Bueno, después del domingo siete… a la brega diaria |
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Opinión

¡Que conste.... los olvidados!

Bueno, después del domingo siete… a la brega diaria

 

Desde hace muchos años he leído lo que escribe un hombre extraordinario: JOSÉ ELÍAS ROMERO APIS. Sus artículos en Excelsior o en Impacto, algunos de sus libros y me ha tocado asistir a algunas de sus conferencias o charlas. Muchos políticos dicen que es un gran charlista y a lo mejor él, se alegra al escuchar eso, pero en la realidad, entre risas y anécdotas, en pequeñas historias de la vida, les da lo más valioso: conocimientos y lecciones de política. No sé si todos lo ven de esa manera, pero es un hombre que deja a su paso la sabiduría del tiempo y del estudio y la reflexión y eso no tiene un valor, se debe agradecer…
El día cinco de Enero, en el diario Excelsior, escribía una columna: Un ELOGIO DEL ENEMIGO, y me permito reproducir algunas partes que creo serán de interés y de reflexión.
“Un enemigo puede ser uno de nuestros grandes maestros de la vida. Cuando lo tenemos valorado, sopesado y tanteado, nos da cátedra de sus posibilidades y de sus limitaciones. De sus virtudes y de sus defectos. Nos anuncia si lo derrotaremos o si nos vencerá. El enemigo bien conocido puede llegar a ser uno de nuestros mejores aliados”, o desgraciarnos, si no le prestamos atención, y con el Ego nos dejamos llevar por la emoción y no la reflexión, el estudio y la meditación ante los acontecimientos, y esto, creo, puede ser la base para poder entender muchos movimientos y en especial lo que aconteció ante el fracaso y la derrota del 68, olvidando los egos y tratando de sacar lecciones para el presente y el futuro. Para el presente, para lograr que muchos dejen sus resentimientos y frustraciones y se curen el alma de sus dolores, y para el futuro, porque así no se cometerán los errores y los horrores que las derrotas traen consigo.
La verdad, los jóvenes en el 68 no pensamos que combatíamos al sistema y nos concentramos contra Díaz Ordaz, cayendo en la trampa de sus propios enemigos que no tenían ni el valor ni la fuerza para confrontarlo, y tampoco entendimos que no era Díaz Ordaz el importante, sino entender el sistema para poder actuar en favor del cambio, y así, nos confrontamos todos contra todos y desconfiamos de todos contra todos y caímos en las miserias humanas y las tragedias que otros nos llevaron a vivir, o caímos en las trampas, no de la fe, sino del ego y, lo peor, ahí seguimos muchos lamiéndose las heridas y no entendiendo que lo importante es dar conocimiento, no dar emociones de resentimiento, dejar los propios miedos y las frustraciones a un lado para entender lo que ha sucedido y llegar a nuevos estadios y campos. Cuando muchos de esos “dirigentes” que llevaban las pláticas, dicen ellos, discretas, con los funcionarios del sistema, no entendieron que ellos no actuaban por cuenta del presidente, sino de algunos interesados en utilizarlos para su beneficio y que, el presidente, a lo mejor, ni siquiera sabía de su existencia, y por esa razón el presidente tomó determinaciones de acción y represión de tal suerte que dejó a un lado los acuerdos a los que supuestamente habían llegado sus representantes: Jorge de la Vega Domínguez y Andrés Caso Lombardo, al lado del Rector Barros Sierra, con esos inocentes negociadores que no sabían en la realidad que hacer, sino que buscaba qué tener en la administración pública… y nos hicieron caer en la trampa del sistema, que no negociaba, sino que imponía, ante un grupo de jóvenes idealistas que no sabíamos negociar ni entendíamos realmente cómo hacerlo y por dónde hacerlo. Así, divididos entre los que Platicaban discretamente con algunos funcionarios y los que no sabíamos lo que esos hacían y resistíamos la violencia institucional provocada por el mismo sistema, estábamos siendo las víctimas, todos, de la represión y de las ambiciones por la sucesión presidencial adelantada, y por ello, el mismo presidente, el jefe del Estado Mayor y Luís Echeverría y los agentes de la policía política del momento, tendieron la trampa en Tlatelolco a pesar de que ya se había logrado, al decir de esos “líderes” que platicaban discretamente decían ellos, con los funcionarios que no supimos quiénes eran, podríamos hacer la reunión para avisar el inicio de las pláticas del diálogo y el fin del movimiento, y recibimos a cambio de ello balas, cárcel, muerte y persecución… lo dicho, no supimos entender que el enemigo no era Díaz Ordaz, sino el sistema, y luchábamos contra el sistema entregado y controlado por los Estados Unidos en esa Guerra Fría que sostenía en aquellos tiempos…
“…el enemigo desconocido puede llegar a ser el artífice de nuestros peligros y de nuestra catástrofes. Son tres los métodos más seguros para tener un enemigo desconocido: ellos son la ceguera, la miniatura y la perfidia”.
“La ceguera se nos da por nuestra soberbia, que es peor que la vanidad, y que nos seduce a mirar tan sólo a nuestro propio espejo y nunca ver los retratos ajenos. Por nuestra inexperiencia que nos hace creer que los demás son tal como los vemos sin otro mar de fondo. O por nuestra confianza, que nos engaña con que la vida es una línea recta y que tiene palabra de honor”.
“La miniatura se nos da por confusión. Por cuidarnos siempre de los gigantes y nunca prevenirnos de los enanos. Por temer a los poderosos, a los potentados y a los prepotentes, olvidando nuestras alertas sobre los débiles, los sigilosos y los opacados. Por concentrarnos en nuestros jefes y no reparar en nuestros ayudantes. Por no ver, en la multitud a los petizos ocluidos por los de talla larga, medianos, mediocres y de los medianeros”.
En fin. Los acontecimientos, demandaban acción y no razón, y por eso nos derrotamos, y en la derrota, ganó el sistema y se impuso a pesar de no tener la razón; se impuso por la fuerza y por el horror y el terror, y muchos siguen envueltos en sus miedos y resentimiento, y por eso, a lo mejor no avanzamos, no sabemos aprender, vivimos enlodados…y diría: apendejados.