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Desayunador, esperanza para los pobres de Oaxaca

El proyecto para dar el desayuno a personas en situación de calle inició hace siete años y ha peregrinado por diversas parroquias de la ciudad de Oaxaca

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Oaxaca

“¿Cuántos de ustedes fueron a misa?”, pregunta una voz, seis personas alzan la mano, un momento de espera, la voz les insta, dando una segunda oportunidad para responder “a ver, alcen la mano”, de nuevo las mismas seis manos. “Bueno, al menos dicen la verdad”, expresa doña Lilí Porras, de pie frente a un grupo de 60 personas –sólo dos mujeres entre ellas- sentadas a lo largo de dos grandes tablones colocados como mesas en los que pronto comerán el desayuno, huevos con jamón, frijoles y café, quizá el único alimento que tomen este día.

El protocolo en este comedor inicia con el rezo de un Ave María, un Padre Nuestro y con el agradecimiento a los benefactores que prepararon el desayuno. Los beneficiarios son hombres y mujeres sin hogar o de bajos recursos, algunos indigentes de la ciudad de Oaxaca. El ambiente es de un orden y una confianza familiar. Algunos platican, otros llaman la atención de quienes sirven el café o llaman la atención para que se recoja una taza que no ha sido utilizada.

El proyecto para dar el desayuno a personas en situación de calle inició hace siete años con el tesón de doña Lilí y ha peregrinado por diversas parroquias de la capital. Pide no revelar el lugar donde se encuentra actualmente porque una invitación podría generar una inusitada cantidad de visitantes para los que no bastarían los recursos. Actualmente llegan entre 30 y 50 personas cada día, pero en ocasiones se han recibido hasta a 100.

El primer templo en el que se instalaron fue el patio del templo de San Agustín, a una cuadra del zócalo de la ciudad, lugar que tuvieron que dejar por petición del sacerdote. “Aún no me explico el porqué”, expresa doña Lilí. Pasaron entonces al templo del Carmen Bajo y, desde hace un par de meses a un nuevo patio que acondicionaron con los recursos que obtuvo una de las benefactoras quien pidió dinero para el desayunador, como obsequio, en una fiesta de cumpleaños.

Como ella son más de 100 personas las que se han dividido el calendario mensual para servir el desayuno, hay desde restauranteros hasta empresarios, nietos de la señora Lilí y matrimonios, todos se han sumado para mantener este desayunador.

 

En otros lados no reciben apoyo

En una de las paredes del desayunador se exhiben fotografías de los beneficiarios del desayunador, al que la mayoría llega por recomendación de alguno de sus compañeros en situación de calle.

Esteban, de 31 años de edad, ha perdido la vista parcialmente, dice “solo ver sombras”. El desayunador es un oasis al que llega todos los días a las ocho de la mañana. Fuera de aquí tiene empleo haciendo mandados; en otros lugares donde ha solicitado apoyo, se lo han negado o ha sido difícil obtenerlo. En la Cruz Roja, señala, le negaron la atención por no llevar 60 pesos. En el DIF no ha logrado obtener la credencial con la que obtienen apoyos personas invidentes.

Víctor Torres Orozco, originario de Aguascalientes, se autoexilió en Oaxaca por problemas familiares. Quería ir un lugar donde no tuviera familia. Lleva un par de meses durmiendo en un pequeño cuarto y buscando empleo, que ha encontrado en la venta de cuadros que él mismo pinta y en algunas otras actividades. Asegura que si no fuera por la comida que recibe en este lugar quizá no comería.

Para Teresa Aragón la pobreza ha sido consecuencia de la mala fortuna. Su padre y su madre murieron y “le hicieron una mala racha”. Dejó su empleo como vendedora de suplementos alimenticios y perdió su fuente de ingresos. Durante un año y medio comió lo que encontraba en la basura hasta que le dio una infección estomacal. Dormía en los portales del zócalo hasta que intentaron arrebatarle el carrito en el que guarda las aguas y refrescos que ofrece en las calles del centro. Buscando otro lugar, un velador de una agencia de viajes le ha permitido ocupar en las noches un pequeño espacio para descansar.

Magdaleno vino a la ciudad en busca de trabajo desde la Sierra Mixe, donde decidió dejar el trabajo del campo. En su primer día, sin saber a dónde dirigirse, se quedó dormido en la central camionera de segunda clase, donde le arrebataron sus pertenencias, documentos de identificación y dinero. Hoy busca el dinero para tramitar un acta de nacimiento con la que pueda buscar un empleo formal. Mientras tanto ha encontrado refugio en el desayunador, donde la limpieza del lugar y el lavado de los trastes dependen de ellos. Para asistir hay una regla estricta: no pueden ingresar si se encuentran en estado de ebriedad.

 

Una labor caritativa

“Lo que buscamos aquí es despertar el corazón de la gente, porque mucha gente desayuna muy bien todos los días pero no se da cuenta que hay otras personas que necesitan apoyo”, expresa doña Lilí Porras, quien asegura que el éxito del proyecto se debe a dos factores principales, primero, el involucramiento de los benefactores, quienes además de preparar el desayuno que reparten un día al mes, lo sirven y acompañan a los beneficiarios; segundo, que quienes participan ven que lo que llevan se reparte, hay un beneficio inmediato para las personas que lo necesitan.

“Es muy poco lo que hacemos con un desayuno, pero nunca me voy a rendir”, expresa enfática.

Con apoyo del sacerdote italiano Lorenzo Fanelli en octubre se abrirá un espacio remodelado en la iglesia de la Sangre de Cristo, al que el prelado ha bautizado como “la nueva sede de la pobreza en Oaxaca”.

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