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Por pintas y grafitis, registra daños el Centro Histórico de Oaxaca

La ley prevé multas de 300 salarios mínimos y hasta seis años de prisión al que realice pintas sin consentimiento

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El sonido de un flash advierte la toma de una fotografía; un hombre y una mujer, de rasgos caucásicos posan mientras un tercero los capta, la toma fue perfecta, con las verdes canteras que forman el edificio de la Biblioteca Pública Central de Oaxaca, de no ser por un detalle. En el fondo de la gráfica se observan pintas, son letras indescifrables que dejaron como recuerdo los participantes de la última manifestación que son más que frecuentes por el transitado corredor turístico oaxaqueño.

A pesar de que el Código Penal del Estado de Oaxaca advierte que a la persona que sea sorprendida realizando pintas en dominio público o privado sin permiso, se le multará y podrá alcanzar prisión. Sin embargo en el Centro Histórico y en toda la ciudad de Oaxaca las pintas en los edificios públicos y privados abundan.

“Al que por cualquier sustancia o medio, realice inscripciones, dibujos, manchas, signos, símbolos, códigos, mensajes, figuras y pintas de todo tipo que alteren o modifiquen la forma original del bien mueble o inmueble de dominio público o privado, sin consentimiento del propietario o del representante legal o de quien legalmente posea la cosa, se le impondrá además de la reparación del daño, multa de treinta a trescientos días de salario mínimo vigente o prisión de seis meses a tres años”, indica el artículo 388 BIS del Código Penal oaxaqueño.

El documento agrega que si el daño se cometiere sobre lienzos, pinturas, murales o cualquier material de difícil o imposible reparación; así como de bienes o monumentos considerados con un valor cultural, histórico, arquitectónico o científico, declarado por autoridad, se sancionará además de la reparación del daño, con multa de cincuenta a quinientos días de salario mínimo vigente o pena privativa de libertad de dos años a seis años.

Y en caso de reincidencia, la pena se le incrementará hasta un cincuenta por ciento de la que se le haya impuesto en la primera ocasión. Cuando el daño se cometa en bienes de dominio privado, este delito se perseguirá de oficio.

La sociedad debe tomar conciencia

“Es la conciencia, mientras más conozcamos nuestra historia, lo que somos y como ha costado construir esta ciudad, se podrá apreciar. Yo les invito a que vengan acá porque hay muchos libros para que tomen conciencia y aprecien lo que tenemos, pues es un tesoro invaluable; viene gente de todo el mundo para conocerlo”, afirma Guillermo Rangel Rojas, director de la Biblioteca Pública Central de Oaxaca cuestionado sobre las pintas en edificios públicos.

Y es que el edificio que alberga a la Biblioteca Central de Oaxaca ha sido severamente afectado en los últimos años por las pintas y grafitis, los cuales abundan en la fachada que da a la calle de Morelos.

“Hace dos años hicieron unas pintas muy fuertes sobre el Andador Turístico y con apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) vinieron unas personas y lo pudieron quitar”, destaca Rangel Rojas, “últimamente se han hecho sobre la calle de Morelos muchas pintas y lo que han hecho es pintar de verde la cantera, con el objetivo de ocultarlas, pero pues realmente no ayuda mucho”.

El director de la Biblioteca Central de Oaxaca señala que la cantera tiene cierta porosidad para que el aire pueda entrar y con las pinturas que ponen encima de otra provoca que se caiga a pedazos.
“Hay varias leyes y reglamentos que están tipificados como delitos, sin embargo es muy difícil que en una manifestación pues alguien detenga a alguno de los que pintan. La policía se ve rebasada y no se puede hacer nada”, detalló Rangel Rojas mientras señalaba las pintas.

Aprovechó además para que visiten la biblioteca, pues ofrece servicios para todos los gustos y necesidades, tiene sala para débiles visuales, sala infantil, de asuntos oaxaqueños y muchas otras cosas más.

 

Un gasto para los particulares

Las pintas y grafitis son comunes en todo el Centro Histórico y los manifestantes y vándalos que se dedican a realizarlos no respetan si las paredes en donde pintan son públicos y privados, pero en los negocios, ante la mala imagen, lo arreglan con sus recursos.

Como es el caso de la Mano Mágica, ubicado en el corazón del Andador Turístico, donde las constantes manifestaciones obligan a los encargados a desembolsar recursos de más de dos mil pesos por cada vez que ensucian su fachada.

“Como negocio particular lo que ha pasado es que hemos invertido dinero para arreglar nuestra fachada, no recibimos nada del municipio ni nada”, indicó Gabriel Mendoza, encargado de la Mano Mágica, “en la marcha de hace un mes, pintaron de nuevo. No deja de ser mi fachada y se ve mal, por lo que tuve que despintarlo, nadie más lo hace”.

El gasto que conlleva, desde el permiso, la pintura, el sellador y la mano de obra alcanza hasta dos mil pesos.

Por su parte, Rosario Martínez, quien también tiene un negocio en esta zona de la ciudad que se encuentra adornado con estas pintas, recriminó tanto al gobierno municipal como al estatal, ya que en el último tequio que realizaron, presumieron que pintaron las fachadas, cuando el de su negocio, solo pasaron, vieron y se fueron.

 

Gráfica urbana, un arte que necesita tolerancia

 

Sólo al entrar, la estampa de un joven encapuchado, con una cerveza en la mano y el rostro cubierto, se dispone a lanzar una roca; es la imagen que adorna el taller del Colectivo La Piztola, ubicado en la colonia Reforma, de la ciudad de Oaxaca.

Aquí, mientras la música se oye de fondo, Roberto imprime las imágenes creadas por él y sus amigos en las playeras que los asistentes llevan a la convivencia que organizaron los cinco integrantes del colectivo.

“Estamos imprimiendo las playeras en serigrafía, lo que hacemos en el evento es invitar a la gente que traiga sus playeras para que se impriman”, dice Roberto, quien hace apenas hace unas cuantas semanas fue a Roma, Italia, para pintar un mural “el objetivo es acercar a la gente al taller y realizar una convivencia, hay mucha gente que no sabe cómo se imprimen las camisetas”.

El ambiente en el taller es agradable y relajado mientras el artista reconocido a nivel nacional e internacional, recuerda la fundación del Colectivo La Piztola, “me ha dado todo nos dedicamos al trabajo completamente y lo disfrutamos”.

Aunque saben que el dinero no llega a montones buscan la forma de sobrevivir, pues aman el arte urbano: los murales y la serigrafía, son parte de su vida, son su forma de vida.

 

Expresarse es el objetivo

Con diferentes funciones, pero siempre apoyando, Renata, Alex, Diego, Roberto y Rosario, conforman el Colectivo La Piztola, quienes mediante la gráfica urbana buscan expresar y dar voz a los problemas sociales.

“Lo que hacemos nosotros es principalmente esténcil y serigrafía, nuestro trabajo está basado en movimientos sociales, cuestiones populares”, explica Rosario, “llevamos casi 13 años trabajando, empezamos en el 2006 en el conflicto social que se generó en Oaxaca y en el taller somos cinco: Renata, Alex, Diego, Roberto y yo”.

Con las cervezas, los tacos o simplemente observando el trabajo que se ha realizado a través de los años, los asistentes a la convivencia muestran su interés y admiración por el trabajo que realiza el colectivo.

El trabajo que realizan es muy variado y en lugares tan remotos o tan cercanos, en Ocotlán por ejemplo, tienen programado crear un mural en el mercado, mientras que apenas hace algunas semanas, Roberto pintó en San Diego, Estados Unidos y Roma, Italia.

“Es cuestión de mantenerse, porque no es algo independiente, es un subsidio que uno mismo se va buscando”, destaca Rosario, “es algo que nos satisface porque sabemos que no es algo en lo que te puedas volver rico”.

 

Hacen falta estudios sobre el arte urbano

Sabedores que en Oaxaca se puede alcanzar hasta seis años por realizar pintas sin permiso, también son conscientes de que se debe alcanzar un equilibrio, como se ha hecho en otras partes del mundo, y pusieron como ejemplo Valparaíso, en Chile, en donde se puede pintar, a pesar de ser una ciudad patrimonio.

“Acá hace falta un poco más de estudio sobre este caso, yo pienso que se han hecho cosas que ofenden más la cuestión del patrimonio, como aceptar tiendas OXXO que se ven más feas que un mural o cortar árboles que son atractivos y que ya no se pueden reponer”, afirma Rosario.

Para la artista, la investigación a fondo haría posible una conciliación entre los involucrados en el arte urbano, las autoridades y los particulares, y con eso existirían muchos más murales y tendrían más vista muchos lugares que hasta están en obra negra.

“Como todo artista urbano hemos tenido alguna problemática con la autoridad, pero es una cuestión de mediación y educación, la gente de repente piensa que lo que haces es una transgresión total y hay veces que lo único que quieres es dar un mensaje”, dice la integrante del Colectivo La Piztola

 

La vida cuesta atreverse a pintar

Rosario ha escuchado de jóvenes que se han estado en la cárcel por realizar pintas en Oaxaca, pero eso es lo de menos, pues en el país se han registrado casos de asesinatos, en su mayoría de menores de edad, quienes tuvieron la osadía de pintar una pared.

“Deja tú los seis años de cárcel, en Puebla, en Chiapas y en Guadalajara se han dado casos de asesinatos por grafitear y uno de ellos ni siquiera lo hizo con lata, lo hizo con gis ¡imagínate! matar a alguien por este tipo de expresión, se me hace muy radical”, destaca Rosario.

El taller del colectivo luce cada vez más lleno mientras avanza la entrevista, lo que roba sonrisas a los integrantes del colectivo, quienes cada uno tiene una función específica dentro de la organización del evento, como dentro del colectivo mismo.

“La cantera se puede limpiar pero se daña muy fácil, entonces, nosotros por la técnica que hacemos no lo hacemos en cantera”, dice Rosario cuestionada respecto a las pintas realizadas en las manifestaciones, “tenemos en el colectivo un trabajo diferente, trabajamos con la gente, aunque también hay momentos de enojo que no lo puedes controlar”.

 

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