¿Qué nos traerá 2018? | Opinión
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Opinión

¿Qué nos traerá 2018?

Sendero

 

 

En estos días han aflorado los mejores deseos, sentimientos y de solidaridad entre los seres humanos, y qué bueno. Hemos intercambiado regalos, abrazos y besos. En Navidad convivimos las familias y las amistades; olvidamos, por lo menos en estos días, los rencores y las envidias. En algunas personas, familias y amistades hasta nos reconciliamos y nos comprometimos a iniciar una nueva etapa de convivencia.

Las fechas han sido propicias y hemos generado energías muy positivas en la humanidad y el universo, que subsanan nuestras diferencias. Se siente el ambiente muy favorable para todos los seres humanos. Hasta han bajado las tensiones entre países que mantienen conflictos añejos, históricos, pero lamentablemente en nuestro medio algunos pueblos aprovecharon el momento de paz para avivar problemas.

Las autoridades eclesiásticas no han dejado de lanzar exhortos a los feligreses y en general a la población para que aprovecen la época de la Navidad y recuerden los mensajes emitidos desde hace más de dos mil años, los cuales no hemos podido asimilar lo suficientemente. La Navidad, señalan, debe ser un motivo y una oportunidad para propiciar un renacimiento interior, a nivel espiritual.

Las religiones, sobre todo la católica y las diferentes denominaciones cristianas o evangélicas, coinciden en este propósito, más allá de sus diferencias históricas y profundas que también las separan, considerándose unas y otras poseedoras de la verdad. Algunos pensadores hasta justifican la existencia de tantas religiosas y criterios éticos y morales, que responden a final de cuentas a las necesidades de las personas, pueblos y países del mundo.

Hoy iniciamos un nuevo año que pinta un tanto difícil para los mexicanos, porque a pocos días nos olvidaremos de los mejores deseos que nos hemos expresado. Los políticos retomarán sus promociones, en ellos no hay malos ni peores, todos son buenos y nos prometen que salvarán a los mexicanos de la crisis en que nos encontramos. Los salientes son los peores, ellos le fallaron al pueblo, pero entrarán los salvadores. Renace la esperanza sexenal y, desde luego, tenemos diversas alternativas para seleccionar entre ellas las que nos parezcan mejores.

Abundan las reflexiones, las visiones y las recomendaciones de dirigentes políticos y de los propios aspirantes a los cargos de elección popular. Si desde los días pasados nos aturden con tanta propaganda política, qué no podemos esperar en los días que siguen. Así ha sido y así seguiremos.

El panorama político es incierto y eso generará efectos negativos entre las personas que nos hemos comprometido a llevar bien en adelante, a cultivar mejores relaciones. Ojalá suceda lo contrario, que la política nos una, pero en ninguna parte del mundo ha sucedido esto. Lo deseable es que los mexicanos actuáramos de manera ciudadana, congruente políticamente, religiosamente. Reconocer al ganador y sumarnos a su proyecto de gobierno, pero no.

Pasarán todavía muchas elecciones para que alcancemos algún nivel de conciencia cívica y electoral. La madurez ciudadana está aún muy lejana. Las autoridades electorales hacen sus esfuerzos para que el proceso resulte lo mejor posible, de forma democrática y que se respeten los resultados, los que sean.

Oaxaca es y ha sido un laboratorio; es muestra palpable en los últimos años de lo que puede suceder como consecuencia del proceso electoral del año que empieza. Ojalá me equivoque, que la ciudadanía se conduzca con toda responsabilidad, sin manipulaciones, sin rencores ni revanchismos. La nación no está para nuevos ensayos. Tenemos una herencia cultural tan rica que nos deben servir para marcar rumbos, para orientar al país hacia nuevos senderos. Los tantos problemas políticos, económicos y sociales no deben repetirse, sino corregirse.

La reorientación política es posible sin revanchismos ni rencores. Al país le urgen la sana convivencia y desarrollo integral con justicia y sentido humano.