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Opinión

‘Algo huele mal en México’

 

Solo en 2017 fueron asesinados 34 políticos de distinto partido en México. De éstos, 22 eran alcaldes y ex alcaldes. Hay tres desaparecidos y hubo atentados que no concluyeron con la vida de la víctima así como también muchas amenazas. En las últimas 24 horas de ese año trágico, murieron cuatro de ellos.

¿México en guerra? ¿México sin ley ni justicia? ¿México sin apoyo de gobierno? ¿Imperio del crimen? ¿Panorama trágico planeado? ¿A quién le conviene? ¿A quién le interesa este estado lamentable en política? ¿Por qué en Guerrero ocurrieron la mayoría de los casos? ¿Qué hace el gobierno para detener esta masacre política?

Hamlet es una de las obras emblemáticas de William Shakespeare. Una de sus escenas ocurre en la explanada del palacio real de Elsingor. El príncipe Hamlet escucha a su centinela Marcelo pronunciar la frase que se volvió célebre: “Algo huele mal en Dinamarca”, esto antes de que apareciera el fantasma de su padre, rey de Dinamarca, quien se presenta para hablar a su hijo e informarle que acababa de ser asesinado por su hermano Claudio para usurparle la corona y casarse con la viuda… luego deviene la tragedia conocida…

Hoy sabemos que no hay que ir tan lejos para ser testigos del espíritu trágico de esa obra excelsa que tiene un fondo político: la lucha por el poder, en aquel caso la lucha demoniaca por conseguir el trono del reino de Dinamarca y, si para ello hay que llegar a extremos de locura, lo hace Claudio y lo harán bajo sus órdenes sus incondicionales. ¿‘Algo huele mal en México’.

Es el sentido trágico de la política que por distintas razones y aun sin explicación en ley, cobra vidas humanas más allá del cotidiano doloroso de muertes sin fin en este país.

Ya próximo a las elecciones se conoce el asesinato de aspirantes a puestos de elección popular o funcionarios de partido que trabajan en algunos de los 2 mil 446 municipios mexicanos.

Los casos más recientes: a últimas horas de 2017 fue asesinado Adolfo Serna Noguera, aspirante del PRI a la alcaldía de Atoyac, en la Costa Grande de Guerrero. No habían pasado muchas horas después de que en Tabasco fuera asesinado de forma cruel el regidor del PRD en el municipio de Jalapa, Gabriel Hernández, y horas antes, el 29 de diciembre, el alcalde perredista de Petatlán, Guerrero, Arturo Gómez Pérez, fue asesinado cuando convivía con amigos en un restaurante. En el lapso también murió Marco A. Muñoz, del PRI en Tenochtitlán, Veracruz.

Las autoridades federales o locales pocas veces dan santo y seña de las razones de cada uno de estos homicidios y el por qué está ocurriendo esta ola extraordinaria de violencia política.

Para algunos esto tiene que ver con la complicidad de algunos políticos en asuntos del crimen organizado y narcotráfico, lo que significaría que la política nacional está hecha de papel de estaño y que muchos de sus actores están envueltos en asuntos ilegales.

Dentro y fuera del país se insiste en que la política mexicana tiene a muchos de sus operarios involucrados en asuntos criminales y que, yendo más lejos, son los capos de estos grupos quienes deciden candidaturas y gobierno. Habría que probar en qué casos es así y castigar, y si no, reivindicar.

Esto que parece que se está volviendo parte del anecdotario político mexicano es muy grave si como parece ser en algunos casos podría ser cierto. Y es en este punto en el que las autoridades de prevención y administración de justicia deberían intervenir y explicar, así como también es tarea de los institutos electorales investigar origen y cúmulo económico de los candidatos a puestos de elección popular y con qué gente llegará a gobernar cada uno de los triunfadores en las urnas: de cualquier partido político.

En otros casos podría ser que los políticos se negaron a ser parte de los intereses del crimen organizado-narcotráfico y se les castiga. O bien que eran un estorbo para planes de acción criminal y por lo mismo habría que hacerlos a un lado.

Existe otra opción que es la de que ocurrieron los hechos como parte de la violencia y delincuencia sin freno y que fueron víctimas de asaltos o por confusión.

Al final el panorama es aterrador. Los mexicanos no sólo vemos cómo se incrementa la muerte de civiles en una guerra extraordinaria de grupos del crimen organizado y del narcotráfico; también se incrementa la violencia delincuencial en tanto que la seguridad pública federal como las estatales o municipales parecen inermes –o en algunos casos cómplices- ante este fenómeno.

Apenas comienza el año de las elecciones y el panorama ya está teñido de escarlata. Urge que las autoridades de la seguridad pública estén alertas para detener esta ola sangrienta; todavía es tiempo. Vienen arduos meses de campañas, luego en julio la elección y posteriormente las confrontaciones post electorales.

Como se ve no será un año fácil para nadie aquí. Junto a los grandes problemas nacionales de la economía, la educación, la salud, los costos de la vida y la supervivencia cotidiana, está ahí el monstruo de la violencia criminal, y junto a este el del atentado político…

El gobierno no se expresa al respecto pero esto tiene que ver con la gobernabilidad nacional… si la hay.