Un futuro truncado en Yucuná, Oaxaca
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Un futuro truncado en Yucuná, Oaxaca

En esta comunidad perteneciente a la Mixteca cala el frío y se agudiza con la pobreza que está presente en cada rincón

Un futuro truncado en Yucuná, Oaxaca | El Imparcial de Oaxaca

Yucuná tiene:

2

agencias

2

rancherías

RECURSOS QUE PERCIBE:

2

millones 100 mil pesos del ramo 28

99%

de sus habitantes viven en pobreza extrema

10

de los 15 municipios más pobres están en Oaxaca

Los rostros inocentes de niños y niñas visten las calles de este pueblo considerado el más pobre del país, en donde el 99.9 por ciento de su gente vive en pobreza extrema y no tiene acceso a los servicios básicos.

El futuro de Maira, Jesús y Javier es incierto, aunque pueden presumir de su buena suerte pues a su edad no han sido vendidos o casados –según lo dictan las costumbres de la comunidad-, sin embargo, algunas mujeres de Yucuná aseguraron que esa práctica ya no se da.

Pasa el medio día y sobre la calle principal, la única que está pavimentada, están varios niños los pequeños comiendo y platicando. Su inocencia es evidente, su conversación gira en torno a la velocidad con que se comen un yogurt, todo lo dicen en mixteco, lengua natal que aprendieron de sus abuelos.

El sol no arropa, el frío hace mella en las mejillas y va mostrando sus naricitas rojas. En este pueblo cuya cabecera distrital es Huajuapan de León, también cala el frío, pero es más soportable que la falta de oportunidades de trabajo la nula atención médica y la escasez de agua que preocupa a los adultos.

La autoridad municipal y los pobladores se preguntan qué futuro darán a los menores quienes carecen de vivienda digna y una alimentación adecuada, así como un medio de transporte que les permita llegar a la escuela.

Yucuná, situado a poco más de una hora y media de Huajuapan, sobre la carretera que conduce a Mariscala de Juárez, sin embargo la vía luce abandonada. Por aquí sólo han pasado los funcionarios después de que supieron que era el municipio más pobre del país, acudieron para llevar unidades móviles, se tomaron la foto y después todo siguió igual en esta comunidad.

Desde ese día la ayuda no ha regresado, se quejó el presidente municipal, Alberto Adelfo Martínez Estrada.

La infancia que se refugia entre techos de lámina y paredes de carrizo enfrenta las inclemencias del tiempo, se encuentra viviendo en medio de la pobreza extrema, sin agua potable, drenaje, algunos sin energía eléctrica y sin medio de transporte ante cualquier emergencia.

Maira viste pantaloncito de algodón, sobre de él lleva un vestido, acaba de salir del preescolar y espera a sus padres en la esquina. Los niños ven venir una unidad de motor y se refugian, mientras observan fijamente.

Vender chicles y dulces en la capital del país, una opción

En la casa de César Martínez hay un cuarto de concreto, otro de abobe y uno más construido con palos y láminas. Gracias al esfuerzo que ha hecho al ir por temporadas a la Ciudad de México a trabajar, ahora sus dos hijos duermen ya en condiciones un poco más humanas.

“De que tenga uno dinero acá, no. Me voy entre uno o dos meses a trabajar vendiendo chicles, botanas y juntamos unos 3 mil pesos para regresarnos y estar en nuestro pueblo”, contó.

Juan Diego su hijo de poco más de un año, anda en el patio, se entretiene con un carrito de juguete desgastado por el tiempo.

“Para ellos hago lo más que se pueda y quiero que estudien. La vida de nosotros es difícil. Estando en el pueblo, no hay trabajo”, dijo con la voz entrecortada mientras observaba a su niño jugar.

A su otro hijo que asiste al preescolar, le aconseja estudiar y echarle ganas para poder tener un menor futuro.

“Aquí en el pueblo nos ayudamos para la construcción de la casa de nuestros vecinos. Nos empleamos como peones, maestro albañil, sin cobro y nos damos una comida”, contó.

Mientras César contaba parte de su historia, su esposa estaba a metros de distancia alimentando al burro y a un par de marranos que tiene en crianza, para después venderlos.

César es muy joven aún, tiene 32 años y desde pequeño aprendió a emigrar, sin olvidar que su corazón se queda en Yucuná y que debe regresar a la fiesta patronal que se celebra el 6 de enero.

Hace unos días, Juan Diego enfermó por el frío; se le complicó a la familia darle atención rápida, pues en la clínica no hay médicos los sábados y domingos, tampoco tienen lo elemental.

A la población con al menos mil 700 habitantes la atiende un médico pasante y dos enfermeras, sin embargo, la autoridad municipal ha solicitado insistentemente que los Servicios de Salud de Oaxaca (SSO) les envíen a un profesionista de tiempo completo.

“Nos preocupa la falta de agua”

A las múltiples carencias que tienen diariamente se suma la falta del vital líquido.

El presidente municipal, Alberto Adelfo Martínez, aseguró que tiene muchas necesidades, pero hay algo que le preocupa más, es la falta de agua. En estos días que no hay sequía, reciben una vez por semana el líquido y temen que cuando llegue la época crítica, será mucho peor.

Nos urge una represa, dice respaldado por sus regidores, quienes esperan que el gobernador Alejandro Murat les dé una audiencia y así poder darle a conocer sus necesidades.

“No exijo que nos respondan en todas nuestras necesidades, pero sí en algo que nos saque del rezago en el que estamos”.

“Le estamos hablando al gobernador con el corazón, los niños y niñas del pueblo requieren de escuelas dignas, de acceso a medicinas, a un doctor, pero no tenemos”, abundó.

Y es que el preescolar Narciso Mendoza, tiene la barda perimetral destruida; se hundió con el sismo del 19 de septiembre y pese a los trámites, la obra sigue abandonada.

En esas condiciones de riesgo estudian aproximadamente 40 alumnos.

 

 

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