Populismos y ecología |
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Opinión

El hombre y su palabra

Populismos y ecología

 

Durante campaña, López Obrador fue acusado por los sectores conservadores del país de ser un candidato populista. Quienes empleaban este término para descalificar al actual presidente, nunca se detuvieron a detallar su significado y tampoco lograron su objetivo: impedir que llegara al poder.
El término populista no es una asignación específica de alguna posición política, tanto la izquierda como la derecha han recibido esta denominación; de ahí que Donald Trump y López Obrador hayan sido colocados en tal cajón, siendo que sus proyectos no convergen en varios temas, si no es que la mayoría. Entonces ¿cuál sería el común denominador entre ambos personajes? Abanderar la inconformidad de una parte importante de los votantes; mientras en México se recogió el reclamo de aquellos que siguen viviendo en la pobreza y marginación después de 30 años de neoliberalismo, de quienes resultaron perjudicados por la violencia e inseguridad, así como de jóvenes que no tienen oportunidades laborales ni educativas; en Estados Unidos, el discurso de Trump exacerbaba el odio hacia los migrantes, el nacionalismo económico, entre otros asuntos.
Por lo tanto, el populista vendría ser aquel líder o partido que rompe con lo establecido, representando los intereses de sectores amplios, sin importar que éstos sean justos o no.
¿Por qué he tratado de aclarar el término de populismo? Hace una semana la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (CANACINTRA) y la Cámara Nacional de Comercio en Pequeño (CANACOPE) se fueron en contra del Congreso Local, criticaron la reforma hecha a la Ley para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos Sólidos y con la cual se prohíbe la venta, distribución comercialización y uso de plásticos, unicel y popotes; dijeron que esta medida no tiene sustento, que se trata de populismo ecológico y que conllevaría a la pérdida de empleos.
Tal vez unos datos puedan orientar a la clase empresarial. De acuerdo con cifras presentadas el año pasado en la Cámara de Diputados, Boletín N° 55458, en 2016 México fue el principal consumidor de agua embotella a nivel mundial; en 2017 aproximadamente en cada hogar mexicano se consumió mil 385 litros de agua embotellada, mientras que en Chile y Colombia el consumo promedio fue 37 y 39 litros, respectivamente. Según Fan México, diariamente se consumen 21 millones de botellas de PET y sólo el 20% de éstos se reciclan, el resto es incinerado o llega a parar a ríos y mares.
Antes de que el Congreso Local modificara la Ley, los municipios de Santa Catarina Lachatao, San Bartolo Coyotepec, Santo Tomas Jalietza, Santa María Huatulco, San Agustín de las Juntas y Oaxaca de Juárez ya habían emprendido acciones para prohibir el uso de plásticos y unicel; mientras que en Zaachila, Totontepec Villa de Morelos y San Andrés Zautla la separación de basura era ya obligatoria. Por lo tanto, no son los diputados los que encabezan estas acciones, sino la ciudadanía y colectivos; hay que recordar que por la gran biodiversidad e historia de los pueblos indígenas de Oaxaca, existen opciones para realizar nuestras actividades diarias empleando bolsas, ropa y trastes que son de origen natural y que no afectan el medio ambiente.
Los empresarios, como en otras situaciones similares donde sus intereses se ven perjudicados, se escudaron en la pérdida de empleos que significaría la prohibición los plásticos, unicel y popotes. Pero ¿no son distintos los intereses de los trabajadores y la de los patrones? Mientras los primeros buscan contar con empleos y salarios dignos, así como con prestaciones sociales; los segundos buscan minimizar lo mayormente posible el costo que implica la fuerza de trabajo, igualmente les es indiferente la contaminación y daño que generan sus productos.
Si bien el uso del plástico y unicel no puede detenerse de la noche a la mañana, es urgente emprender acciones encaminadas a proteger y revertir los daños ocasionados a la naturaleza. También resulta fundamental impulsar la educación ambiental: separar la basura, cuidar el agua, proteger la biodiversidad, aumentar el uso del transporte público, etc.
Por último, la relación entre los seres humanos y el medio que los rodea no es una cuestión de moda; los sectores conservadores deben entender que la palabra populismo no les ha servido para causar temor o denostar una forma de pensar y actuar; hoy son los ciudadanos, y no los partidos políticos, quienes se interesan e impulsan acciones para dejar a las futuras generaciones un mundo mejor.
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