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Opinión

Editorial

Las Zonas Económicas van

 

Ayer estuvo en territorio oaxaqueño el presidente de México, Enrique Peña Nieto. Viajó a la ciudad y puerto de Salina Cruz para hacer la declaratoria formal de la Zona Económica Especial. Hace un par de meses cuando hizo las declaratorias de Puerto Chiapas y Lázaro Cárdenas, Michoacán, consideramos que Oaxaca había sido segregada de las prioridades nacionales. Por fortuna no es así. Todo apunta a que dicho proyecto presidencial va sobre ruedas. Lo que creemos riesgoso es que se mantenga en el ánimo presidencial en tanto Peña Nieto dure en el cargo, que es justamente un periodo de más de once meses. Es importante subrayar que hemos visto con particular escepticismo dichas ZEE. Y nuestro razonamiento no es fortuito. El Istmo de Tehuantepec es depositario desde hace siglos, del interés del capital extranjero. Y no es precisamente por sus tradiciones, sus velas istmeñas o la belleza de sus mujeres, sino por la situación estratégica en la que se ubica en el entorno continental. Es más, desde los Tratados Mac Lane-Ocampo se vislumbraba ya el interés perverso de los Estados Unidos de América de apropiarse de ese rico filón oaxaqueño.

Sin embargo –he ahí el quid de nuestro escepticismo- cada sexenio gubernamental surgen nuevos proyectos para el Istmo sin que hayan llegado jamás a concretarse en un verdadero pivote para el desarrollo regional. Hay que ver nada más el llamado Puente Multimodal Transístmico, el Corredor Industrial del Istmo, el Tren Interoceánico, etc. Ninguno se ha logrado concretar y a veces se ha invertido echando el dinero prácticamente a la basura. Sin duda alguna las ZEE han sido en los últimos años una esperanza. El desarrollo de clusters y otras grandes inversiones que a su vez generen empleos dignos y decorosos, llama poderosamente la atención. No obstante nuestro insistente pesimismo, esperamos que la Declaratoria hecha ayer por el presidente de la República haya significado también que el citado proyecto va en firme. Sólo esperamos que los demonios de siempre, enemigos del progreso, falsos redentores y demagogos, nos referimos a maestros y dirigentes de organizaciones sociales, no hagan del citado proyecto de las ZEE un sueño más irrealizable. Presumimos que la zona estará asimismo a resguardo de instrumentos de seguridad para darle certidumbre a las inversiones. No queremos ya vivir sólo de ilusiones fallidas, sino de hechos concretos y viables.

Rumores y trascendidos

La semana pasada se dieron dos renuncias: la de Sofía Castro a la Secretaría de Asuntos Indígenas (SAI) y la de Raquel Alberto Marín, al Instituto de Estudios de Bachillerato de Oaxaca (IEBO). A partir de ahí y no obstante la premura del tiempo con la que deben darse, todo ha sido rumor, trascendidos y especulaciones. Uno de dichos rumores fue dar como un hecho la designación del actual delegado del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Jun Ramón Díaz Pimentel, como nuevo titular de la Secretaría de Salud, ante la renuncia anunciada de Celestino Alonso Álvarez. Desde luego que lo último está en el ámbito de las posibilidades; que podría darse, pero una cosa es que se anunciara la designación que hace el gobernador Alejandro Murat y otra muy distinta, quienes operan las redes sociales con dolo y mala fe, porque da la imagen de que hasta se paga para la difusión de información falsa y tendenciosa. Pese al boom de las redes sociales y su impacto en los diversos sectores de la sociedad, hay que subrayar que también el gobierno debe instrumentar mecanismos legales para regular e imponer normas al abuso de dicho medio de información.

Es posible que en esta semana se den las famosas renuncias de algunos miembros del gabinete y la designación de los nuevos funcionarios. No se trata de un asunto de secrecía sino de una acción que debe ser pública y de frente a la sociedad. Por tanto, compete a los órganos de comunicación y difusión institucionales actuar en consecuencia para evitar trascendidos y rumores. Ante una información falsa que se diluye en la red, se tiene que operar alguna estrategia para evitar que se tome como verdad, sin tener el sustento necesario. De igual manera, los partidos políticos deben desmentir cuando se filtre de manera dolosa y sin tener el respaldo oficial, datos, nombres y demás, que conllevan el insano propósito de confundir, de desviar la atención, hacer apología de algunos y demérito de otros. Existen los canales de comunicación institucionales para difundir información, no precisamente las redes sociales en las que libremente y cada quien según conviene a sus intereses, dejar correr en la red, datos imprecisos y dolosos. Oaxaca urge de procesos de regulación y mesura para las redes sociales que, en muchos casos han devenido instrumentos de descrédito e infamias.