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Opinión

De dónde vienen los amigos

Debates y Deslindes

 

 

  • El “voyeur”de los moteles

De dónde vienen los amigos, en ocasiones son vecinos de la cuadra cercanos a la casa donde uno vive, otros se hacen en la escuela primaria, en la secundaria, donde se establecen lazos más sólidos es en las escuelas profesionales. Otros amigos se hacen en el trabajo, en los congresos o seminarios donde uno asiste, en los viajes, muchos de ellos se hacen en las cantinas. En las cantinas de antes, cuando sólo eran para hombres, uno encontraba verdaderos amigos, a los cuales podía contarle sus cuitas y en ocasiones con varias puñaladas entre pecho y espalda, soltar el llanto.

No le da a uno vergüenza llorar ante alguien que con los tragos adentro tenía la capacidad de escucharnos conmoverse y dar verdaderos consejos. El último consejo importante que recuerdo después de una noche de tragos fue el que me dio Frank White. Dijo: el dolor de los amores sólo podía olvidarse con tiempo y distancia. A los tres meses ante el cúmulo de nueva información y relaciones uno ya no sabía lo que tenía que olvidar.

Hace poco Luis Videgaraydio a conocer que desde hace 20 años conoce a Luis Antonio Meade. Ésa es una amistad sólida y productiva que va a dar todavía mucho qué pensar, alguno de los dos puede ser presidente. En poco tiempo vamos a saber los porcentajes y participaciones que les tocaron a estos dos amigos ubicados en puestos claves del gobierno federal, de cuánto les tocó con las reformas estructurales, como la energética que remató el subsuelo y su riqueza a la iniciativa privada mundial.

Miguel Alemán creó en la Facultad de Derecho un grupo de amigos que se llamaba Jalapa, en realidad quería decir Jala pa’ acá. Llegaron a la presidencia de la República y se dividieron al país. El único de esos privilegiados que con el tiempo presentó problemas económicos fue Andrés Serra Rojas, Ministro del Trabajo que no se preocupó por hacer negocios y guardar dinero y en su vejez andaba pidiendo el apoyo y la solidaridad de sus amigos para sobrevivir.

Otro, que a pesar de sus amigos y de las posibilidades de ganar dinero que les dio terminó con problemas financieros, fue don José López Portillo, un amigo de él “en las buenas y en las malas” traía una tarjeta con un número de cuenta de una institución bancaria, a los funcionarios que habían trabajado en el sexenio del último presidente, producto del movimiento revolucionario de 1910, les decía: Éste es el número de cuenta de López Portillo, tiene problemas económicos, si puedes deposítale una lana.

Eso, a pesar de que existe una frase común en la política: los amigos son de mentiras y los enemigos son de verdad. Yo creo que en la política como en otras áreas del quehacer humano existe también la amistad y las complicidades, aunque hoy todo parece indicar que las amistades en este mundo monetarizado en que nos ha metido el neoliberalismo, los grupos de amigos son más bien mafias llenas de intereses financieros. Es por la amistad que vemos que los secretarios de estado, los directores de empresas descentralizadas, subsecretarios cometan los peores errores y estén señalados por el índice de la opinión pública de corrupciones sin fin; de atracos al erario nacional, y se mantienen firmes en sus puestos, inamovibles, seguros de esas amistades que se han convertido en mafias.

Pero no hay que juzgar la amistad por esos pillos de siete suelas. Yo y ustedes queridos lectores tenemos grandes y buenos amigos. Me preocupo por hacer nuevas amistades, sin mayor interés que la amistad pura y simple. Entre ellos se cuentan hombres de mi edad o más grandes, jóvenes y niños, como Uriel que presume de mi amistad y amenaza a sus maestros con mis posiciones administrativas cuando lo regañan. Cuento con el afecto de personajes que han ocupado algunos de los puestos más importantes en la administración pública, me faltan dedos para contarlos, escritores, autores de libros, políticos, periodistas. Desayuno los miércoles con varios amigos como el periodista más leído y ahora más criticado del país, calculo que le leen diariamente más de un millón de personas y viajo mil quinientos kilómetros para ver a amigos y recordarles lo importante que son para mí. Tengo como divisa la frase que me dijo don Jesús. Silva Herzog sobre la amistad que es: un don que algún dios compasivo y benévolo dio a los hombres preocupado por sus infortunios.

Moteles y el “voyeur”

No hay ciudad en el mundo que no tenga un buen cinturón de hoteles de paso, moteles o posadas como se les conoce en La Habana. La palabra se hace con la conjugación de Motor y Hotel. La emoción de transgresor que produce entrar a un motel es algo indescriptible, me imagino que lo mismo les produce a las mujeres, son unos cuantos segundos que transcurren entre la decisión y la introducción de un vehículo estos sitios que sólo tienen un objetivo en la vida el placer del encuentro, la posibilidad del abandono a la lujuria, la pasión sexual en todos sus órdenes. El nombre de Motel tiene una carga de clandestinidad, son lugares de encuentros furtivos, de amantes, de novelas de amor y de espionaje. Siempre he pensado que en algunos de estos lugares a uno lo espían, que atrás de un cuadro o un espejo hay unos ojos electrónicos o humanos que se solazan y disfrutan con los esfuerzos que, en mayor o menor medida, hace uno en esos sitios llenos de aventura y de posibilidades.

Los moteles son sitios neutrales, no son de nadie y de todos, de ahí nuestra pareja no puede corrernos porque no le pertenece, puede insinuar que se ha terminado, que tiene que volver a sus obligaciones, que fue muy placentero, muy frustrante, maravilloso, único, lleno de emociones, pero no lo puede despedir con cajas destempladas. Sobre los moteles hay historias sorprendentes, a mí me consta de dos que tres amigos que tuvieron sin duda una de las muertes más seductoras y felices, aunque la pareja se llevó un susto de los mil diablos. Tenía un amigo que estaba hospitalizado. Su habitación daba a un motel donde noche y día entraban las parejas en ese pacto de bandoleros que es el amor clandestino o semiclandestino. Estuvo tantos días que empezó a llevar estadísticas por marca de auto, por color, por hora. Comentaba que en las mañanas sorprendentemente era cuando tenían mayor actividad de 11 a 13 horas, no había manera de conseguir una habitación.

No hay mejor negocio dicen los dueños de estos establecimiento que un motel, se ocupan varias veces al día y los gastos son mínimos. Aquí en la República mexicana es un negocio de abarrotero, de españoles, que llegan hacer la América con este tipo de negocios. Los moteles han sufrido transformaciones, hace años se les dotó de tinas enormes que prometen juegos diferentes, novedades que no se pueden tener diario en casa, otros están dotados de espejos, los cuales para mino son muy cómodos, lo distraen a uno del objetivo esencial de esos sitios que es el placer por el placer.

Ahora aparece en el escenario literario un texto de Gay Talase, un reportero de investigación en los Estados Unidos que ubica las memorias y los trabajos de Gerald Foos, dueño de un motel en un pueblo de los Estados Unidos, Foos durante años espió la intimidad de sus clientes, la registró en un diario. Años más tarde buscó al reportero, lo invito a disfrutar de los espectáculos y le entregó el diario que había levantado con cuidado y lujo de detalles, seriedad y profesionalismo. El diario resulta casi un estudio antropológico de la sexualidad en los Estados Unidos.

Hay inventos y parece que mucha imaginación. Muestra sin duda, la evolución de los juegos del amor de los cuales los americanos de los Estados Unidos no tenían la menor idea, y que fue hasta la publicación del estudio sobre la sexualidad de Masters y Johnson, que empezaron a educarse en esa área del arte de amar tan lleno de sorpresas y satisfacciones. El texto resulta divertido y sorprendente por la frescura de sus expresiones y con cierta profundidad en el tratamiento del comportamiento sexual de esa sociedad que en forma definitiva influye en nuestras vidas. Yo todavía no conozco a ninguna persona que no tenga curiosidad por conocer qué pasa tras las cortinillas de un motel que se cierran intempestivamente y en donde empiezan las sorpresas y satisfacciones. Fin

*ggpereyra@hotmail.com