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La Guelaguetza: De tradición a botín

De Paradojas y Utopías

 

 

1).- Los orígenes

Según estudiosos del pasado oaxaqueño, cronistas, amateurs y hasta creadores de ocurrencias, el origen de La Guelaguetza se remonta a 1932, cuando se celebró por primera vez el “Homenaje Racial”. Luego vendrían los “Lunes del Cerro”, en “El Fortín”, precisamente en “La Rotonda de la Azucena”.

La tradición: ir a desayunar o comer al cerro. Barbacoa, empanadas, memelas. Buscar sombra en cualquier árbol de huaje y ahí convivir. Los bailes de las “siete” regiones los presentaba el Grupo Folklórico Universitario. Posteriormente vendrían las delegaciones. Un templete rodeado de un cerco de carrizo. Policías custodiando que no entrara ningún intruso. En los alrededores, el pueblo asomándose para ver de lejos el espectáculo. A principios de los años 70 se inauguró el auditorio. Fue durante el interinato de don Fernando Gómez Sandoval, con el apoyo de Víctor Bravo Ahuja, titular de la SEP.

Poco a poco, La Guelaguetza fue deviniendo un espectáculo comercial y turístico. Las comunidades con los bailes más representativos, aunque estilizados y mestizos, participaron en el Primer Lunes o La Octava. Nació el llamado Comité de Autenticidad, que ha servido sólo para validar extenuantes bautizos, bodas y mayordomías. En su afán de que todos participen, elimina a los más representativos. Un simple Consejo de Notables que, sin ofender, no aportan nada. Por más de cuarenta años, la voz inconfundible de Gustavo Pérez Jiménez fue un componente irrenunciable. En torno a las delegaciones, la discriminación no era sutil, sino burda. Mixes y serranos eran instalados en hoteles “piojito”. Las delegaciones del Istmo y Tuxtepec, en hospedaje de al menos tres estrellas. Así devino La Guelaguetza de manera ininterrumpida por décadas. Miles y miles de turistas del país y el extranjero acudían y lo hacen hasta hoy. Es un espectáculo único en su género en el país. Y es de los oaxaqueños. Primero dos emisiones en lunes; luego dos matutinas y dos vespertinas.

2).- 2006 y la burra torció el rabo

La pregunta es: ?Cómo devino La Guelaguetza, el gran botín de la Sección 22, de los normalistas-vándalos y ladrones, organizaciones sociales y transportistas? ?Cómo se convirtió en un eje del chantaje, la amenaza y el amago de sujetos sin escrúpulos, sicarios de la lucha social y grupos facciosos como “Los Pozoleros” del Cártel-22? Es simple: porque los gobiernos lo han permitido. Porque no se ha aplicado la ley. Hasta nuestra fiesta máxima es objeto de las aberrantes “mesas de diálogo”. El 2006, en plena euforia de lo que algunos torpes llamaron “la primera insurrección del Siglo XXI”, fue el punto neurálgico de la protesta del Cártel-22 y la APPO, entonces regenteada por Flavio Sosa, el moderno “ajonjolí de todos los moles”, incendiario y sicario de COMUNA.

Había que golpear la línea de flotación del gobierno ulisista aunque se le pusiera en la madre a Oaxaca. Ésa fue su lógica y sigue siendo la de ciertos grupos del Cártel-22. El evento se suspendió. Vándalos y encapuchados quemaron el escenario. Era menester pegarle a este espectáculo “burgués”. En 2007 quisieron repetir el numerito: apropiarse del Auditorio Guelaguetza e impedir la presentación de los bailes. La garrotiza que le pusieron a Emeterio Merino fue el pivote de la victimización. Todos se dijeron reprimidos. Y ahí empezó la historia truculenta de los carniceros convertido en reses.

3).- La burla al gobierno

Pese a la buena disposición mostrada por el gobierno de Alejandro Murat, que les ha ofrecido y dado todo, la lucha bastarda de quienes dicen abanderar el Movimiento Democrático de los Trabajadores de la Educación (MDTEO) continúa en abierta provocación al Estado. Marcharon. Plantón y bloqueos han sido su respuesta. Es decir, La Guelaguetza como botín, como moneda de cambio. La visión de un Centro Histórico convertido en zahúrda nos indigna a todos. Ya es tiempo de organizarnos. Ya es momento de detener esta constante y permanente agresión al pueblo.

El magisterio ha sido un mal endémico; una especie de lepra purulenta; una peste perniciosa que hiede. Pero, ¿acaso Genaro Hernández, Irán Santiago Manuel, Germán Salinas Castillejos, Nathanael Lorenzo Pablo, Wilbert Santiago, Luis Fernando Canseco Girón y Yair Cheng Antonio, cabecillas de “Los Pozoleros”, que se han asumido los dueños de nuestra fiesta máxima, de la paz social y de la gobernabilidad, son intocables? ¿No es tiempo ya de acabar con estas lacras, incluyendo a sus adversarios que no han acabado de sacar las uñas? Lo dicho pues: oportunistas y mercenarios acechan a nuestra fiesta máxima, ante la mirada complaciente del gobierno.

BREVES DE LA GRILLA LOCAL:

— Pese a todo, miles y miles de visitantes del país y el extranjero, han atiborrado lugares públicos, eventos culturales y espacios de esparcimiento. Es el imán que tiene Oaxaca y que unos imbéciles, convenencieros y mercenarios le quieren boicotear.

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