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Hoy, La Guelaguetza

Editorial

 

 

Nuestro evento folklórico más representativo de la identidad indígena y mestiza de Oaxaca, se lleva a cabo desde 1932, cuando inició como “Homenaje Racial”, como producto de la inquietud de un grupo de entusiastas oaxaqueños que quisieron de esa forma, hacer una remembranza del pasado de gloria de nuestras culturas ancestrales. En los años cincuenta y sesenta esta conjunción de bailes y danzas de las entonces siete regiones de la entidad se conoció con el nombre de “Lunes del Cerro”.

Aunque en esa época quien presentaba los bailes y danzas era el Grupo Folklórico Universitario, poco después los comités organizadores trajeron a las delegaciones originales para presentarse en un escenario ad hoc, montado en el Cerro de “El Fortín”, conocido como La Rotonda de la Azucena. Previa nuestra fiesta máxima, era parte del protocolo, la designación de la Diosa Centéotl, quien acompañaba -y lo sigue haciendo hasta hoy- a las autoridades, a presenciar las presentaciones de las diversas delegaciones. Este espectáculo, único en su género, fue teniendo mutaciones importantes; cambios y modificaciones, algunas de las cuales poco tenían que ver con la originalidad que heredamos de nuestras culturales ancestrales.

Con la edificación del Auditorio Guelaguetza, construido a la manera de un anfiteatro griego, teniendo la vista espectacular de la capital oaxaqueña, en el bienio 1972-1973, nuestra fiesta folklórica tuvo ya un lugar específico para llevarse a cabo. A poco cambió su denominación de “Lunes del Cerro” a Guelaguetza, con la novedad de que ya asistían a la misma las delegaciones de las siete u ocho regiones del estado. Más adelante habría de aparecer el famoso Comité de Autenticidad que, en realidad, poco ha contribuido a darle más originalidad al evento. Por el contrario -como lo comentamos la semana pasada- ha creado controversias e inconformidades.

Poco a poco, la festividad de la Virgen de El Carmen, que acompañaba los Lunes del Cerro, se fue haciendo de menor valía, la igual que la costumbre ancestral de ir a desayunar o comer al cerro, que fue en el fondo, el origen de esto que ahora con eufemismo se denomina Guelaguetza. Con todo lo anterior y no obstante la amenaza de siempre de maestros y grupos beligerantes que siempre la han visto como botín, hoy, Oaxaca presenta a México y al mundo su espectáculo más representativo de su cultura, su identidad indígena y su tradición.

Cártel 22: Provocadores y mediocres

¿Qué otros calificativos puede llevar un gremio que se ha caracterizado por ser convenenciero, fanático, torpe y mercenario, como el Cártel-22, que entre el pueblo oaxaqueño no es más que una turba de ignorantes y provocadores? Cuando las fuerzas del orden intervienen para evitar abusos y atropellos a la sociedad, salen con el viejo ardid de que se criminaliza la lucha social.

Es decir, en su perspectiva de conveniencia, el Estado debe dejarlos hacer lo que les plazca, encubiertos en una burda idea de libre expresión. Los vándalos que se infiltran en las marchas, plantones y bloqueos, muchas veces llevados a pago por los dirigentes magisteriales, lo mismo lanzan bombas Molotov que rompen cristales, destruyen puertas, etc., pero en su visión, deben hacerlo con absoluta impunidad, dado que si la autoridad interviene -situación por demás casual- de inmediato se rasgan las vestiduras para gritar a los cuatro vientos que hubo represión. Se trata de una abierta provocación, como ocurrió en Asunción Nochixtlán, el 19 de junio de 2016, en donde hubo ocho muertos y cientos de heridos. Más aún, hacer que el gobierno se sienta culpable y los instigadores de los enfrentamientos, los genios de la provocación, puedan aprovecharlo políticamente para traer al gobierno con una especie de Espada de Damocles encima, frágil y presto para soltarles dinero a manos llenas.

En el fondo de todo subyace el interés pecuniario. Por ello provocan. Como en el 2007, cuando en su intento por apropiarse del Auditorio Guelaguetza, la Policía Estatal y la Policía Municipal los retuvo en inmediaciones del Cerro de “El Fortín”, en donde fue detenido Emeterio Merino, un enjundioso y violento activista de la entelequia conocida como Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO), que al llegar al sitio en donde fue puesto a disposición de las autoridades, iba en un lamentable estado de salud, por la golpiza que le habían propinado los policías.

Al menos dos de éstos fueron consignados, en tanto que el tal Emeterio vivió durante años al calor de los apoyos que en su momento le otorgó el gobierno de Ulises Ruiz, inclusive la familia aprovechó al lesionado para sacar provecho. Este ejemplo está vivo en la memoria colectiva de los oaxaqueños. Los provocadores siempre buscan algo y quienes los manejan también. Básicamente se trata de exhibir la intolerancia del gobierno que “criminaliza” la protesta social. Es decir -insistimos- en su visión, hay que dejarlos hacer lo que les plazca.