucen nuestro territorio. Nada más complejo que ello, pues hay que recordar que también en la zona istmeña los ciudadanos provenientes de Centroamérica, y hoy se sabe también de países africanos, Cuba y otros, han dejado una huella indeleble en la inseguridad que ahí se vive. Junto con los que migran en busca de trabajo y del llamado “sueño americano”, también van delincuentes y malandrines; viciosos y traficantes. Y ello es uno de los factores de la presión que tanto ejerce el gobierno norteamericano sobre el nuestro. Sólo de manera coordinada entre los tres órdenes de gobierno el ofrecimiento de México a su vecino, puede tener resultados favorables.

 

¿Mujeres a salvo?

 

No se trata de echar por tierra o criticar solamente los programas que instrumentan ciertas áreas del gobierno estatal, sólo de ubicarlos en el contexto de la realidad en que vivimos. Los asesinatos de mujeres y feminicidios van al alza en lo que va del año, por ello, llama la atención el programa “Mujeres a Salvo”, con el que la Secretaría de Seguridad Pública de Oaxaca (SSPO), ofrece a la población femenina, una estrategia integral con perspectiva de género que facilita espacios seguros para mujeres que se sientan en riesgo de ser violentadas. Se trata de una aplicación tecnológica con el mismo nombre y que incluye como espacios seguros inmuebles tanto de la SSPO como de la SMO, de la Oficina de Pensiones del Gobierno del Estado, del municipio de Santa Lucía del Camino y ahora del CECYTEO, que funcionarían como resguardos temporales para mujeres en riesgo por su seguridad, las cuales serían auxiliadas por funcionarios públicos capacitados, quienes aplicarán el protocolo de actuación en materia de violencia de género. Con ello se trata de prevenir, atender, sancionar y erradicar este fenómeno que vulnera la paz y tranquilidad de las mujeres y las niñas de Oaxaca.
En realidad se trata de un programa novedoso del que hay que ver su eficacia y funcionalidad. La violencia de género se ejerce a diario, inclusive en el propio hogar. Hay datos preocupantes de lo que ocurre en los mercados, a bordo de los autobuses urbanos, en las cercanías de las plazas comerciales y otros espacios públicos. Sin embargo, ningún esfuerzo será menor si lo que se trata es de evitar que la violencia siga haciendo de las suyas en uno de los sectores más representativos de la sociedad: las mujeres. Ello sólo se puede lograr mediante un trabajo coordinado entre instancias de los tres órdenes de gobierno en coordinación con los sectores educativos, empresariales, públicos y privados, para garantizar el pleno goce de sus derechos y una vida libre de violencia contra las mujeres de Oaxaca. Esperamos pues que el programa a que hacemos referencia sea un pivote para que otras instancias se comprometan con esta labor. Ya basta de que a diario nos enteremos por los diarios o las redes sociales de mujeres violentadas, asesinadas, secuestradas, etc. Oaxaca, no hay que olvidarlo, se ha convertido en un referente desde la administración pasada, por el número tan preocupante de feminicidios.