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Don Paulino

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Nos dejó físicamente don Paulino Velásquez Morales, un periodista de la vieja guardia, formado en las lides nacionales, prosiguió en el ámbito oaxaqueño e incursionó también en la administración pública estatal y federal invitado por el gobernador Pedro Vásquez Colmenares.

Mi relación con don Pau, como le decíamos cariñosamente sus amigos y colegas, inició en la ciudad de México durante la década de los años setenta en el periódico El Día, cuando don Enrique Ramírez y Ramírez dirigía este importante medio y colaboraban ahí destacados periodistas como Francisco Martínez de la Vega, José Alvarado, Andrés Henestrosa, María Luisa Mendoza “La China Mendoza”, Mario Escurdia y Manuel Buendía, entre otros, que formaban una pléyade de plumas iluminadas.

Don Paulino se desempeñó durante más de dos décadas como jefe de redacción y coincidieron con él en puestos directivos otros periodistas como Javier Romero, Eugenio Múzquiz Orendáin , Jorge Aymamí, Alberto Beltrán, Sara Moirón, Ricardo Poeri y Leonardo Ramírez Pomar, entre otros.

Socorro Díaz tenía a su cargo el suplemento cultural El Gallo Ilustrado y el actual analista en temas económicos David Colmenares Páramo, era director de finanzas. Cronista y analista político era Abraham García Ibarra, quien sigue vigente en el Club de Periodistas de México editando un semanario político.

El secretario particular de don Enrique Ramírez y Ramírez era un paisano de San Felipe Tejalapam, Etla, Gonzalo Martínez Ramírez, quien editaba La Ruta de Juárez y se esmeró por fundar una biblioteca en su pueblo.

Dado su don de gentes, un carácter amigable y bondadoso, Don Pau se llevaba bien con medio mundo, con los reporteros, fotógrafos y auxiliares. Lo vi llegar todos los días a la redacción de El Día sin falta a las cinco de la tarde, allá en Insurgentes Centro, entre las calles de Sullivan y Antonio Caso, debidamente preparado para desempeñar su oficio sin que se le escapara ningún detalle y retirarse bien abrigado después de las dos de la mañana en que se cerraba la edición. En un breve receso compartía los tacos, pan, café o refresco con los compañeros de su área donde había estudiantes habilitados como correctores de estilo.

Cuando ya estaba retirado del diarismo nacional continuamos nuestra relación amistosa y paisanaje. Él tenía deseos de vivir en Oaxaca y se le hizo. Aceptó el cargo de delegado de la Secretaría de Economía y Fomento Industrial en Oaxaca y a invitación del gobernador Vásquez Colmenares fue director general de Comunicación Social del Gobierno del Estado.

Su vida estuvo siempre ligada a la comunicación y el periodismo. Aun siendo vocero oficial se dio tiempo para escribir una columna diaria sobre temas ajenos al gobierno que publicaba en un diario local. En la casa editorial de El Mejor Diario de Oaxaca lo tuvimos en una época como subdirector y en Tuxtepec fundó Noticias, Voz e Imagen de la Cuenca. Le asentó el clima cálido y alegre, se sentía muy bien, decía. Pensé que optaría por su natal San Francisco Ixhuatán, de donde fue también el escritor don Andrés Henestrosa y un reportero de El Día, Aquiles Fuentes, quien acompañó en sus giras al general Lázaro Cárdenas cuando éste fue vocal de la Comisión del Río Balsas.

En febrero del 2013 lo visité en su departamento en la ciudad de Tuxtepec, unos días después de haber cumplido 92 años. Lo encontré como siempre alegre, lúcido, con los recuerdos y anécdotas frescas, las cuales compartimos en una charla muy amena. Se sentía muy bien en Tuxtepec, a pesar de las dolencias físicas y la imposibilidad de ya no poder salir a la calle para estar con los colegas o visitar a las amistades. Nunca le oí una queja, entendió los tiempos de la vida.

Entre broma y broma me contó que estando solo en la casa y oyendo que se tiraba el agua, pensó que le sería fácil bajar despacio la escalera para cerrar la llave, pero no fue así, ya que le ganó el peso de su cuerpo y rodó al suelo. Lo bueno que no le pasó nada, lo tuvieron que levantar después su hijo y un vecino suyo. Desde entonces no intentaría jamás bajar la escalera. Aquí esperaré, me dijo esa vez.
Descanse en paz don Pau.

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