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Opinión

Chantaje sindical

Editorial

 

 

En una acción inmoral y de abierta presión al gobierno de Alejandro Murat Hinojosa, pero particularmente para seguir afectando la salud de los oaxaqueños en abierta complicidad con las irregularidades en los Servicios de Salud en Oaxaca (SSO), la Sección 35 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud (SNTSS), que dirige Mario Félix Pacheco, pretenden desde la semana pasada seguir con el abominable método de los bloqueos a calles, cruceros y avenidas. Ayer la sección correspondiente del Istmo hizo lo propio en Juchitán. No basta con las gestiones que han hecho las autoridades para salir adelante con un acuerdo que permita subsanar al asunto del pago, sino que ahora exigen la renuncia del recién designado titular de la dependencia, Juan Díaz Pimentel. Es decir, como si un tema personal fuera suficiente para paralizar el servicio médico y poner contra la pared a miles de oaxaqueños pobres que acuden a recibir atención, la mafia que se ha enquistado en la citada Sección 35 pretende lograr su propósito. Resulta una incongruencia que sea el sindicato quien abandera a los empleados de base, quien ahora esté arrogándose la supuesta defensa de esos miles de trabajadores que fueron contratados fuera de norma y sin el techo presupuestal para sustentar la nómina.

Los trabajadores de los servicios de salud, emulando a los maestros de la Sección 22, con quienes –dicen- pretenden hacer una alianza, siguen cerrados al diálogo y ciertos de que el chantaje es en Oaxaca el mejor mecanismo para ablandar al gobierno, están ya puestos a mantener sus privilegios y prebendas, gracias a la presión y a las medidas de chantaje. A principios del mes de diciembre, los seguidores de Alberto Vásquez Sangermán exhibieron su bajeza. Trocaron la demanda de uniformes por la de un bono de al menos diez mil pesos. El pueblo oaxaqueño, el ciudadano de a pie; el que tiene que trabajar en un empleo que no es precisamente sindicalizado sino de confianza, está harto de este tipo de prácticas. No hay razón de que un supuesto agravio sea tomado como bandera para seguir afectando la vida y la salud de los oaxaqueños. A líderes como el enfermero Félix Pacheco y secuaces, hay que exhibirlos, mostrarlos ante la sociedad en su exacta dimensión: mercenarios y sicarios de la supuesta lucha sindical, ahora devenidos en redentores y cómplices de aquellos que saben a la perfección, han sido contratados fuera de la ley. Ya basta de tanto abuso y atropello a los derechos civiles.

 

Pobreza: Sólo discursos

 

Uno de los argumentos más socorridos por los aspirantes a la presidencia de la República es que acabarán de un plumazo con la pobreza. Se trata, desde luego, de un ardid. Desde hace años, Oaxaca se ha ubicado como una de las entidades más laceradas por la pobreza y la pobreza extrema. En EL IMPARCIAL. El Mejor diario de Oaxaca, hemos publicado en los últimos tiempos sendos reportajes sobre algunas comunidades en donde la población vive de milagro, existen altos índices de desnutrición, mortalidad, etc. En nuestra entidad y a pocos kilómetros de la capital del estado, hay decenas de comunidades laceradas por la miseria, en donde el auxilio y la bondad de los programas estatales no han llegado. Cada que hay campañas electorales el tema es recurrente. No se sabe si para ganar votos o como simple ardid de los candidatos para sorprender la buena fe de aquellos que aún tienen esperanzas de mejorar algún día. La semana pasada estuvo en la capital, el candidato de la coalición PAN-PRD-MC, Ricardo Anaya Cortés, en una etapa de su gira proselitista por todo el país. Lo primero que dijo en su deslucido evento político fue que acabaría con la pobreza.

Se trata, desde luego, de un instrumento de convencimiento, de ganar prosélitos y eventualmente votos en el proceso electoral. Pero también se trata del viejo y acartonado discurso demagógico, que la gente ya no quiere escuchar. Ya a nadie convencen los mensajes de que todo se acabará por decreto. Los móviles de la inseguridad y alta criminalidad que se vive en México y en la mayor parte de entidades del país, hay que buscarlos en la falta de oportunidades de trabajo bien remunerado, de programas oficiales que no sólo estimulen el clientelismo y la abyección, sino que permitan a la población ser más productivos y menos conformistas. El árbitro electoral debe verificar que los mensajes de proselitismo no tengan esa carga de promesas que resultan más tarde que temprano, demagogia pura. Ello ha incubado en la población hartazgo y desencanto. El engaño vil y premeditado ya no es el argumento eficaz que permita a los candidatos de uno u otro partido; de una u otra coalición, ganar votos y simpatías. Es, por el contrario, un argumento trillado y falaz que más tarde que temprano se traduce en abstencionismo o rechazo a aquellos candidatos falsos y rapaces.