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Voceadores oaxaqueños sobreviven a pesar del avance tecnológico

El voceador añora los buenos tiempos, cuando los periódicos se vendían como pan caliente y en unas cuantas cuadras de recorrido, ahora, tiene que caminar por toda la ciudad y apenas logra terminarlos.

Voceadores oaxaqueños sobreviven a pesar del avance tecnológico | El Imparcial de Oaxaca

TEXTO: Miguel Ángel Maya Alonso
FOTOS: Adrían Gaytán

Han pasado 44 años desde que Rafael tomó su primer paquete de 10 periódicos y salió a las calles de Oaxaca, fue su debut como voceador. Sin saber leer ni escribir y sin saber hablar español, pues las palabras que su boca pronunciaba eran en chinanteco.

Tenía 15 años cuando llegó a la ciudad de Oaxaca, primero trabajó como mozo, en donde nunca recibió un sueldo más que las comidas, la ropa y un nombre, “me llevaron a registrar y bautizar, me enseñaron lo que es Dios”.

A sus 60 a Rafael Martínez Rodríguez aún le cuesta pronunciar las palabras castellanas con fluidez. Sin embargo, la timidez no forma parte de él, mientras sus manos acomodan los periódicos que venderá hoy, relata su historia.

“Nací en Suchiápam, pueblo que no están en mis recuerdos; me registraron hasta cuando llegué a Oaxaca, eso con la ayuda de mis patrones”, con una sonrisa, las memorias fluyen, “mi jefa es la que trabajaba en el campo para darnos de comer en un pueblo que se llama San José, en la Cuenca del Papaloápam”.

Aún no amanece y los compañeros de Rafael lo escuchan atentos, aunque escondidos tras la puerta que da a la calle, en las instalaciones de El IMPARCIAL en la calle de Armenta y López.

“Me dedico a vender periódicos, comencé a finales de 1975”, cuenta Rafael que no olvida cómo fue el primer día en el trabajo que nunca más abandonaría, “inicié vendiendo 10 diarios, pero no sabía cómo estaba el movimiento, pues hablaba chinanteco y no sabía español”.

Los primeros años fueron complicados, pero Rafael supo contrarrestarlo con el humor que lo caracteriza, “muchos compañeros se burlaban de mí porque no sabía hablar español, me decían el lalala, por que anunciaba los diarios como: la Imparcial, la Gráfico, la Cárteles, etcétera”, relata.

De venderse como pan caliente a casi nada

El voceador añora los buenos tiempos, cuando los periódicos se vendían como pan caliente y en unas cuantas cuadras de recorrido, ahora, tiene que caminar por toda la ciudad y apenas logra terminarlos.

“Antes vendía 500 periódicos diarios, ahora sólo me llevo 50. El internet es el principal culpable de que no vendamos”, la risa se desvanece del rostro moreno de Rafael mientras habla, “los clientes nos dicen cuando les ofrecemos los periódicos que ya leyeron la noticia en el teléfono y resaltan que incluso no trae la información completa”.

El veterano voceador muestra su preocupación pues piensa que debido a su edad no podrá encontrar otro empleo si los periódicos dejan de circular, “los que compran el periódico son las personas mayores de 60 años en adelante, los jóvenes sólo están pegados en el celular”, dice Rafael.

Piensa y recuerda lo que ha pasado con familias enteras que antes eran voceadores, a algunos todavía los ve, como taxistas y comerciantes, “muchos voceadores han desertado por lo mismo, ya no les conviene vender porque se venden muy pocos ejemplares”.

“Así como vamos el periódico impreso va a desaparecer, porque yo vendo en los comedores, en las estéticas y en los lavautos y veo que los clientes no le hacen caso a los diarios, sólo están con el teléfono”, rememora el voceador.

Un trabajo riesgoso

El trabajo de voceador le da poco más de 200 pesos diarios, lo que le alcanza para comer y vestir, pero no para emergencias, pues cuando se enferma o algunos de sus familiares, tiene que pedir préstamos para subsanar los gastos de salud.

“El trabajo de vocero es peligroso, a mí por ejemplo me han atropellado; en 1995 casi pierdo la pierna”, pero las desgracias no vienen solas y Rafael lo sabe a ciencia cierta, “cuando me accidenté en la moto, mi exmujer se fue con otro, con el que era mi chalán”.

El voceador señala que ya no tiene hijos pequeños, por lo que es un desahogo para él, ya que no cuenta con prestaciones ni ningún tipo de seguro de vida o social.

Una vida dedicada a los periódicos

Soledad no ha ganado ningún premio de periodismo ni nadie le ha dado algún reconocimiento, pero le ha otorgado su vida a los periódicos. Los años le pesan, se nota en su caminar encorvado, pero eso no la detiene, todas las mañanas sale a vender periódicos para sobrevivir.

“Ya tengo más de 40 años vendiendo periódicos”, dice Soledad López Cortés, mientras su pelo cano contrasta con la oscuridad de la mañana, “me invitaron unas compañeras”, destaca la anciana recordando sus años mozos, “hace ya tanto tiempo”.