"El narcotráfico no se acabó con la sentencia del Chapo, seguimos igual": Jesús Esquivel, periodista
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“El narcotráfico no se acabó con la sentencia del Chapo, seguimos igual”: Jesús Esquivel, periodista

El periodista mexicano Jesús Esquivel expone en su más reciente crónica, El Juicio, cómo la corrupción en México y los intereses de Estados Unidos ayudaron a inflar a un personaje que muchos creen mítico y que ahora está sentenciado a cadena perpetua.

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Fue el juicio del Chapo, no el juicio del criminal más grande del mundo. Aunque para millones de personas la figura de Joaquín Guzmán Loera es la del mayor criminal del planeta, la del hombre que venció al gobierno mexicano en infinitas ocasiones, que escapó dos veces de cárceles de máxima seguridad, que creó una enorme estructura de trasiego de drogas para atender al mayor consumidor del mundo y que además triunfó con el dinero, las mujeres y el amor, para el periodista mexicano Jesús Esquivel, la verdad es otra. No solo el Chapo Guzmán no es el criminal más poderoso del mundo, sino que, lamentablemente, el problema que enfrenta México por la presencia de bandas del narcotráfico persiste, aun con el Chapo en prisión y sentenciado a cadena perpetua.

El periodista, corresponsal en Washington de medios mexicanos como la revista Proceso desde hace 31 años, ha escrito en su más reciente libro El juicio, la crónica de los 44 días que duró el proceso judicial en la corte de Brooklyn, Nueva York, para dilucidar la responsabilidad de Joaquín Guzmán Loera en una decena de delitos como conspiración para importar y distribuir cocaína en EU. El proceso en el que se sentenció al criminal mexicano, asegura, resultó un asunto mediático que además de mostrar cómo la corrupción del más alto nivel permitió encumbrar al Chapo, representa un pendiente para el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

En el libro aparecen insistentemente nombres de las alturas de la política mexicana, el de Enrique Peña Nieto, acusado de haber solicitado como candidato presidencial un soborno de 250 millones de dólares al narcotraficante sinaloense; el de Felipe Calderón, señalado por una fiscal estadounidense de haber recibido cientos de millones de dólares en sobornos; el de Carlos Salinas de Gortari, cuyo procurador general de justicia, Ignacio Morales Lechuga, habría sido comprado por un narcotraficante colombiano. Todos son cabos sueltos, pistas que hasta ahora nadie sigue, apetitosos señuelos que el Estado y la justicia mexicana se niegan a tomar.

En el juicio del Chapo quedó al descubierto cómo, tanto en México como en Estados Unidos (y en Colombia, Nicaragua, Ecuador, Panamá), la política ha estado al servicio del trasiego de drogas. Hay nombres, fechas, testimonios, confesiones, acusaciones, pruebas que un gobierno mínimamente interesado podría desprender para investigar y, finalmente, hacer justicia.

El proceso, asegura Esquivel en entrevista exclusiva con EL IMPARCIAL, “desmitifica un personaje, expone de forma cruda el problema del trasiego de drogas en México y en Estados Unidos, que lo conocíamos, lo entendíamos y lo percibíamos así, pero ahora con nombres y apellidos, con un protagonista que estaba en esa sala, Joaquín Guzmán Loera”.

-¿EL Chapo no es el criminal más poderoso del mundo?

-No, nosotros los medios mexicanos fuimos parte de eso, inflamos a ese personaje con la narrativa de la DEA.

Vamos a ser abiertos, el Chapo ha sido uno de los criminales mexicanos que más se ha burlado de la justicia mexicana, de la DEA. Se escapó dos veces. Cuando se fuga del Altiplano expone, por la manera cómo lo hizo, que la corrupción estaba al más alto nivel y que éramos ciegos o tontos al pensar que las autoridades no estaban coludidas con el cártel de Sinaloa.

A mí si me preguntas quién es el narcotraficante más poderoso en estos momentos, el capo de capos, sin duda, Ismael Zambada García, El Mayo. Quién ha sido el criminal más inteligente, el más efectivo, El Señor de los Cielos, Amado Carrillo Fuentes, innovó la manera de meter cocaína a México y de sacar el dinero para Colombia.

-En El juicio se mencionaron actos de corrupción que involucran a presidentes mexicanos, secretarios de Estado, autoridades militares, pero aún no pasa nada.

-Lo que se generó en la corte federal de Brooklyn es que hay un sinnúmero de pistas que el gobierno tendría la obligación de investigar, porque no se trata nada más de decir ‘se le entregó tanto dinero a García Luna’, sea mentira o sea verdad, de eso se trata, le corresponde al gobierno investigar, quién o quiénes más estuvieron detrás de eso, porque sin la corrupción no se entiende el narcotráfico. Más grave aún, que se mencione a un expresidente.

Hay un hecho que subraya ese aspecto, que Vicente Zambada Niebla, El Vicentillo, haya contado bajo juramento que personalmente fue a Los Pinos a hablar con un general para que dejara en paz los negocios de su mamá.

Ese es un trabajo pendiente que las autoridades deben hacer, porque lo del Chapo nada más es exponer en un juicio lo que ocurría, pero el narcotráfico no se acabó con la sentencia del Chapo, seguimos igual, siguen habiendo un montón de muertos, se siguen enviando drogas todos los días a Estados Unidos y además, hay algo que para mí, como reportero, me genera muchos signos de interrogación, el juez Brian Cogan en algún momento detuvo los testimonios de los testigos o de la fiscalía cuando se hablaba de la corrupción, porque decía ‘aquí no se trata de un juicio al gobierno mexicano, sino de demostrar que el Chapo era uno de los grandes traficantes de narcóticos’. No nos dejaron escuchar qué más sabe Estados Unidos sobre la corrupción.

-El Chapo ya fue juzgado, está sentenciado a cadena perpetua, pero el tráfico de drogas no se ha terminado. ¿Qué está pasando en México?

-El juicio se trataba también de un asunto mediático, lo que quería hacer Estados Unidos ya lo hizo. A Estados Unidos no les interesa detener a los capos. El objetivo de agencias como la DEA y el FBI es detener los cargamentos de droga, no agarrar a los personajes, eso es colateral. Me parece que el que los cárteles sigan operando de la misma manera expone que el Chapo era un cartucho quemado, que incluso le estorbaba ya a la operación del Cártel de Sinaloa.

-Lo primero que dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador cuando se le preguntó su opinión sobre la condena del Chapo fue “yo no quiero que nadie esté en la cárcel”. Ves por parte de su gobierno una intención, un proyecto, de verdaderamente atacar al crimen organizado.

-Sería grave que a estas alturas de gobierno, lleva ocho meses, estuviéramos desilusionados, todavía tengo fe en que pueda componer las cosas.

Siento que es una tarea muy difícil y ahí se ha equivocado López Obrador, en tener un discurso tan triunfalista, está empezando y ahora tener un sistema de seguridad con una Fiscalía general independiente, una Guardia Nacional, en reubicar una estrategia para tratar de acabar con la lastra que se acarreaba con las instituciones policiales -y que todavía está porque integran a la Guardia Nacional-, va a ser muy complicado y va a tardar muchísimos años. Debe haber una reorientación sobre cómo atacar el problema de las drogas, porque está muy claro que con la militarización quienes pagan las consecuencias es la sociedad.

López Obrador debe ser más prudente, seríamos tontos en pedirle que parara la violencia así, de entrada, no iba a ocurrir, hay muchas mañas, el narcotráfico tiene controlados muchos sectores de territorio nacional, especialmente en la frontera norte y la frontera sur, pero no hay que exigirle esto a Estados Unidos, porque no ha hecho nada en temas de contener la demanda y consumo de drogas.

-¿La legalización de drogas es una opción?

-No estoy de acuerdo con la legalización de las drogas duras, de la mariguana sí, aunque aún hay mucha ignorancia sobre los efectos que tiene la adicción a drogas duras como la heroína. El vicio del consumo de heroína no tiene solución, a menos que te rehabilites. Si eres adicto es muy grave, duele ver cómo se destruye físicamente. No estoy de acuerdo en que un gobierno legalice una droga que te va a matar.

-¿Qué pasaría si desapareciera todos los activos, las casas, mansiones, empresas, que se han comprado con dinero proveniente del crimen organizado?

-Hace muchos años, había un administrador de la DEA que se llamaba Thomas Constantine, él me dijo que si se investigaba a fondo el tema del dinero del narcotráfico, la primera de las empresas que iba a declararse en bancarrota era American Express. Me lo dijo para que entendiera que las estructuras más sólidas en Estados Unidos están también manchadas con el trasiego de drogas, es demasiado dinero.

Yo hago una broma muy cruda y digo que si a alguien en Estados Unidos se le ocurre darle una mordida a una silla de madera y dice que lo pone ‘high’, los narcos mexicanos los van a atascar de sillas de madera, porque al cliente lo que pida.

-¿En Estados Unidos no se persiguen las estructuras financieras de los narcotraficantes?

-Lo hacen a medias porque saben que se les puede venir abajo Wall Street. En mi libro Los narcos gringos dedico un capítulo al lavado de dinero en Estados Unidos y en las remesas que se envían de los migrantes hay mucho de eso. Si algún día investigara el departamento del Tesoro y en una declaración pública dijera ‘Bank of America está involucrado en el lavado de dinero’, tiras Wall Street de inmediato.

-Otro punto central del libro es la lista de testigos, muchos de ellos como Vicente Zambada, EL Vicentillo, hijo del Mayo o Dámaso López, El Licenciado, acordaron participar como testigos protegidos para disminuir sus sentencias a un máximo de diez años. Ellos entonces podrían quedar libres muy pronto, ¿no es esto grave?

Esa es la corrupción de Estados Unidos, ellos lo llaman acuerdo de cooperación, por eso es este trabajo, para que el lector mismo después de ir leyendo día a día las 38 audiencias haga su propia conclusión, primero del sistema judicial, en el que el Chapo no fue culpable hasta que se lo demostraron.

-El Vicentillo quedaría libre entonces en un par de años, con suficiente dinero.

-Con dinero, con su familia y con la protección de las autoridades gringas, que es lo peor de todo.

-Después de ser narco hay una vida en libertad.

-Para los narcos privilegiados como El Vicentillo.

-¿Te deja satisfecho el reporteo que haces del caso del juicio del Chapo?

-Satisfecho en el sentido de que traté de hacer lo que más pude, estábamos limitados, en un juicio no puedes entrar ni con grabadora ni con televisión. Intentaba tomar lo más rápido posible nota de todo lo que se estaba diciendo. Te diría que es una satisfacción en el sentido de la lección periodística, espero que los medios mexicanos no volvamos a caer en el error de dejarnos llevar por los intereses tanto políticos como económicos de las agencias de Estados Unidos, en este caso la DEA. Toda persona que lea el libro va a coincidir conmigo en que el Chapo no era el capo de capos y que con él preso o muerto no se iba a acabar el problema que estamos viviendo.

 

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