La mirada oscura | Opinión
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Opinión

La mirada oscura

Debates y Deslindes

 

 

Una inteligente y agradable mujer que me hacía el favor de leerme cada semana me comentó que me excedía en mis críticas a Vicente Fox. Ahora en la distancia, cuando me llegan en la mañana las primeras páginas de los periódicos nacionales, una selección de notas nacionales e internacionales veo que la prensa en general tiene una mirada crítica y pesimista de los gobiernos y de la forma como este planeta lleva la existencia de 7,800 millones de personas que habitamos en la ella, según los datos del Banco Mundial.

Desde que se tiene memoria, el mundo ha tenido guerras de todos los tamaños, la guerra ha sido una constante en la tierra y detrás de la guerra la ambición y el odio. Esta condición de la existencia humana la vemos reflejada en los medios de comunicación masiva, en las campañas políticas como la de Donald Trump que basó parte de su campaña en el odio a los mexicanos y cafés con leche, en las expresiones del nazismo y del racismo de los países desarrollados durante los siglos XIX y XX. Todos los que ahora se erigen como campeones de los derechos humanos arrastran un pasado colonial vergonzoso.

Las cifras son espeluznantes no sólo en el país sino en el mundo, pero en México como si todos se hubieran puesto de acuerdo para que las cifras se dispararan el número de mujeres asesinadas rompe récords. En Tijuana hay en estos meses del año de la constitución más de 56 mujeres asesinadas, lo mismo ocurre en el Estado de México, en los estados del norte, las mujeres son asesinadas sin piedad ni compasión.

La corrupción en el sector público y privado corre por las calles y está en todos los escaparates. No hay área que se salve, todos los días se dan a conocer actos de empresarios y funcionarios corruptos en todo el país. La corrupción es una constante. En 2016 nos convertimos en el primer país productor de heroína y el cartel de Sinaloa y el grupo Nueva Generación de Jalisco son ahora un orgullo para los mexicanos, por su capacidad financiera y de movilizar drogas en el mercado, ha desbancado, según publica la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito, a las organizaciones criminales de China e Italia. Esto a pesar del encarcelamiento y extradición de “El Chapo” Guzman.

Podemos seguir contando cifras y récord pero nos quedaríamos en lo mismo, en que se encuentran todos los medios y la sociedad en su conjunto y realmente no necesitamos que nadie nos diga cómo sentirnos deprimidos, enojados y devaluados. La sociedad y nosotros somos unos maestros en buscar la fórmula de sentirnos mal. Basta abrir cualquier periódico o escuchar un noticiero para inmediatamente sentirnos deprimidos, molestos de tanta injusticia e iniquidad.

Parece ser que nos resulta sumamente difícil y complicado encontrar las formas de sentirnos bien. Como si nuestros puntos luminosos y deslumbrantes no los podemos ver y es evidente que todos tenemos algo maravilloso. Lo único que hace falta es que cada uno encuentre esos mecanismos, actitudes o conductas que nos conducen al buen humor, al ánimo de estar contentos y satisfechos. Schopenhauer nos dice que reconocer la realidad de un destino trágico, de una pérdida de una situación nos conduce a un conformismo y una aceptación y por ello nos encontramos a seres humanos que aceptan realidades monstruosas. Nietzsche afirma en su obra Aurora que de todos los medios de consuelo no hay ninguno tan eficaz para el que lo necesita, como la afirmación de que en su caso, no hay consuelo. Inmediatamente yergue la cabeza. Todo parece indicar que la felicidad consiste en la resignación, que puede resultar sana ante nuestros males.

Lamentablemente la realidad nos enfrenta a nuevos males sociales y personales: la estupidez humana, la ambición, el mal gobierno, la burocracia, lo que los dioses quisieron de otra manera. De esa forma perdieron la vida y murieron asfixiados los dos tripulantes del VW que cayó al socavón en la autopista de Cuernavaca y que por angas o mangas nos enfrenta a las tragedias del subdesarrollo. Mala administración, corrupción en las obras, funcionarios inmorales. Cuando estamos a punto de aceptar una realidad esta se transforma y hay que iniciar el proceso de racionalización para aceptarla. Afortunadamente los malos, ineficientes e incapaces gobiernos tienen como aliados a la prensa, a la televisión que nos muestran otra parte de la realidad, la de los aliados de los medios de producción y dueños del capital y el dinero, los de las decisiones políticas que pueden transformar la vida. Como decía nuestro inolvidable Carlos Fuentes: Ni modo, aquí nos tocó vivir.

Juárez y la República

Hoy hace 150 años que el Presidente Benito Juárez entró a la capital de la República, por considerarla una de las fechas más importantes en la historia de México y Oaxaca transcribo el texto del Diario de la historia que publica el INIHRM.

El 15 de julio de 1867 el presidente Benito Juárez hizo su entrada triunfal a la Ciudad de México, después de cuatro años de ausencia provocada por la Intervención Francesa y el Segundo Imperio Mexicano, finalmente derrotados por las fuerzas de la República.

El deseo del emperador Napoleón III de crear una monarquía dependiente de su imperio llevó a que tropas francesas desembarcaran en México en 1862 con la idea de desconocer al gobierno legítimo y hacer proclamar un gobierno acorde a sus intereses.

La victoria alcanzada por Ignacio Zaragoza el 5 de mayo en Puebla logró retrasar un año los planes franceses, sin embargo, en mayo de 1863, ante la inminente llegada del ejército francés, el presidente Juárez, investido de facultades extraordinarias por el Congreso de la Unión, abandonó la Ciudad de México y estableció la sede del Gobierno en San Luis Potosí. El avance de las tropas enemigas obligó a una continua movilidad, fijando su residencia en distintos puntos del norte de la República.

El lugar más alejado del centro que Juárez y su comitiva alcanzaron fue Paso del Norte, Chihuahua (hoy Ciudad Juárez), donde, sin abandonar nunca el territorio nacional, el presidente encabezó la lucha contra el enemigo.

Con perseverancia se fue recuperando el territorio ocupado hasta que en Querétaro fue hecho prisionero el archiduque Maximiliano, junto con los restos del ejército imperialista, dejando libre el camino a la capital.

El presidente, acompañado por los miembros de su gabinete, hizo su entrada triunfal en la Ciudad de México el 15 de julio de 1867 a las nueve de la mañana, siendo objeto de numerosos homenajes. Los días siguientes a su arribo los consagró a dictar las medidas necesarias para la normalización del orden constitucional y el restablecimiento de las instituciones suspendidas por la intervención.

La derrota de la intervención y el Imperio, en 1867, puso fin a un ciclo iniciado con la Revolución de Ayutla que destruyó la dicotomía entre monarquía y república, centralismo y federalismo; se consolidó el Estado nacional mexicano, entendido como el Estado liberal de derecho: republicano, federal y laico.